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F a m i l i a
5:35 a. m. BIRMINGHAM, REINO UNIDO.
Me levanté casi deshecha, el
horror volvía a ocupar mi cuerpo llevándolo casi al límite de la locura. Día a
día siempre era lo mismo, lidiar con seres y situaciones tan irrelevantes.
Vivir la vida de un humano, era simplemente repugnante. La belleza física
siempre nos ha acompañado aún antes de venir al mundo humano, esta apariencia
siempre los ha hipnotizado, al observarnos ven perfección, te ven siempre hacia
arriba y asumen que al juzgar tu exterior, tu vida va acorde a tu apariencia. Irónicamente,
seres tan “perfectos” ocultan una realidad maldita detrás de unos ojos grandes
y bonitos acompañados de una falsa sonrisa. Ni el ser más perfecto, posee una
vida perfecta, pero es algo que muchos humanos ignoran, solo se encandilan con
la destellante luz y no son capaces de ver la oscuridad que la rodea.
Intenté con
pesar de alzar mis cansados párpados y los rocé intentando mejorar mi visión…
recorrí la vista por el buró de lado a lado en busca del despertador marcando
las cinco treinta y cinco de la madrugada
y debía levantarme, regrese la mirada hacia el balcón de mi habitación y
la oscura noche aún cubría cada rincón. Observé mi piel pálida y tersa tal cual
porcelana, aún se podían ver esas sombras en ella, me moví con lentitud,
cuidaba de no esforzar mucho mi cuerpo para llegar al tocador, pequeños dolores
aún atacaban puntos específicos al pisar, me cepille ese embarañado cabello
negro que colgaba por mis mejillas, una mueca de dolor se reflejaba en mi rostro
con cada duro tirón por intentar tocarlo si quiera, ya casi no dolía. Me
levante con precaución y me coloqué cuidadosamente el vestido, el mismo
contacto con mi piel era insoportable pero me adaptaría, el dolor se iría para
mañana. Me dirigí nuevamente al tocador…
Rozé con las llemas de mis dedos
aquellas sombras en mi pálida piel del rostro. Tomé el maquillaje y comencé a
difuminar aquellas sombras distribuídas por mi cuerpo, coloqué rubor y un
labial rosado. Miré aquel magnífico rostro que enmudecía a los humanos, tan
gélida como solía ser siempre pero solo una parte de mí cobraba vida cuando me
encontraba a solas, aquellos “los celestiales”… como el pueblo europeo solía referirse
a mis ojos, literalmente cobraban vida cuando me observaba a mí misma en el
espejo, era como ver mis más grandes ambiciones reflejadas en ellos… El derecho
ámbar como si aprisionara el mismo sol, el izquiero con una sombra violácea que
justo antes de tocar el iris, se difuminaba a su alrededor el resto del color
ámbar impidiendo el paso al violeta… una curva se difundió al extremo derecho
de mi rostro, sonreía; podía ver mis ambiciones hechas realidad, como una
psicópata imaginando sus planes en marcha.
Me dirigí a
las escaleras, las baje poco a poco con tal delicadeza como si se tratara de
una bailarina en puntillas, cuando sentí como una mirada pesada me observaba. Mis
hermanos mayores, Edmund y Leonard esperaban por mi escaleras abajo, justo en
el vestíbulo, siempre tan molestos, como humanos típicamente no les importaba
si quiera que este extraño ser tan brillante hubiera condenado a esta familia,
no habían cambiado en absoluto su posición, me adoraban tal cual Dios. Idénticos,
tenían cierta fijación en mí no solo por mí linda cara, sino por que era la
única que podía diferenciarlos, ni siquiera nuestros padres fueron capaces de
diferenciarlos, eran una copia exacta una del otro.
− ¡Buenos Días! – Saludaron
entusiastas.
− Buenos Días Edmund, Leonard – saludé
con voz gélida.
− ¿Estás lista? – pregunto
Leonard con ánimo.
− De no ser así, no estaría aquí
parada. – respondí con sarcasmo. Edmond soltó una carcajada, mientras Leonard
sonreía cabizbajo.
Hubo un pequeño momento de total
silencio en el vestíbulo. Lo sabía. Sabía lo que pasaba por sus mentes aunque
no me lo dijeran me lo mostraban sus ojos. Ellos seguramente están pensando en
lo ocurrido el día anterior, recordaron aquel duro enfrentamiento con nuestro
padre el Señor Rainath. Cuando me alcé para mirarlos de frente.
− ¡Mírenme bien!− reclamé tal
cual una bomba de pronto y clavándoles una mirada furiosa. Su reacción fue
inmediata, pero aún así simplemente me veían con lástima. − ¡Dejen de verme
así! ¡No soy ninguna discpacitada como para que me dirigan esas miradas llenas
de lástima! – grité enfurecida.
Sus ojos desorbitados me miraron
asustados como si temieran que al decir algo me destruyera como si fuera una
delicada muñeca a la cual pudiesen romper con solo una palabra.
− Estoy bien. Estoy… bien. –
Agaché la cabeza inconscientemente y con voz temblorosa.
− Nizad…. – mencionó Leonard con
voz queda.
− Nosotros no… − completó con un
hilo de voz y confusa Edmund sin saber que decir.
− Aborresco… la manera en que me
miran…− susurré con ira, un nudo en mi garganta y la cabeza abajo.
Todos los humanos reaccionan de
la misma manera ante un ser tan “dotado de hermosura” desean protegerlo, desean
que perdure, me producía tanta repulsión… Y mis hermanos, lo que reflejaban sus
miradas era culpa, preocupación, y una
mirada rabiosa y distante que solo se asomaba con solo mencionar a nuestro
padre. En cuanto volvió el silencio no lo pensé dos veces y salí corriendo del
vestíbulo hacia la salida, me había vuelto una caprichosa ¿Quién puede
culparme? Ellos me convirtieron en esto, nunca los he visto decepcionados u
enfadados conmigo, jamás me han gritado, ni maldecido y eso era lo que más me
irritaba, podía insultarlos y jamás me responderían de vuelta, me sentía tan
frustrada que solo podía descargarme golpeando algo, me hacían sentir como si
no existiera... como si no fuese capaz de sentir odio y rabia… ¿cómo podía algo
tan hermoso y perfecto ser capaz de poseer tan viles sentimientos por su
prójimo? No tiene nada que envidiar a nadie, posee tanto como cualquiera
deseara poseer.
− ¡Nizad! ¡Espera! – desde lejos
pude escuchar la voz de Leonard.
Me adentré hasta el jardín de mi
madre, aquel jardín casi inexistente ahora, mi padre había cercado aquel jardín
desde el momento en que ella dejó de existir, prohibiendo a todos su paso. No
lo pensé dos veces y entre a escondidas como usualmente lo hacía cuando me era
posible, apenas comenzaba a salir el sol y yo seguía admirando las pocas flores
que aún se asomaban. No pasó mucho tiempo para que los recuerdos retumbaran en
mi mente, mis padres siempre habían sido amantes de la naturaleza era algo
natural para seres como nosotros, siempre que le era posible nos llevaba a los
gemelos y a mí a aquel santuario, nos enseñó a cuidar de todo ser vivo, inclusive
del más minúsculo aunque no compartía mucha empatía por los insectos o
arácnidos, lo cierto era que los detestaba, sin embargo había uno que me
fascinaba… las mariposas. Mi madre lo sabía, decía que las mariposas eran seres
interesantes, cada uno de sus colores y formas las identificaban, aunque a simple
vista se parecieran todas eran distintas y que era lo mismo con las personas
humanas e inclusive con seres como nosotros, que no nacen con una personalidad
definida, todos nacemos con codicia por lo material, pero al igual que el
cuerpo humano se desarrolla la personalidad y los sentimientos es algo que crece
en el interior de cada uno, por eso dependiendo de cada persona, tienen una forma distinta, no todos
los humanos son buenos, generosos o amables hay humanos que son avaros,
codiciosos, llenos de sentimientos de odio y que crecen según los giros de la
vida de cada uno y eso nos hacen distinguir unos con otros y aunque algunos
incluso seamos polos completamente opuestos, siempre habrá algo que nos acerque
unos a otros, e incluso que con las mismas diferencias es posible aprender de
una persona a otra. Aún cuando mi madre me hablara de sentimientos eso era algo
incomprensible para mí, el ser una niña de solo tres años de edad no era el
impedimento al contrario entendía a la perfección sus palabras pero no entendía
su significado, los seres como yo a los tres años poseían la inteligencia de un
niño humano promedio de diez.
Me senté un momento en aquel
columpio bajo al sauce llorón de mi
madre, la desesperación y la asfixia me consumían, solo tenía trece años y
podía sentir como me rompía en pedazos, la soledad me acompañaba día tras día,
era como si los días se repitiesen justo como el anterior, la rutina no
desaparecía, vivir como humano era ser parte del “círculo”, parecía no tener
fin, todo era tan estático que cuando sentía que esta desesperación me consumía
lo único que podía liberarme era golpear algo y hacerme daño a mí misma y aún
así no sentía nada. Liberaba mi frustración siempre cada vez que tenía la
oportunidad, constantemente tenía marcas en los nudillos de las manos, y una
vez que liberaba ese peso era como empezar de nuevo. Me dirigí nuevamente a la
entrada para subir al auto con el chofer, quien esperaba pacientemente por mí.
Contemplaba
por la ventana del auto el paisaje de la ciudad de Birmingham. Había nacido en Viena,
y me habían criado toda mi vida en Birmingham por lo que no me familiaricé
mucho con el país que me vió nacer, junto a los gemelos Leonard y Edmund, fuimos
criados por institutrices, nanas y sirvientas hasta que mi madre decidió que
pasaría más tiempo con sus hijos, los gemelos comenzaban a presentar problemas
fuertes a donde quiera que iban, maestros, escuelas, compañeros de clase,
adultos en general, se habían convertido en los típicos hijos problemáticos y
mi madre comprendió que debía pasar más tiempo con nosotros.
Mi madre era la hija menor de
cuatro hermanos e hijos del famoso empresario Español Erwann Bayona, pertenecía
a una familia de élite con un padre muy estricto. Mi madre siempre estuvo fuera
del país la mayor parte del tiempo y mi padre al ser uno de los hombres más
influyentes de Europa se les hacía casi imposible para ambos criarnos así que
tuvimos nanas e institutrices. Mi madre se cuestinó sus capacidades de madre,
así que decidió trabajar en casa para convivir y criar a sus hijos como debía,
el abuelo no estaba feliz pero reconoció que aunque los negocios eran
prioridad, jamás se debía dejar a la familia en segundo plano, por lo tanto le
encargó un último trabajo en el extranjero, levantar la compañía de Seúl en un
plazo de tres años. Mi madre siempre fue la más hábil de sus hermanos después
del tío Harry en lo que negocios se refería. Halia, mi madre, debía mudarse a
Seúl por tres años pero no quería separarse nuevamente de sus hijos así que
decidió llevarnos con ella, pero mi padre se opuso a que se llevara a los
gemelos por tanto tiempo ya que ellos heredarían su empresa, así que le propuso
llevárselos solo por un año y entonces debían volver a Inglaterra, ella aceptó.
Nunca me
sentí tan aliviada, los gemelos eran mis hermanos mayores pero los sentía como
dos extraños, eran humanos y en el fondo los aborrecía, su sobreprotección y
apego tan desquiciadamente enfermizo era típico en todos los humanos a seres
como yo, lamentablemente tenía a los hermanos mayores más irritantes. Nunca me
cuestioné esta sensación de desprecio hacia ellos, el insípido papel de humana
era sofocante.
− Señorita Nizad, Ya estamos
aquí. El Señor Eugene la espera. – repitió el chofer.
− Gracias. – respondí, mientras
dejaba que Blair, mi contraparte resurgiera antes de encontrarme con Eugene, mi
representante como figura pública y amigo cercano a mi padre durante su
juventud.
− ¡Buenos días, Blair!
− Buenos Días, Eugene. − saludé
amablemente.
Se le veía tranquilo como
siempre, Eugene era un tipo de carácter apacible, siempre vestía formal y muy
profesional pero con un toque juvenil (con traje formal pero algo desarreglado)
y unas lindas gafas que lo hacían lucir intelectual pero moderno, además de ser
más joven que mi padre contando con treinta y dos años y conservándose aún en
el cuerpo de un joven universitario con un aspecto no muy corpulento pero atractivo.
Nos encaminamos al estudio,
− Buenos días Señorita Hamid,
Señor Eugene.
− Buenos días. − respondí
cortante.
− ¡Buenos días Daya! − respondió
Eugene junto a una sonrisa.
Nos dirigimos hacia el ascensor marcamos
el número de piso correspondiente, espere un momento apacible en aquel ascensor
volviendo a mí los recuerdos de dos días atrás cuando hice una vez más que mi
familia se desmoronara, me sentía tan mal que me propuse grabar hoy a la
perfección por mi madre, cuando de pronto timbró el asensor señalando que
habíamos llegado al piso indicado. Me dirigí inmediatamente al estudio de
grabación junto a Eugene.
Cuando capte que la atmósfera
comenzaba a tornarse algo frío y triste, fue entonces que cuando me regrese a
mirar a Eugene, éste se encontraba parado sin dar un paso viéndome fijamente.
− Blair ¿En verdad, te sientes
mejor?
− Eugene, mi sentir no ha cambiado
en mucho tiempo, lo sabes, pero el trabajo llama − respondí, mientras regresaba
mi mirada al frente, recordando aquellas escenas del pasado tan dolorosas.
− Podrías contarme tu sentir... y tal vez
podría lograr cambiar eso…
− Si puedes hacerme volver a
donde pertenezco, sería perfecto… − respondí hechando una mirada al techo.
− Blair, sólo deseo que estés
bien, y si aún no te sientes bien como para confiar en mí, yo lo respeto pero,
estaré aquí siempre que lo necesites − dijo firmemente sosteniéndome la mirada
con dulzura.
− Pierdes tu tiempo querido
Eugene.
Una vez terminada aquella
conversación proseguimos sin decir palabra alguna hasta llegar a la cabina de
grabación.
− ¡Blair Hamid! Llegaste
temprano, comencemos. – saludó Rafael, el productor.
Me encamine a la sala de
grabaciones, me acomode en mi respectivo lugar y de inmediato comenzamos a
grabar, aunque como cualquier otra cantante profesional tuve ciertos problemas
para proyectar un poco mi voz puesto que una debe poner sus sentimientos en
cada una de las canciones que tiene una que interpretar y me resultaba un poco
difícil aunque suene un poco extraño nunca e grabado canciones que hablen de
amor jamás aunque una sola vez me había decidido a probarlo, debo decir que no
salió como lo planee es por eso que decidí no grabar ninguna en la que hablase
de amores mágicos mas que de amistad, familia o sobre algunos de mis gustos.
Finalmente me encontraba dentro de la cabina de grabación en donde esperaba
pacientemente que la música comenzara. Escuche silenciosamente la melodía de mi
canción, tan apacible y a la vez tan dura; despertaba en mi una sensación de
misterio y gusto, tal y como eran mis canciones ese toque especial que tanto me
encantaban canté con todas mis ganas con un gusto inigualable que me llenaba
siempre al cantar mis canciones me sentía tan segura y confiada.
Del otro lado de la cabina en
donde se encontraba Eugene me dirigía una mirada preocupada pero, vi como comenzó
a hablar muy misterioso con los productores pero nunca distrayéndome, puesto
que me lo tomaba todo muy enserio. Hubo un momento en el que me preguntaba de
que tanto hablaba pero después pude percibir lo que decía aún al otro leyendo
sus labios:
Rafael
− Canta con mucha energía y con ese sentimiento siempre en sus canciones.
Eugene
− Si, es una chica sorprendente aún con sus trece años de vida siempre me ha
sabido sorprender con todo lo que hace siempre supera lo excelente.
Rafael
− Si, sin duda es una chica talentosa.
Eugene
− Si, aunque me preocupa muchas veces.
Rafael
− ¿Te
refieres a que es muy enfermiza?
Eugene
− Si,
nadie, ni siquiera yo, la conozco en su totalidad y muchas veces no se ni que
pasa por su mente.
Eso fue lo único que pude captar
y proseguí con mi trabajo, noté que siguió una conversación aún mas larga pero
no pude captarla.
La grabación de las últimas
canciones para mi segundo álbum en inglés que se lanzaría en todo el mundo
estaba casi completamente terminado. Mi última canción tuvo un cierre excelente
y me sentí completamente bien una vez de que le di fin. Aunque eso no era todo,
estaba por firmar unos contratos en Nueva York, aunque sólo era una niña, era
una niña demasiado ocupada, siempre se trataba
de poder aprovechar la maldición con la que había nacido y compensar a
mi padre, aunque nunca le importara lo que hiciera, solía ser padre más amoroso
pero no lo culpo, arruine su vida...
desearía poder olvidarlo.
Una vez que
finalice aquella grabación, tuve que salir casi de inmediato al percatarme de
que ya era muy tarde, seguramente John ya estaría esperándome. Partimos directo
hacia la salida lo más rápido posible, puesto que ya había hecho esperar a John
como una hora de más, cuando nos dirigimos hacia el ascensor me puse a pensar
que aunque lo mejor para mi siempre había sido cantar, ahora... todo ha
cambiado, no lo hago porque me guste del todo, ahora todo cambio, ahora ya no
lo disfrutaba, ahora sólo hacia mi mayor esfuerzo por complacer a mi padre,
siempre... compensarlo, aunque por mas que trate parece nunca ser suficiente.
Desperté de nuevo después de pensar en aquello, reaccione y camine una vez más
hacia la salida con Eugene, se había hecho de tarde pero no se lograba ver el
crepúsculo debido a que se encontraba nublado y estaba por llover.
− Señorita Blair, Señor Eugene.
− ¡Hola John! perdona por haberte
dejado esperando tanto. Buenas Noches, John. – se disculpó Eugene.
− No se preocupe Señor.
En ese momento rodee la
camioneta para subir algunas de mis cosas en la cajuela, lo cual me hizo
retrasarme un poco fue entonces que percibí una “conversación” entre John y
Eugene.
− John, muchas gracias por
cuidar de Blair Hamid en mi ausencia no tengo como agradecerte − Dijo Eugene en
un tono entristecido.
− No se preocupe Señor Eugene,
le agradezco igualmente después de todo la señorita no se ha recuperado y me
preocupa igual, el Señor Rainath no ha sabido comprender los sentimientos de la
señorita se ha encerrado en sus propios sentimientos egoístas.
− Si, nunca vi a Johan tan deprimido
y alejado de los demás sin duda fue un gran shock
y….
− Bueno ¿nos vamos John? – interrumpí
con brusquedad.
− ¡Claro señorita!
− Bueno, creo que es hora de
irnos. Blair Hamid nos vemos mañana en el aeropuerto ¿bien? ¿Les avisaste a tus
hermanos y a Johan?
− Si claro, ahí te veré. −
Mentí.
Mientras nos encaminábamos hacia
mi casa para hacer mi maleta y partir a Nueva York, había comenzado a llover,
aquel día también era lluvioso, durante años sufrí por la ausencia de mi
fallecida madre hacia ya diez años de eso y aun con el paso del tiempo mi padre
no me ha dejado olvidar aquel accidente. Aquella tormenta incesante, mi
descuido, aquellos rayos, el rostro lleno de las eternas lagrimas de mi padre y
en especial las palabras que marcaron el comienzo de mi desdicha....
− ¿Señorita? ¿Se encuentra bien?
− preguntó John preocupado.
− ¿Eh?− respondí después de
regresar a mi tales recuerdos, confundida.
− ¿Ha vuelto a recordar...
"eso"?
− Así es, es algo inevitable.
− Señorita ¿no cree que sería
mejor dejar eso atrás?
− Lo intento. Mi propia alma y
mente no me permiten olvidar mis errores además de que mi padre me lo recuerda
a cada instante. El hecho de que yo asesine a mi propia madre − admití con
coraje y tristeza.
− Pero... señorita...
− No quiero hablar más sobre
esto − ordené.
A la mañana siguiente muy
temprano tome la ropa necesaria un marco de una fotografía en donde se
encontraba mi madre. Me tarde un poco más en escoger la ropa y las cosas
necesarias para mi largo viaje a Nueva York en donde grabaría durante las vacaciones
de verano.
Una vez que termine de empacar
las cosas necesarias para el gran viaje, me encamine hacia las escaleras y
justo cuando me propuse bajar las escaleras me percate de que mis hermanos me
esperaban y se encontraban justo al lado de las escaleras, esperándome muy
quietos con la mirada preocupante. Baje las escaleras lo más rápido posible y
me propuse seguir adelante sin mirarlos a la cara. Cuando intente hacerlo ellos
solo se quedaron con los ojos abiertos y sin poder decirme nada, seguí caminando
rumbo a la puerta cuando estaba a punto de salir por un buen tiempo de esa casa
infernal escuche la voz de Leonard.
– Nizad... queremos que comprendas que...
nosotros sólo nos preocupamos por ti porque te amamos y... ¡no queremos ver
como formas con más dureza aquella enorme barrera llena de tanta frialdad! –
exclamó Leonard con voz desesperada.
– No somos tontos como para no darnos cuenta
por todo lo que sufres... nosotros... no hemos vuelto a ver esa chispa y luz de
tus ojos desde lo que ocurrió, realmente extrañamos aquella Nizad llena de energía y…
– ¡Ya basta! –
Grité sin darme cuenta – ¡Ustedes
no saben nada! ¡Dejen de tratarme como si fuera una inútil, esto es algo con lo
que solo yo debo cargar!
−
¡Pero es que eres aún una niña! ¡Somos tus hermanos! ¡No te vas de viaje sólo
por tu trabajo, sino porque quieres escapar de tus problemas y lo entendemos
pero tienes que decírnoslo ¿bien?! ¡De no haber sido por la llamada de Eugene
no nos habríamos enterado de que tenías que ir a Nueva York!– exclamó esta vez Edmund
enfurecido pero al mismo tiempo con una profunda tristeza en su mirada cuando
me regrese a mirarlos.
– Eso... eso no tiene nada que ver, es mi
trabajo ¡déjenme en paz de una vez por todas! – esas fueron las últimas
palabras que les mencione a mis hermanos antes de tomar la decisión más
importante de mi vida.
Corrí hasta la camioneta en
donde se encontraba John esperándome, sin mirar a atrás, me subí lo más pronto
posible y le pedí al chofer que se diera prisa, a lo lejos escuche un grito
desesperado.
– ¡Nizad! – escuché aquel grito de mis
hermanos que cuando decidí voltear para volverlos a ver; su figura se iba
alejando a lo lejos hasta desvanecerse por completo, quien diría que sería la
última vez en la que los vería en persona en mucho tiempo.
Una vez que llegamos a el
aeropuerto me encontré con mi grupo de seguridad que estaba precisamente para
eso, para evitar salir lastimada por algunos de mis fanáticos que se precipitaban
demasiado; al bajar de la camioneta era todo un disturbio y caos era una de las
pocas veces en las que me sentía tan asustada por salir de la camioneta esto
solo me pasaba cuando estaba a punto de dar un concierto, cuando el corazón me
palpitaba con tanta rapidez que sentía que de un momento a otro saldría de mi pecho,
de hecho no había dado tantos conciertos debido a que soy solo una niña y
además tengo muchas más responsabilidades acerca de mis estudios puesto que
hace mucho que no voy a la escuela con compañeros, debido a mi posición debo
estudiar en casa. Poco antes de salir me propuse hacer lo de siempre tocándome
el pecho con ambas manos hacía lo de siempre y cambiaba radicalmente de forma.
– Señorita... le deseo la mejor
suerte posible y... por favor cuídese estaré aquí a la hora acordada para
recogerla a tiempo. – dijo el chofer antes de irme.
– Entiendo.
Cuando por fin me decidí a salir
de la camioneta y mis guardias de seguridad se encontraban en posiciones
correctas para mi completa seguridad, abrí la puerta de la camioneta y de
inmediato escuche los gritos de los fanáticos profundamente enloquecidos y
frenéticos.
− Hola Blair − dijo Eugene quien
se encontraba a las afueras de la camioneta.
− Hola Eugene, gracias por estar
aquí a tiempo.
− No es nada, bueno tenia que
ocuparme de tu seguridad.
− Si, muchas gracias Eugene.
El aeropuerto estaba
completamente lleno. Los fanáticos aullaban, vitoreaban y enloquecían con mi
presencia. Me abrí paso hasta mi destino a empujones, el el cual en el
transcurso nunca faltaba una insulsa confesión de parte de alguno de los
fanáticos, algo tan común como la cantante y como la simple humana. Desde
pequeña, recordaba no solo a los bebés, a los niños y los adultos adorarme tal
cual Dios, y siempre me pregunta ¿por qué? ¿Porqué no hay nadie a quien no le
agrade? Para los humanos agradarle a todos es una bendición pero para mí,
siempre fue como estar inmersa en un mundo lleno de locos y ciegos. En
ocasciones deseas discutir, pelear, odiar o enemistarte con alguien y
simplemente es como si se encontraran en otra dimensión, lejos de ti ¿cómo
puedo sobrevivir a tanta maldita perfección? Y entonces una noche de juegos con
mis hermanos lo supe, mientras jugábamos a las escondidas era mi turno de
esconderme y lo había hecho bien, hasta que había escuchado hablar por
casualidad a mi padre con uno de sus grandes amigos, aquel empresario le
explicó mi situación. Aquella vez me había escondido detrás de una de las
puertas de aquella habitación, lo recordaba con claridad. Contaba solo con ocho
años de edad y ya tenía aquella personalidad fría perfectamente definida me
encontraba paseando por los corredores de la mansión cuando escuché una voz
desconocida que provenía del despacho de mi padre en donde siempre estaba para
no verme la cara por la casa, era de tarde y el crepúsculo se hallaba en su
punto. Me acerqué hacia la puerta del despacho medio abierta en donde escuchaba
aquella voz extraña regañando a mi padre. Recordaba a la perfección cada una de
sus palabras.
− ¡Ya basta Johan!
Debes dejar ir al pasado, lo que paso ya no tiene remedio fue un accidente ¡ya
acéptalo! ¡No puedes seguir así tus hijos Edmund, Leonard y Nizad te necesitan!
– lo reprendió.
− ¡Eso no es verdad!
¡Ese monstruo no puede ser mi hija! ¡De lo único que me arrepiento es de haber
engendrado tal ascosidad de ser! ¡No quiero verla! – repetía con ira. –
no comprendo, como la gente a su
alrededor la ve como un ser tan hermoso y puro, no es más que una asesina,
¿Cómo es que la gente aún se le acerca?
–
Sobre eso lo sabes muy bien, todo aquel
ser que la rodee siempre será atraída hacia a ella como un imán no solo como
una casualidad, su alma celestial no puede ocultarse solo así, ella lo es como
tú, como yo y como su madre, ella es…
Aquella vez fue cuando escuche
por primera vez lo que en realidad era... mi cuerpo era humano, pero no así mi
alma y éramos llamados... “Ángelus".
–
¡Por culpa de ese monstruo mi Halia murió
todo ha sido su culpa, culpa de ese engendro maldito desearía que Halia no la
hubiera traído al mundo así ella no habría muerto! – gritó con odio
–
¡Johan! Date cuenta de quien hablas ¡ES
TU HIJA! ¡Para seres como nosotros es una bendición y casi un milagro que
alguno de nuestros hijos nazcan con nuestra misma naturaleza! ¡Halia te odiaría
si te escuchara expresarte de esa forma de su querida hija!
– ¡Blair Hamid! ¡Jamás dejaré de apoyarte! –
repitió un chico mientras los de seguridad lo alejaban, devolviéndome a la
realidad.
Lo único que hice fue dirigirle
una pequeña mirada de agradecimiento al igual que había hecho con tantos fanáticos.
Mi carrera como cantante era relativamente reciente, mi edad real era de solo
trece años, hija de un par de empresarios y hermana menor de dos malcriados
gemelos con complejo de gemelos. La enorme ventaja de ser un ángelus era
sencilla, mi cuerpo físico y terrenal era humano; pero mi alma seguía siendo
celestial. Al nacer somos enfermizos y muy delicados, nuestros cuerpos humanos
deben adaptarse al enorme poder y espiritualidad de nuestras almas. Con ello,
después de que nuestros recipientes humanos están listos para albergar dicha
alma, ésta emerge a nuestra voluntad, mostrando nuestro verdadero rostro por
mucho más bello que el humano. Mi
verdadero ser me cautivó incluso a mí misma, el corto, liso y negro
cabello se tornó de un rojizo ondulado y mis ojos celestiales admirados e
idolatrados desaparecen dejando en su lugar unos gélidos ojos azul grisáceos, además
de eso mi edad se ve físicamente modificada, haciéndome ver mayor. Mi verdadera
identidad fue otorgada con un nuevo nombre y decidí usarla a mi conveniencia, y
aquí estoy como una de las cantantes más populares del mundo, Blair Hamid.
Mis canciones tan fuertes, tan
seguras, muchas tristes, algunas dejando entrever mi odio y amargura pero siempre
sinceras, tan inspiradoras para mi público, así es como trato de imponerme a mi
padre, tendría dinero suficiente sin él cuando me volviera mayor de edad y
alejarme de él en su momento. Ya casi a un mes de haber estado tan lejos de
casa me encontraba a punto de terminar con la última canción y tendría que
regresar a esa casa infernal en donde lo único que me convierto es en la asesina
de mi propia madre ante los ojos de mi padre y la niña inocente y dulce para
mis hermanos mayores, donde yo soy solo la maldita muñeca de porcelana que
intentan proteger o destruir. Era como estar en un psiquiátrico, y al final yo
solo sentía que debía ser castigada y
destruida, si yo volví a mi padre así de monstruoso, entonces debía pagar. Si
había algo a lo que no podía negarme era a una orden de mi padre, lo amaba y lo
odiaba, deseaba en el fondo ver un poco de aprobación aún cuando sabía que era
imposible, le temía y lo deseaba como mi padre. Tal vez por eso simplemente lo
dejo hacer de mí su voluntad, pero el día en que sus deseos iban más allá de mi
deseo de aprobación ese día me decidí a confrontarlo, tal vez no de frente pero
con estrategia.
Pero cuando
me disponía a partir en al avión hacia Londres, unos momentos antes de llegar a
el aeropuerto unas cuatro camionetas enormes, lujosas y negras se interpusieron
frente a nosotros, me encontraba petrificada sin saber que hacer, sin duda
tenía miedo, posiblemente sabia lo que buscaban de mí, pero no les sería tan
fácil conseguirlo aunque nunca hayan tenido ninguna posibilidad, puesto que
alguien como yo, no es sólo un ser con físico humano.
Con el simple
hecho de ver aquellas enormes camionetas blindadas y negras me hizo ver lo que
tramaban, no había opción tenía que enfrentarlos por mi cuenta.
Bajé de la
camioneta en la que me encontraba para partir a Londres, me dirigí directo a
uno de aquellos hombres.
– ¡Hemos venido por ti! ¡Así que será mejor
que no pongas resistencia!
– ¿Qué no ponga resistencia? ¿Es que no saben con
quien están hablando? – hable altiva y completamente confiada.
Claro, alguien con tal maldición no solo era un
hermoso ser, eso era solo para encandilar al enemigo.
– ¡Deja de hablar como si pudieses con nosotros!
No eres más que una niña. – dijo con tono sarcástico y grosero.
– Tal vez sea solo una niña, pero ¿es que no
sabes a quien fue que te mandaron secuestrar? no soy una niña cualquiera.
– ¡Deja de decir tonterías mocosa! ¡Tú vendrás
con nosotros! y sin poner excusas.
– Hm... Creo que eso no será posible... tengo
una reunión con mi padre en unas horas y esto me retrasaría.
– ¿Qué? ¡Ya verás mocosa! ¡Si no vienes por
las buenas, será por las malas! – advirtió aproximándose hacia mí, sin saber a
lo que se enfrentaría.
Una vez que
se acerco para hacerme daño me dispuse a hacerlo de la manera peligrosa, cuando
me tomó del brazo con suma brusquedad, ningún gánster de algún matón
conseguiría secuestrarme; no tan fácil. Comencé a poner en marcha mi energía y
concentrarme en dañar a aquel hombre. Aquella energía se concentro totalmente
en dañarlo, en hacer que me soltara de una buena vez, fue cuando esa energía se
transformo como en una especie de vapor la cual salía de mi cuerpo en especial
en mi brazo, en donde se concentro casi por completo, así fue como aquel hombre
sintió un desgarro de dolor y se percato que el simple hecho de tocarme le
haría daño, cuando se dio cuenta su mano derecha la cual era la que me había
tomado el brazo con brusquedad estaba totalmente roja y al parecer le ardía,
eso era, aquella energía se había convertido como en un vapor el cual le
quemaba la piel. En cuanto sintió aquello hecho al aire una maldición y se
dispuso a llamar a sus hombres para mi captura, pero todos obtuvieron el mismo
resultado; así pues no tuvieron más remedio que huir.
– ¡La próxima nos las pagarás mocosa! ¡Esto no
se queda así! – repitió aquel hombre enfurecido. Subió a una de las camionetas
y se alejó.
Pero era
bastante extraño, nadie sabía lo que era más que mi familia. Me hicieron pasar
por una niña completamente normal y humana, ahora, ¿quien más sabía lo que era
en verdad? esto era desconcertante. Mi vida ahora estaba en riesgo cada vez que
fuese Blair Hamid pues alguien muy poderoso ha descubierto mi secreto.

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