sábado, 31 de diciembre de 2016

Angelus Wings VICTIM | Cap. 01 - Familia

1

F a m i l  i a

5:35 a. m. BIRMINGHAM, REINO UNIDO.
Me levanté casi deshecha, el horror volvía a ocupar mi cuerpo llevándolo casi al límite de la locura. Día a día siempre era lo mismo, lidiar con seres y situaciones tan irrelevantes. Vivir la vida de un humano, era simplemente repugnante. La belleza física siempre nos ha acompañado aún antes de venir al mundo humano, esta apariencia siempre los ha hipnotizado, al observarnos ven perfección, te ven siempre hacia arriba y asumen que al juzgar tu exterior, tu vida va acorde a tu apariencia. Irónicamente, seres tan “perfectos” ocultan una realidad maldita detrás de unos ojos grandes y bonitos acompañados de una falsa sonrisa. Ni el ser más perfecto, posee una vida perfecta, pero es algo que muchos humanos ignoran, solo se encandilan con la destellante luz y no son capaces de ver la oscuridad que la rodea.  
Intenté con pesar de alzar mis cansados párpados y los rocé intentando mejorar mi visión… recorrí la vista por el buró de lado a lado en busca del despertador marcando las cinco treinta y cinco de la madrugada  y debía levantarme, regrese la mirada hacia el balcón de mi habitación y la oscura noche aún cubría cada rincón. Observé mi piel pálida y tersa tal cual porcelana, aún se podían ver esas sombras en ella, me moví con lentitud, cuidaba de no esforzar mucho mi cuerpo para llegar al tocador, pequeños dolores aún atacaban puntos específicos al pisar, me cepille ese embarañado cabello negro que colgaba por mis mejillas, una mueca de dolor se reflejaba en mi rostro con cada duro tirón por intentar tocarlo si quiera, ya casi no dolía. Me levante con precaución y me coloqué cuidadosamente el vestido, el mismo contacto con mi piel era insoportable pero me adaptaría, el dolor se iría para mañana. Me dirigí nuevamente al tocador…
Rozé con las llemas de mis dedos aquellas sombras en mi pálida piel del rostro. Tomé el maquillaje y comencé a difuminar aquellas sombras distribuídas por mi cuerpo, coloqué rubor y un labial rosado. Miré aquel magnífico rostro que enmudecía a los humanos, tan gélida como solía ser siempre pero solo una parte de mí cobraba vida cuando me encontraba a solas, aquellos “los celestiales”… como el pueblo europeo solía referirse a mis ojos, literalmente cobraban vida cuando me observaba a mí misma en el espejo, era como ver mis más grandes ambiciones reflejadas en ellos… El derecho ámbar como si aprisionara el mismo sol, el izquiero con una sombra violácea que justo antes de tocar el iris, se difuminaba a su alrededor el resto del color ámbar impidiendo el paso al violeta… una curva se difundió al extremo derecho de mi rostro, sonreía; podía ver mis ambiciones hechas realidad, como una psicópata imaginando sus planes en marcha.
Me dirigí a las escaleras, las baje poco a poco con tal delicadeza como si se tratara de una bailarina en puntillas, cuando sentí como una mirada pesada me observaba. Mis hermanos mayores, Edmund y Leonard esperaban por mi escaleras abajo, justo en el vestíbulo, siempre tan molestos, como humanos típicamente no les importaba si quiera que este extraño ser tan brillante hubiera condenado a esta familia, no habían cambiado en absoluto su posición, me adoraban tal cual Dios. Idénticos, tenían cierta fijación en mí no solo por mí linda cara, sino por que era la única que podía diferenciarlos, ni siquiera nuestros padres fueron capaces de diferenciarlos, eran una copia exacta una del otro.
− ¡Buenos Días! – Saludaron entusiastas.
− Buenos Días Edmund, Leonard – saludé con voz gélida.
− ¿Estás lista? – pregunto Leonard con ánimo.
− De no ser así, no estaría aquí parada. – respondí con sarcasmo. Edmond soltó una carcajada, mientras Leonard sonreía cabizbajo.
Hubo un pequeño momento de total silencio en el vestíbulo. Lo sabía. Sabía lo que pasaba por sus mentes aunque no me lo dijeran me lo mostraban sus ojos. Ellos seguramente están pensando en lo ocurrido el día anterior, recordaron aquel duro enfrentamiento con nuestro padre el Señor Rainath. Cuando me alcé para mirarlos de frente.
− ¡Mírenme bien!− reclamé tal cual una bomba de pronto y clavándoles una mirada furiosa. Su reacción fue inmediata, pero aún así simplemente me veían con lástima. − ¡Dejen de verme así! ¡No soy ninguna discpacitada como para que me dirigan esas miradas llenas de lástima! – grité enfurecida.
Sus ojos desorbitados me miraron asustados como si temieran que al decir algo me destruyera como si fuera una delicada muñeca a la cual pudiesen romper con solo una palabra.
− Estoy bien. Estoy… bien. – Agaché la cabeza inconscientemente y con voz temblorosa.
− Nizad…. – mencionó Leonard con voz queda.
− Nosotros no… − completó con un hilo de voz y confusa Edmund sin saber que decir.
− Aborresco… la manera en que me miran…− susurré con ira, un nudo en mi garganta y la cabeza abajo.
Todos los humanos reaccionan de la misma manera ante un ser tan “dotado de hermosura” desean protegerlo, desean que perdure, me producía tanta repulsión… Y mis hermanos, lo que reflejaban sus miradas era culpa,  preocupación, y una mirada rabiosa y distante que solo se asomaba con solo mencionar a nuestro padre. En cuanto volvió el silencio no lo pensé dos veces y salí corriendo del vestíbulo hacia la salida, me había vuelto una caprichosa ¿Quién puede culparme? Ellos me convirtieron en esto, nunca los he visto decepcionados u enfadados conmigo, jamás me han gritado, ni maldecido y eso era lo que más me irritaba, podía insultarlos y jamás me responderían de vuelta, me sentía tan frustrada que solo podía descargarme golpeando algo, me hacían sentir como si no existiera... como si no fuese capaz de sentir odio y rabia… ¿cómo podía algo tan hermoso y perfecto ser capaz de poseer tan viles sentimientos por su prójimo? No tiene nada que envidiar a nadie, posee tanto como cualquiera deseara poseer.
− ¡Nizad! ¡Espera! – desde lejos pude escuchar la voz de Leonard.
Me adentré hasta el jardín de mi madre, aquel jardín casi inexistente ahora, mi padre había cercado aquel jardín desde el momento en que ella dejó de existir, prohibiendo a todos su paso. No lo pensé dos veces y entre a escondidas como usualmente lo hacía cuando me era posible, apenas comenzaba a salir el sol y yo seguía admirando las pocas flores que aún se asomaban. No pasó mucho tiempo para que los recuerdos retumbaran en mi mente, mis padres siempre habían sido amantes de la naturaleza era algo natural para seres como nosotros, siempre que le era posible nos llevaba a los gemelos y a mí a aquel santuario, nos enseñó a cuidar de todo ser vivo, inclusive del más minúsculo aunque no compartía mucha empatía por los insectos o arácnidos, lo cierto era que los detestaba, sin embargo había uno que me fascinaba… las mariposas. Mi madre lo sabía, decía que las mariposas eran seres interesantes, cada uno de sus colores y  formas las identificaban, aunque a simple vista se parecieran todas eran distintas y que era lo mismo con las personas humanas e inclusive con seres como nosotros, que no nacen con una personalidad definida, todos nacemos con codicia por lo material, pero al igual que el cuerpo humano se desarrolla la personalidad y los sentimientos es algo que crece en el interior de cada uno, por eso dependiendo de cada  persona, tienen una forma distinta, no todos los humanos son buenos, generosos o amables hay humanos que son avaros, codiciosos, llenos de sentimientos de odio y que crecen según los giros de la vida de cada uno y eso nos hacen distinguir unos con otros y aunque algunos incluso seamos polos completamente opuestos, siempre habrá algo que nos acerque unos a otros, e incluso que con las mismas diferencias es posible aprender de una persona a otra. Aún cuando mi madre me hablara de sentimientos eso era algo incomprensible para mí, el ser una niña de solo tres años de edad no era el impedimento al contrario entendía a la perfección sus palabras pero no entendía su significado, los seres como yo a los tres años poseían la inteligencia de un niño humano promedio de diez.
Me senté un momento en aquel columpio bajo al  sauce llorón de mi madre, la desesperación y la asfixia me consumían, solo tenía trece años y podía sentir como me rompía en pedazos, la soledad me acompañaba día tras día, era como si los días se repitiesen justo como el anterior, la rutina no desaparecía, vivir como humano era ser parte del “círculo”, parecía no tener fin, todo era tan estático que cuando sentía que esta desesperación me consumía lo único que podía liberarme era golpear algo y hacerme daño a mí misma y aún así no sentía nada. Liberaba mi frustración siempre cada vez que tenía la oportunidad, constantemente tenía marcas en los nudillos de las manos, y una vez que liberaba ese peso era como empezar de nuevo. Me dirigí nuevamente a la entrada para subir al auto con el chofer, quien esperaba pacientemente por mí.
Contemplaba por la ventana del auto el paisaje de la ciudad de Birmingham. Había nacido en Viena, y me habían criado toda mi vida en Birmingham por lo que no me familiaricé mucho con el país que me vió nacer, junto a los gemelos Leonard y Edmund, fuimos criados por institutrices, nanas y sirvientas hasta que mi madre decidió que pasaría más tiempo con sus hijos, los gemelos comenzaban a presentar problemas fuertes a donde quiera que iban, maestros, escuelas, compañeros de clase, adultos en general, se habían convertido en los típicos hijos problemáticos y mi madre comprendió que debía pasar más tiempo con nosotros.  
Mi madre era la hija menor de cuatro hermanos e hijos del famoso empresario Español Erwann Bayona, pertenecía a una familia de élite con un padre muy estricto. Mi madre siempre estuvo fuera del país la mayor parte del tiempo y mi padre al ser uno de los hombres más influyentes de Europa se les hacía casi imposible para ambos criarnos así que tuvimos nanas e institutrices. Mi madre se cuestinó sus capacidades de madre, así que decidió trabajar en casa para convivir y criar a sus hijos como debía, el abuelo no estaba feliz pero reconoció que aunque los negocios eran prioridad, jamás se debía dejar a la familia en segundo plano, por lo tanto le encargó un último trabajo en el extranjero, levantar la compañía de Seúl en un plazo de tres años. Mi madre siempre fue la más hábil de sus hermanos después del tío Harry en lo que negocios se refería. Halia, mi madre, debía mudarse a Seúl por tres años pero no quería separarse nuevamente de sus hijos así que decidió llevarnos con ella, pero mi padre se opuso a que se llevara a los gemelos por tanto tiempo ya que ellos heredarían su empresa, así que le propuso llevárselos solo por un año y entonces debían volver a Inglaterra, ella aceptó.
Nunca me sentí tan aliviada, los gemelos eran mis hermanos mayores pero los sentía como dos extraños, eran humanos y en el fondo los aborrecía, su sobreprotección y apego tan desquiciadamente enfermizo era típico en todos los humanos a seres como yo, lamentablemente tenía a los hermanos mayores más irritantes. Nunca me cuestioné esta sensación de desprecio hacia ellos, el insípido papel de humana era sofocante.
− Señorita Nizad, Ya estamos aquí. El Señor Eugene la espera. – repitió el chofer.
− Gracias. – respondí, mientras dejaba que Blair, mi contraparte resurgiera antes de encontrarme con Eugene, mi representante como figura pública y amigo cercano a mi padre durante su juventud.
− ¡Buenos días, Blair!
− Buenos Días, Eugene. − saludé amablemente.
Se le veía tranquilo como siempre, Eugene era un tipo de carácter apacible, siempre vestía formal y muy profesional pero con un toque juvenil (con traje formal pero algo desarreglado) y unas lindas gafas que lo hacían lucir intelectual pero moderno, además de ser más joven que mi padre contando con treinta y dos años y conservándose aún en el cuerpo de un joven universitario con un aspecto no muy corpulento pero atractivo.
Nos encaminamos al estudio,
− Buenos días Señorita Hamid, Señor Eugene.
− Buenos días. − respondí cortante.
− ¡Buenos días Daya! − respondió Eugene junto a una sonrisa.
Nos dirigimos hacia el ascensor marcamos el número de piso correspondiente, espere un momento apacible en aquel ascensor volviendo a mí los recuerdos de dos días atrás cuando hice una vez más que mi familia se desmoronara, me sentía tan mal que me propuse grabar hoy a la perfección por mi madre, cuando de pronto timbró el asensor señalando que habíamos llegado al piso indicado. Me dirigí inmediatamente al estudio de grabación junto a Eugene.
Cuando capte que la atmósfera comenzaba a tornarse algo frío y triste, fue entonces que cuando me regrese a mirar a Eugene, éste se encontraba parado sin dar un paso viéndome fijamente.
− Blair ¿En verdad, te sientes mejor?
− Eugene, mi sentir no ha cambiado en mucho tiempo, lo sabes, pero el trabajo llama − respondí, mientras regresaba mi mirada al frente, recordando aquellas escenas del pasado tan dolorosas.
−  Podrías contarme tu sentir... y tal vez podría lograr cambiar eso…
− Si puedes hacerme volver a donde pertenezco, sería perfecto… − respondí hechando una mirada al techo.
− Blair, sólo deseo que estés bien, y si aún no te sientes bien como para confiar en mí, yo lo respeto pero, estaré aquí siempre que lo necesites − dijo firmemente sosteniéndome la mirada con dulzura.
− Pierdes tu tiempo querido Eugene.
Una vez terminada aquella conversación proseguimos sin decir palabra alguna hasta llegar a la cabina de grabación.
− ¡Blair Hamid! Llegaste temprano, comencemos. – saludó Rafael, el productor.
Me encamine a la sala de grabaciones, me acomode en mi respectivo lugar y de inmediato comenzamos a grabar, aunque como cualquier otra cantante profesional tuve ciertos problemas para proyectar un poco mi voz puesto que una debe poner sus sentimientos en cada una de las canciones que tiene una que interpretar y me resultaba un poco difícil aunque suene un poco extraño nunca e grabado canciones que hablen de amor jamás aunque una sola vez me había decidido a probarlo, debo decir que no salió como lo planee es por eso que decidí no grabar ninguna en la que hablase de amores mágicos mas que de amistad, familia o sobre algunos de mis gustos. Finalmente me encontraba dentro de la cabina de grabación en donde esperaba pacientemente que la música comenzara. Escuche silenciosamente la melodía de mi canción, tan apacible y a la vez tan dura; despertaba en mi una sensación de misterio y gusto, tal y como eran mis canciones ese toque especial que tanto me encantaban canté con todas mis ganas con un gusto inigualable que me llenaba siempre al cantar mis canciones me sentía tan segura y confiada.
Del otro lado de la cabina en donde se encontraba Eugene me dirigía una mirada preocupada pero, vi como comenzó a hablar muy misterioso con los productores pero nunca distrayéndome, puesto que me lo tomaba todo muy enserio. Hubo un momento en el que me preguntaba de que tanto hablaba pero después pude percibir lo que decía aún al otro leyendo sus labios:
Rafael − Canta con mucha energía y con ese sentimiento siempre en sus canciones.
Eugene − Si, es una chica sorprendente aún con sus trece años de vida siempre me ha sabido sorprender con todo lo que hace siempre supera lo excelente.
Rafael − Si, sin duda es una chica talentosa.
Eugene − Si, aunque me preocupa muchas veces.
Rafael − ¿Te refieres a que es muy enfermiza?
Eugene Si, nadie, ni siquiera yo, la conozco en su totalidad y muchas veces no se ni que pasa por su mente.
Eso fue lo único que pude captar y proseguí con mi trabajo, noté que siguió una conversación aún mas larga pero no pude captarla.
La grabación de las últimas canciones para mi segundo álbum en inglés que se lanzaría en todo el mundo estaba casi completamente terminado. Mi última canción tuvo un cierre excelente y me sentí completamente bien una vez de que le di fin. Aunque eso no era todo, estaba por firmar unos contratos en Nueva York, aunque sólo era una niña, era una  niña demasiado ocupada, siempre se trataba de poder aprovechar la maldición con la que había nacido y compensar a mi padre, aunque nunca le importara lo que hiciera, solía ser padre más amoroso  pero no lo culpo, arruine su vida... desearía poder olvidarlo.
Una vez que finalice aquella grabación, tuve que salir casi de inmediato al percatarme de que ya era muy tarde, seguramente John ya estaría esperándome. Partimos directo hacia la salida lo más rápido posible, puesto que ya había hecho esperar a John como una hora de más, cuando nos dirigimos hacia el ascensor me puse a pensar que aunque lo mejor para mi siempre había sido cantar, ahora... todo ha cambiado, no lo hago porque me guste del todo, ahora todo cambio, ahora ya no lo disfrutaba, ahora sólo hacia mi mayor esfuerzo por complacer a mi padre, siempre... compensarlo, aunque por mas que trate parece nunca ser suficiente. Desperté de nuevo después de pensar en aquello, reaccione y camine una vez más hacia la salida con Eugene, se había hecho de tarde pero no se lograba ver el crepúsculo debido a que se encontraba nublado y estaba por llover.
− Señorita Blair, Señor Eugene.
− ¡Hola John! perdona por haberte dejado esperando tanto. Buenas Noches, John. – se disculpó Eugene.
− No se preocupe Señor.
En ese momento rodee la camioneta para subir algunas de mis cosas en la cajuela, lo cual me hizo retrasarme un poco fue entonces que percibí una “conversación” entre John y Eugene.
− John, muchas gracias por cuidar de Blair Hamid en mi ausencia no tengo como agradecerte − Dijo Eugene en un tono entristecido.
− No se preocupe Señor Eugene, le agradezco igualmente después de todo la señorita no se ha recuperado y me preocupa igual, el Señor Rainath no ha sabido comprender los sentimientos de la señorita se ha encerrado en sus propios sentimientos egoístas.
− Si, nunca vi a Johan tan deprimido y alejado de los demás sin duda fue un gran shock y….
− Bueno ¿nos vamos John? – interrumpí con brusquedad.
− ¡Claro señorita!
− Bueno, creo que es hora de irnos. Blair Hamid nos vemos mañana en el aeropuerto ¿bien? ¿Les avisaste a tus hermanos y a Johan?
− Si claro, ahí te veré. − Mentí.
Mientras nos encaminábamos hacia mi casa para hacer mi maleta y partir a Nueva York, había comenzado a llover, aquel día también era lluvioso, durante años sufrí por la ausencia de mi fallecida madre hacia ya diez años de eso y aun con el paso del tiempo mi padre no me ha dejado olvidar aquel accidente. Aquella tormenta incesante, mi descuido, aquellos rayos, el rostro lleno de las eternas lagrimas de mi padre y en especial las palabras que marcaron el comienzo de mi desdicha....
− ¿Señorita? ¿Se encuentra bien? − preguntó John preocupado.
− ¿Eh?− respondí después de regresar a mi tales recuerdos, confundida.
− ¿Ha vuelto a recordar... "eso"?
− Así es, es algo inevitable.
− Señorita ¿no cree que sería mejor dejar eso atrás?
− Lo intento. Mi propia alma y mente no me permiten olvidar mis errores además de que mi padre me lo recuerda a cada instante. El hecho de que yo asesine a mi propia madre − admití con coraje y tristeza.
− Pero... señorita...
− No quiero hablar más sobre esto − ordené.
A la mañana siguiente muy temprano tome la ropa necesaria un marco de una fotografía en donde se encontraba mi madre. Me tarde un poco más en escoger la ropa y las cosas necesarias para mi largo viaje a Nueva York en donde grabaría durante las vacaciones de verano.
Una vez que termine de empacar las cosas necesarias para el gran viaje, me encamine hacia las escaleras y justo cuando me propuse bajar las escaleras me percate de que mis hermanos me esperaban y se encontraban justo al lado de las escaleras, esperándome muy quietos con la mirada preocupante. Baje las escaleras lo más rápido posible y me propuse seguir adelante sin mirarlos a la cara. Cuando intente hacerlo ellos solo se quedaron con los ojos abiertos y sin poder decirme nada, seguí caminando rumbo a la puerta cuando estaba a punto de salir por un buen tiempo de esa casa infernal escuche la voz de Leonard.
 – Nizad... queremos que comprendas que... nosotros sólo nos preocupamos por ti porque te amamos y... ¡no queremos ver como formas con más dureza aquella enorme barrera llena de tanta frialdad! – exclamó Leonard con voz desesperada.
 – No somos tontos como para no darnos cuenta por todo lo que sufres... nosotros... no hemos vuelto a ver esa chispa y luz de tus ojos desde lo que ocurrió, realmente extrañamos aquella Nizad  llena de energía y…
 – ¡Ya basta! –  Grité sin darme cuenta  – ¡Ustedes no saben nada! ¡Dejen de tratarme como si fuera una inútil, esto es algo con lo que solo yo debo cargar!
− ¡Pero es que eres aún una niña! ¡Somos tus hermanos! ¡No te vas de viaje sólo por tu trabajo, sino porque quieres escapar de tus problemas y lo entendemos pero tienes que decírnoslo ¿bien?! ¡De no haber sido por la llamada de Eugene no nos habríamos enterado de que tenías que ir a Nueva York!– exclamó esta vez Edmund enfurecido pero al mismo tiempo con una profunda tristeza en su mirada cuando me regrese a mirarlos.
 – Eso... eso no tiene nada que ver, es mi trabajo ¡déjenme en paz de una vez por todas! – esas fueron las últimas palabras que les mencione a mis hermanos antes de tomar la decisión más importante de mi vida.
Corrí hasta la camioneta en donde se encontraba John esperándome, sin mirar a atrás, me subí lo más pronto posible y le pedí al chofer que se diera prisa, a lo lejos escuche un grito desesperado.
 – ¡Nizad! – escuché aquel grito de mis hermanos que cuando decidí voltear para volverlos a ver; su figura se iba alejando a lo lejos hasta desvanecerse por completo, quien diría que sería la última vez en la que los vería en persona en mucho tiempo.
Una vez que llegamos a el aeropuerto me encontré con mi grupo de seguridad que estaba precisamente para eso, para evitar salir lastimada por algunos de mis fanáticos que se precipitaban demasiado; al bajar de la camioneta era todo un disturbio y caos era una de las pocas veces en las que me sentía tan asustada por salir de la camioneta esto solo me pasaba cuando estaba a punto de dar un concierto, cuando el corazón me palpitaba con tanta rapidez que sentía que de un momento a otro saldría de mi pecho, de hecho no había dado tantos conciertos debido a que soy solo una niña y además tengo muchas más responsabilidades acerca de mis estudios puesto que hace mucho que no voy a la escuela con compañeros, debido a mi posición debo estudiar en casa. Poco antes de salir me propuse hacer lo de siempre tocándome el pecho con ambas manos hacía lo de siempre y cambiaba radicalmente de forma.
– Señorita... le deseo la mejor suerte posible y... por favor cuídese estaré aquí a la hora acordada para recogerla a tiempo. – dijo el chofer antes de irme.
 – Entiendo.
Cuando por fin me decidí a salir de la camioneta y mis guardias de seguridad se encontraban en posiciones correctas para mi completa seguridad, abrí la puerta de la camioneta y de inmediato escuche los gritos de los fanáticos profundamente enloquecidos y frenéticos.
− Hola Blair − dijo Eugene quien se encontraba a las afueras de la camioneta.
− Hola Eugene, gracias por estar aquí a tiempo.
− No es nada, bueno tenia que ocuparme de tu seguridad.
− Si, muchas gracias Eugene.
El aeropuerto estaba completamente lleno. Los fanáticos aullaban, vitoreaban y enloquecían con mi presencia. Me abrí paso hasta mi destino a empujones, el el cual en el transcurso nunca faltaba una insulsa confesión de parte de alguno de los fanáticos, algo tan común como la cantante y como la simple humana. Desde pequeña, recordaba no solo a los bebés, a los niños y los adultos adorarme tal cual Dios, y siempre me pregunta ¿por qué? ¿Porqué no hay nadie a quien no le agrade? Para los humanos agradarle a todos es una bendición pero para mí, siempre fue como estar inmersa en un mundo lleno de locos y ciegos. En ocasciones deseas discutir, pelear, odiar o enemistarte con alguien y simplemente es como si se encontraran en otra dimensión, lejos de ti ¿cómo puedo sobrevivir a tanta maldita perfección? Y entonces una noche de juegos con mis hermanos lo supe, mientras jugábamos a las escondidas era mi turno de esconderme y lo había hecho bien, hasta que había escuchado hablar por casualidad a mi padre con uno de sus grandes amigos, aquel empresario le explicó mi situación. Aquella vez me había escondido detrás de una de las puertas de aquella habitación, lo recordaba con claridad. Contaba solo con ocho años de edad y ya tenía aquella personalidad fría perfectamente definida me encontraba paseando por los corredores de la mansión cuando escuché una voz desconocida que provenía del despacho de mi padre en donde siempre estaba para no verme la cara por la casa, era de tarde y el crepúsculo se hallaba en su punto. Me acerqué hacia la puerta del despacho medio abierta en donde escuchaba aquella voz extraña regañando a mi padre. Recordaba a la perfección cada una de sus palabras.
− ¡Ya basta Johan! Debes dejar ir al pasado, lo que paso ya no tiene remedio fue un accidente ¡ya acéptalo! ¡No puedes seguir así tus hijos Edmund, Leonard y Nizad te necesitan! – lo reprendió.
− ¡Eso no es verdad! ¡Ese monstruo no puede ser mi hija! ¡De lo único que me arrepiento es de haber engendrado tal ascosidad de ser! ¡No quiero verla! – repetía con ira. no comprendo, como la gente a su alrededor la ve como un ser tan hermoso y puro, no es más que una asesina, ¿Cómo es que la gente aún se le acerca?
Sobre eso lo sabes muy bien, todo aquel ser que la rodee siempre será atraída hacia a ella como un imán no solo como una casualidad, su alma celestial no puede ocultarse solo así, ella lo es como tú, como yo y como su madre, ella es…
Aquella vez fue cuando escuche por primera vez lo que en realidad era... mi cuerpo era humano, pero no así mi alma y éramos llamados... “Ángelus".
¡Por culpa de ese monstruo mi Halia murió todo ha sido su culpa, culpa de ese engendro maldito desearía que Halia no la hubiera traído al mundo así ella no habría muerto! – gritó con odio
¡Johan! Date cuenta de quien hablas ¡ES TU HIJA! ¡Para seres como nosotros es una bendición y casi un milagro que alguno de nuestros hijos nazcan con nuestra misma naturaleza! ¡Halia te odiaría si te escuchara expresarte de esa forma de su querida hija!
 – ¡Blair Hamid! ¡Jamás dejaré de apoyarte! – repitió un chico mientras los de seguridad lo alejaban, devolviéndome a la realidad.
Lo único que hice fue dirigirle una pequeña mirada de agradecimiento al igual que había hecho con tantos fanáticos. Mi carrera como cantante era relativamente reciente, mi edad real era de solo trece años, hija de un par de empresarios y hermana menor de dos malcriados gemelos con complejo de gemelos. La enorme ventaja de ser un ángelus era sencilla, mi cuerpo físico y terrenal era humano; pero mi alma seguía siendo celestial. Al nacer somos enfermizos y muy delicados, nuestros cuerpos humanos deben adaptarse al enorme poder y espiritualidad de nuestras almas. Con ello, después de que nuestros recipientes humanos están listos para albergar dicha alma, ésta emerge a nuestra voluntad, mostrando nuestro verdadero rostro por mucho más bello que el humano. Mi  verdadero ser me cautivó incluso a mí misma, el corto, liso y negro cabello se tornó de un rojizo ondulado y mis ojos celestiales admirados e idolatrados desaparecen dejando en su lugar unos gélidos ojos azul grisáceos, además de eso mi edad se ve físicamente modificada, haciéndome ver mayor. Mi verdadera identidad fue otorgada con un nuevo nombre y decidí usarla a mi conveniencia, y aquí estoy como una de las cantantes más populares del mundo, Blair Hamid.
           Mis canciones tan fuertes, tan seguras, muchas tristes, algunas dejando entrever mi odio y amargura pero siempre sinceras, tan inspiradoras para mi público, así es como trato de imponerme a mi padre, tendría dinero suficiente sin él cuando me volviera mayor de edad y alejarme de él en su momento. Ya casi a un mes de haber estado tan lejos de casa me encontraba a punto de terminar con la última canción y tendría que regresar a esa casa infernal en donde lo único que me convierto es en la asesina de mi propia madre ante los ojos de mi padre y la niña inocente y dulce para mis hermanos mayores, donde yo soy solo la maldita muñeca de porcelana que intentan proteger o destruir. Era como estar en un psiquiátrico, y al final yo solo sentía que debía ser  castigada y destruida, si yo volví a mi padre así de monstruoso, entonces debía pagar. Si había algo a lo que no podía negarme era a una orden de mi padre, lo amaba y lo odiaba, deseaba en el fondo ver un poco de aprobación aún cuando sabía que era imposible, le temía y lo deseaba como mi padre. Tal vez por eso simplemente lo dejo hacer de mí su voluntad, pero el día en que sus deseos iban más allá de mi deseo de aprobación ese día me decidí a confrontarlo, tal vez no de frente pero con estrategia.
Pero cuando me disponía a partir en al avión hacia Londres, unos momentos antes de llegar a el aeropuerto unas cuatro camionetas enormes, lujosas y negras se interpusieron frente a nosotros, me encontraba petrificada sin saber que hacer, sin duda tenía miedo, posiblemente sabia lo que buscaban de mí, pero no les sería tan fácil conseguirlo aunque nunca hayan tenido ninguna posibilidad, puesto que alguien como yo, no es sólo un ser con físico humano.
Con el simple hecho de ver aquellas enormes camionetas blindadas y negras me hizo ver lo que tramaban, no había opción tenía que enfrentarlos por mi cuenta.
Bajé de la camioneta en la que me encontraba para partir a Londres, me dirigí directo a uno de aquellos hombres.
 – ¡Hemos venido por ti! ¡Así que será mejor que no pongas resistencia!
– ¿Qué no ponga resistencia? ¿Es que no saben con quien están hablando? – hable altiva y completamente confiada.
Claro, alguien con tal maldición no solo era un hermoso ser, eso era solo para encandilar al enemigo.
 – ¡Deja de hablar como si pudieses con nosotros! No eres más que una niña. – dijo con tono sarcástico y grosero.
 – Tal vez sea solo una niña, pero ¿es que no sabes a quien fue que te mandaron secuestrar? no soy una niña cualquiera.
 – ¡Deja de decir tonterías mocosa! ¡Tú vendrás con nosotros! y sin poner excusas.
 – Hm... Creo que eso no será posible... tengo una reunión con mi padre en unas horas y esto me retrasaría.
 – ¿Qué? ¡Ya verás mocosa! ¡Si no vienes por las buenas, será por las malas! – advirtió aproximándose hacia mí, sin saber a lo que se enfrentaría.
Una vez que se acerco para hacerme daño me dispuse a hacerlo de la manera peligrosa, cuando me tomó del brazo con suma brusquedad, ningún gánster de algún matón conseguiría secuestrarme; no tan fácil. Comencé a poner en marcha mi energía y concentrarme en dañar a aquel hombre. Aquella energía se concentro totalmente en dañarlo, en hacer que me soltara de una buena vez, fue cuando esa energía se transformo como en una especie de vapor la cual salía de mi cuerpo en especial en mi brazo, en donde se concentro casi por completo, así fue como aquel hombre sintió un desgarro de dolor y se percato que el simple hecho de tocarme le haría daño, cuando se dio cuenta su mano derecha la cual era la que me había tomado el brazo con brusquedad estaba totalmente roja y al parecer le ardía, eso era, aquella energía se había convertido como en un vapor el cual le quemaba la piel. En cuanto sintió aquello hecho al aire una maldición y se dispuso a llamar a sus hombres para mi captura, pero todos obtuvieron el mismo resultado; así pues no tuvieron más remedio que huir.
 – ¡La próxima nos las pagarás mocosa! ¡Esto no se queda así! – repitió aquel hombre enfurecido. Subió a una de las camionetas y se alejó.

Pero era bastante extraño, nadie sabía lo que era más que mi familia. Me hicieron pasar por una niña completamente normal y humana, ahora, ¿quien más sabía lo que era en verdad? esto era desconcertante. Mi vida ahora estaba en riesgo cada vez que fuese Blair Hamid pues alguien muy poderoso ha descubierto mi secreto.
Imagen de anime, girl, and cute

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