Rêves et réalités
(1888)
− ¡¿Quién eres?! − preguntó una resonante y confusa voz. Me encontré con una silueta oscura de al parecer un chico.
− Realmente eso no importa por ahora ¿Cómo estás? − pregunté de manera inconsciente o al menos eso creía.
− ¡EXIJO SABER Quién ERES! − refunfuño.
− Simplemente quiero que me contestes como te encuentras y te responderé quien soy entonces − se escuchó mi voz nuevamente extraña y misteriosa. ¿Era esto un sueño? ¿Por qué le exigía saber como estaba?
− Estoy perfectamente bien ¡Ahora responde! ¡¿Quién eres TÚ?! − no pude comprender cual era su nombre, no pude escucharlo.
− Digamos que…. Soy la persona que más te observa, te cuida y trata de protegerte aún cuando no me conozcas…. Sin importar tu opinión seguiré haciéndolo − respondí altaneramente.
− ¡NO NECESITO QUE NADIE ME PROTEJA NI CUIDE DE MI! ¡¿Qué es lo que planeas?! − Exigió saber.
Observe como la otra figura aparentemente yo, se reflejo mi sonrisa entre la luz y como cambio de una posición tan feliz, despreocupada y altanera se tornó triste, decepcionada y extrañada.
− Lo lamento…. Realmente parece que… has cambiado − dije tornando un rostro de profunda tristeza o al menos fue lo que sentí al escuchar mi propia voz diciendo aquello a alguien que no reconocía, realmente me sentía mal.
Aquella figura masculina con apariencia de ser un joven se estremeció y sorprendió por un momento y entonces me sentí extraña como culpable. De repente todo aquello se desvaneció.
Mis pesados párpados comenzaron a abrirse lentamente, mi visión era borrosa y algo desaliñada; cuando logré estar en mis cinco sentidos capté que había sido un simple sueño y deje de preocuparme. Al tratar de visualizar donde me encontraba voltee hacia mí alrededor tratando de comprender donde me encontraba era una habitación enorme, todo con lo que mi mirada se encontraba era enorme y con mucho lujo. Las ventanas eran enormes, majestuosas, las paredes tenían cierto tapizado raro y extravagante miré hacia el fondo de la habitación justo frente a mí se encontraba una enorme chimenea del tamaño de una puerta promedio y solo a unos cuantos metros a la izquierda se encontraba la alta y ancha puerta. Me encontraba en un lugar desconocido ¿Dónde estoy? Me pregunté. Repentinamente un dolor de cabeza me inundó pero logré mantenerme conciente mientras me preguntaba cosas básicas en las cuales lo más extraño era que no tenía respuesta. ¿Quién soy? ¿De dónde soy? ¿Cómo me llamo? ¿Qué es este lugar? ¿Mi familia? ¿Qué me ocurrió? Todas estas preguntas resonaban en mí sin respuesta alguna. Justo cuando había comenzado a entrar en pánico note algo distinto en la cama que no había logrado captar con anterioridad se trataba de un chico durmiendo junto a mi cama con su mano justo sobre la mía, se veía exhausto. Lo observé un momento con sorpresa y confusión. Era un chico apuesto de cabello rubio oscuro, y de complexión delgada, lo mire con dulzura e inconscientemente le acaricie el cabello y me nació simplemente decir “GRACIAS”. Fue entonces que en aquel momento alguien llamó a la habitación y entró un joven apuesto de cabello negro y ojos color ámbar con ropa bastante elegante, me miró extrañado y curioso.
− Buenos días señorita, disculpe que haya venido tan temprano a importunarla, lamento lo del joven amo de inmediato lo despertare − dijo cordialmente.
Me sorprendí y me deje deslumbrar por aquel hombre tan apuesto, gentil y sobretodo elegante que me había quedado sin palabras para responder, con mi mano aún bajo el cuidado de la cálida mano de aquel chico me atreví a protestar.
− Buenos días, no es ninguna molestia al contrario de alguna forma me hizo sentir mejor el hecho de tener a alguien a mi lado a mi cuidado y por favor si no es molestia me atrevo a sugerirle que no le despierte seguramente ha estado desvelado después de todo debió haber estado aquí largo tiempo − sugerí amablemente.
− Supongo que tiene razón señorita, bueno entonces lo llevaré a que descanse a su habitación por lo tanto ¿le gustaría tomar una ducha y desayunar? Después de todo ha estado inconsciente durante una semana debe tener hambre − confesó.
− ¿Eh? ¿Una semana? ¿Qué me ocurrió? ¿Dónde me encuentro? Se que suena extraño pero no tengo idea de cómo me llamo, ni de donde soy y ni siquiera quienes son mi familia − exclamé preocupada con voz queda.
− Me temo que ni siquiera yo se la respuesta pero creo que será mejor que se aliste y baje a desayunar debe encontrarse bastante hambrienta, en cuanto lleve al joven amo a su recamara mandare por Heidi para que le venga a servir − me instruyó aquel joven y con timidez asentí.
Después de un buen rato de espera una chica misteriosa, callada y servicial intentó vestirme aunque para mí aquello era bastante extraño de alguna forma me sentí incómoda como si mi mente y cuerpo de alguna manera quisiera ocultar algo y justo antes de que Heidi se atreviera a quitarme la extraña ropa que llevaba puesta un enorme camisón con largas mangas y cuello bastante alto el cual me llegaba hasta debajo de los pies. De pronto mi instinto me hizo aclarar que seria mejor que lo hiciera por mi cuenta aunque Heidi se negaba rotundamente de alguna forma la convencí y relativamente comenzamos una conversación.
Heidi era una joven bastante reservada aunque no tenia idea de que edad tenía yo misma, sabía que aún era una adolescente de alguna forma intente calcular la edad de Heidi como entre unos veinticinco o veintisiete años algo más grande que yo. A pesar de lo mucho que quería saber de ella, ésta solo se limitaba a asentir o a decir no pero eso no era lo más misterioso o lo que me llamaba la atención pues siempre de alguna forma los enormes ojos azul celeste de Heidi me atraían como si fuesen algo familiar para mí.
Comencé a quitarme la extraña ropa que se encontraba sobre mi cuerpo pero note algo curioso cuando me la quitaba aunque al principio no le di importancia y solo planeaba ponerme la ropa y ya cuando noté que tenía contusiones por todo el cuerpo con excepción de las extremidades pero no eran normales no eran simples moretones eso no era lo que me preocupaba sino las extrañas formas que tenían como si mi cuerpo hubiese sido cruelmente torturado con cuerdas sofocantes y habían dejado su marca y lo suficiente como para durarme seis meses o más para que se curaran pero no quería que estas personas se diesen cuenta no era normal y una vez termine de asearme y cambiarme con cierta ropa ajena Heidi me condujo hasta al llamado comedor de aquella enorme mansión. Al llegar aquel joven apuesto y elegante que por lo que había reconocido era un mayordomo que se encontraba parado esperando por mí.
− Señorita me alegro de que haya venido, veo que la ropa le queda a la medida. Por favor puede sentarse Heidi le traerá algo de comer así que por favor disfrútelo. − sugirió.
− Claro, muchas gracias. Pero a todo esto no he escuchado su nombre − Indagué.
− Oh, le ofrezco mis disculpas mi nombre es Clément Prideux leal mayordomo de la familia noble Dupont es un placer conocerla. − Se presentó muy cordialmente.
− Es un placer − dije asintiendo con la cabeza − Lamento mucho las molestias realmente no se como agradecérselos − dije avergonzada.
Al momento de mencionar aquella última palabra fui sorprendida por una voz que no identificaba dándome una respuesta a mi pregunta.
− ¡¿Por qué no te quedas?! − propuso aquella voz y al regresarme a mirar de quien se trataba era aquel chico de cabello rubio − ¿Lo harás? − preguntó.
Lo mire tímidamente y me negué ha aceptar tal propuesta eso era algo que no podía cumplir en primera no sabía nada de mí, en segundo no se si mi lugar esta entre la gente humilde o con la gente noble y la mezcla entre estos es estrictamente prohibido y la tercera porque sentía que había algo que debía hacer algo importante. El chico se le curvo un pequeño gesto de dolor.
− Pero, si no sabes quien eres ¿A dónde piensas ir? Puedes quedarte esta mansión es enorme y solo somos yo, Clément y la demás servidumbre no es ninguna molestia ¿Me harías compañía? − me persuadió.
− Pero precisamente por eso ¿Qué tal si no soy de la nobleza? No se le esta permitido a la gente de la servidumbre relacionarse con la nobleza ni de una amistad lo siento pero creo que no me puedo permitir hacer tal cosa, pero ¿y sus padres? ¿Hermanos? ¿Su familia? − indagué. Su gesto de dolor se hizo mayor.
− Mis padres murieron, soy hijo único y mi demás familia desearían que yo no hubiese nacido nunca y así quedarse con la fortuna de la familia; de vez en cuando vienen pero solo por dinero y nada más. Creí que al menos podrías hacerme un poco de compañía pero si no se puede no puedo forzarte − dijo al tiempo de que sus ojos azules se tornaran de una gran soledad.
Miré fijamente a los platos no sabía que contestar había sido una imprudente. Pero de pronto comencé a sentirme extraña mi vista se tornaba borrosa y de pronto solo sentí que me derrumbaría en un instante y después quedé inconsciente.
Al levantar lentamente mis pesados y cansados párpados visualicé la misma habitación, las mismas ventanas, la misma puerta, la misma chimenea y sobretodo al mismo chico de quien no conocía el nombre pero si de su enorme bondad, nuevamente terminó dormido, a mi lado. Es un chico bastante solo y su familia solo le quiere por su dinero − pensé. Intenté poder salir de la cama sin que él se diera cuenta y avisarle a su mayordomo de que lo llevara a su cama pero en uno de los movimientos intentando salir de la cama accidentalmente moví su mano y este despertó.
− Despertaste… − dijo dulcemente intentando despertar y mantener sus párpados abiertos −… ¿Te encuentras bien? Nos diste un buen susto has estado dormida por dos días desde aquel día de nuestra plática − confesó. Me sorprendí ¿dos días más? ¿Qué ocurría conmigo? Me dije.
− Por cierto… no me he presentado mi nombre es Kaine Dupont es un placer conocerte − se presentó dulcemente −…durante tu estadía mande a Clément a investigar quien eres y lo ha logrado Annick Rozenn Blanchard de París, Francia ¿Cómo es que llegaste a mí? − me reveló jugueteando.
− ¿Qué? ¿De verdad? ¿Soy yo? − pregunté con incredulidad y él asintió. −…entonces ¿Dónde esta mi familia?
− Ellos… ellos murieron al parecer tu familia fue atacada y tus padres te enviaron junto con tus hermanos a Londres pero en el camino tuvieron que dispersarse y hasta el momento no les hemos encontrado pero al parecer tus padres fallecieron, lo siento. − respondió.
− Ya veo… − susurré.
− Pero… mi propuesta sigue en pie. Rozenn… te ayudaré a encontrarlos a cambio solo pido un poco de tu compañía ¿me harías ese favor? − me propuso con seriedad, veía en sus ojos una chispa de esperanza añorando mi respuesta, él me ha encontrado, me ayudó y cuidó e incluso me dio comida supongo que debo pagárselo de alguna forma y si es solo compañía…− pensé.
− Esta bien, me quedaré; es lo menos que puedo hacer por haberme ayudado − dije al momento de sonreír y en cuanto lo escucho se dibujo una sonrisa en su rostro y sus ojos azules se llenaron de alegría.
Durante un tiempo viví y conviví con Kaine Dupont, aquel chico que me rescató en el momento más difícil quien cuido y velo por mí; pero Kaine tenía una pena profunda él era menos preciado por la gente quien lo veía como “el que no debió haber nacido” algo sumamente cruel solo por no tener a sus padres con él y por ser el heredero. Era algo absurdo para mí él era mi salvador, mi amigo, mi confidente que con el tiempo lo sentí como algo más que eso tal vez por que era la única persona a la que le preocupaba o tal vez por que me hacía sentir especial por ser la que lo quería con la mayor honestidad y no buscaba su dinero pero aquel sentimiento que creció en mí no pude decírselo cada vez que lo intentaba me daba miedo que creyera que trataba de conquistarlo y no me viera de la misma forma pero el Kaine que yo conozco es distinto a el que los demás conocen. Kaine tendía a ser cruel con sus sirvientes al punto de llegar a lastimarlos seriamente aunque lo hacía cuando yo no me encontraba había ocasiones en las que llegaba a ver la crueldad de Kaine hacia aquella gente y me ponía a pensar ¿Quién es esta persona? ¿Y donde esta Kaine? Cuando se daba cuenta que lo había visto sólo dejaba de hacerles daño y le ordenaba a Clément que limpiara el desastre o que los alejara de su vista; era alguien desconocido a mis ojos y se disculpaba diciendo “uno debe ser firme con ellos para que no cometan errores”. De algo más de lo que me dí cuenta era que se había vuelto tan apegado a mí que me llevaba con él a casi todos lados y en ocasiones actuaba como un niño que no quería dejar a su madre por eso me costaba ver su personalidad y eso me preocupaba. Kaine cuidaba de mí más que nadie y era a la única además de Clément que no dañaba físicamente a los demás pues tendía a ser sádico con sus enemigos lo cual aterraba a los demás pero aunque conmigo siempre fue distinto siempre pensé él solo quiere compañía y ser amable como lo hace con todas las chicas y jamás me mencionó que sintiera algo por mí lo único que me decía era “Eres la persona que más me acompaña, gracias”. Lo veía en las fiestas siempre con varias chicas de la nobleza, incluso hubo una familia que estaba en tratos de comprometerlo con una hija noble y él simplemente le dijo a Clément “encárgate de encontrar a la mejor” fue entonces que me dije mi deber es solo hacerle compañía y así fue como me decidí a olvidar este sentimiento y justo cuando creí no poder olvidarlo apareció alguien familiar frente a mí.
Cada mañana siempre me dirigía a un mercado algo lejano a la mansión pero era un lugar donde podía escaparme un momento y pensar. Cerca del mercado se encontraba un pequeño río, se encontraba un puente cerca donde me gustaba disfrutar de la naturaleza aunque para alguien de sangre noble es mal visto ir a un mercado debo siempre disfrazarme como si fuese una sirvienta y en una de mis visitas… me encontré con alguien familiar.
Al comienzo solo éramos dos personas admirando el paisaje o al menos eso creí hasta que la otra persona comenzó a hablar.
−Sabía que no te destruirían con tanta facilidad – dijo con seriedad y con algo de calma en su voz, yo me regresé a mirar a aquella persona era un joven apuesto mayor que yo cuando lo miré inexpresiva le calcule unos veintiocho años. Tenía cabello liso, negro y algo largo su piel era blanca y sus ojos de una tonalidad carmesí pero no me preocupo pero a que venía su pregunta.
− ¿Qué? – respondí confundida.
− Lamento no haber sido de mucha utilidad, veo que tus lesiones no han sanado del todo pero lo único que podía hacer por ti era encontrarte un buen cuerpo humano para que no te encontraran –respondió con un tono de culpa y tristeza en su voz y yo solo lo miré impactada.
− ¿Qué? ¿Cómo sabe de mis heridas? ¿Quién es usted? ¿Me conoce? – pregunté curiosa y extrañada, nadie más sabía de esas heridas nadie más que yo. El sujeto me regresó una mirada extrañado, confuso y algo preocupado y durante un largo instante me miró estupefacto.
− ¿Cómo te llamas? – preguntó.
− Soy Anick Rozenn Blanchard de Francia ¿Quien es usted? – pregunte confundida.
− Mi nombre es Sebastián Deluxe fiel mayordomo de los Phantomhive, es un honor conocerle Señorita Annick, espero que nos encontremos en un futuro cercano – se presentó y luego se alejó y partió.
Sebastián…
Me alejé un momento de ella, me encontraba demasiado abrumado ¿Cómo era eso posible? ¿Cómo es que no me reconoce? ¿Por qué se perturbo tanto? Aquello que el amo tanto ha extrañado en silencio y que realmente le duele, creo que aquel dolor se hará mayor cuando se entere que ha perdido la memoria al punto de creer ser otra persona.
− La he encontrado, My Lord pero temo que su corazón ha sido robado junto con su memoria –susurré. La miré nuevamente, ella me dedicó una mirada confusa y preocupada y me marché.
Annick Rozenn…
¿Que demonios? ¿Que había sido eso? ¿Como era que sabía de mis heridas? decidí ya no tomarle importancia seguramente no nos volveríamos a ver o eso creí.
Una semana después de aquel encuentro tan extraño seguía en aquel lugar, mi favorito, admirando el paisaje pero hoy no me sentía como de costumbre mejor dicho me sentía infeliz cuando no debería al contrario debía sentirme feliz por ÉL. Resulta que anoche Clément dio a conocer a la candidata perfecta para ser la prometida de Kaine, él me la mostró y preguntó « ¿No es ella hermosa? además de ser la mejor de todas, es italiana » y yo solo respondí si, lo es. Realmente me dolía, dolía que la persona que cuido, velo y me quiso tanto fuera a comprometerse pero este dolor no era más que culpa mía yo me empeñe en quererle sin preguntarle como se sentía acerca de mí pero además como podía hacer eso si mi deber era solo hacerle compañía, una vez que su compromiso sea oficial me marcharé, no tendré nada más que hacer ahí. Y cuando esos pensamientos cruzaron mi mente grandes gotas nacieron en mis ojos y se deslizaron por mis mejillas hasta caer al río.
− ¡Hey! ¡Hey, tú niña! ¿No has visto un mayordomo por aquí? –dijo una voz, proveniente de una colina al lado del río en el momento en el que regresé la mirada para ver de quien se trataba. Era un chico un poco mayor que yo ojos azules violeta y un cabello negro y liso, su ropa era claramente la de la nobleza y tenía un parche negro sobre el ojo izquierdo. Cuando lo ví hizo una cara de sorpresa y rápidamente volvió a la normalidad.
−No, no he visto a ningún mayordomo lo siento. –respondí y regresé a lo mío a mis propios problemas. El chico se acercó bajando la colina con dificultad.
− ¡JOVEN AMO! ¡AMO! ¡LO ENCONTRAMOS! –gritoneó alguien con voz infantil.
− ¡¿Dónde está?! –preguntó molesto el chico.
− Pues el… −contestó un chico al parecer el sirviente y el de la voz infantil. El chico tenía el cabello rubio de ojos azules y grandes con un rostro dulce e infantil.
− ¡SEBASTIAN! ¡VEN AQUÍ AHORA MISMO! –ordenó. Mientras este esperaba aquel sirviente me dirigió una mirada curiosa al verme sentía que el que me miraba era una chica es que a decir verdad sus ojos parecían de una chica con las pestañas hacia arriba y lo único que hice fue darle una sonrisa algo forzada no me sentía de humor para socializar en esos momentos. El me correspondió la sonrisa.
− ¡Buenos tardes Señorita! –saludó aquel chico rubio.
Le regresé el saludo y poco después de eso apareció de la nada el tal “Sebastián” que casualmente era el mismo con el que me había topado hace una semana pero no reaccione a nada por ahora nada me importaba.
−Yes, My Lord. Aquí estoy –dijo y luego me dirigió una mirada de sorpresa como si nunca me hubiese visto, trato de disimularla y se dirigió nuevamente a su amo – Amo ¿Qué hacía aquí?
− Vine a buscarte ¿no es obvio? – Miró con el ceño fruncido a Sebastián y luego me regresó la mirada – Gracias de todas formas, por cierto este lugar no esta nada mal. –se despidió.
El mayordomo espero a que su amo se adelantara y me dirigió una mirada curiosa y preocupada pero después de unos momentos siguió a su amo además de aquel chico rubio de aspecto infantil después de que su amo les volviera a llamar con los nombres de Sebastián y Finnian. Este último se despidió muy amable y con una sonrisa dibujada en los labios aunque no le conocía muy bien comenzó a agradarme desde ese mismo momento.
Al regresar a la mansión Dupont me encontré con Kaine y lamentablemente éste me descubrió usando la ropa prestada de Heidi sin su permiso y consentimiento cuando este me vio así se quedó estupefacto y de inmediato se dirigió a buscar a Heidi, sabía de las cosas que Kaine les hacía a la servidumbre y me di cuenta de que castigaría a Heidi por haber dejado que yo usara su ropa, intente alcanzarlo para que no lo hiciera y me escuchara e incluso le gritaba para que se detuviera pero no funcionaba y cada vez me sentía más culpable por Heidi ella no tenía la culpa yo había tomado sus cosas sin permiso y ahora Kaine la castigara cruelmente era algo que no podía permitir.
− ¡KAINE! ¡KAINE POR FAVOR ESCUCHAME! ¡Esto no tiene nada que ver con Heidi!
Cuando en un mal momento Heidi se cruzó en el camino Kaine se acercó a paso veloz y firme y le dio una cachetada sumamente fuerte al punto en el que ella termino en el piso y justo cuando la golpearía de nuevo intervine.
− ¡YA BASTA KAINE! ¡SI LE PEGAS A ELLA DEBERÁS PEGARME A MÍ TAMBIEN E INCLUSO PEOR! ¡Por que fui yo quien tomo sus cosas sin permiso, ella no sabía NADA! − grité con coraje.
Él se me quedó viendo un momento y procesando lo dicho, la dejó marchar y luego el se acercó a mí con preocupación.
−Rozenn ¿Qué estás haciendo? Perdoné a Heidi por ti, pero ¿Qué hacías con su ropa de sirvienta en la calle? –preguntó algo decepcionado.
−Kaine yo… necesitaba un lugar solo para mí y cada vez que voy al tianguis hay un lugar que me relaja y puedo pensar en mis cosas es solo que para alguien de la nobleza sería horrible que se le viera ahí decidí vestirme así.
El heredero Dupont se mostró comprensivo y me acarició la mejilla suavemente y dijo que hubiese sido mejor que le hubiera dicho con anterioridad así al menos sabría que confiaba en él y yo solo hice mala cara pensando de que serviría si muy pronto me iría de esta mansión pero eso no era algo que yo pudiera compartir con él, seguro si se enteraba era capaz de detenerme e incluso casi adoptarme como su hermana menor o algo así y de ser así no podría resistir verle ya casado y haciendo su vida y yo ahí como su “hermanita” era algo que no estaba dispuesta a asumir.
A un mes después de aquel incidente no había vuelto a usar la ropa de Heidi ni e ido al tianguis donde se encontraba aquel puente donde podía olvidar mis penas y pensar con mayor claridad pero hoy debía ir, mañana sería el anuncio oficial con aquella chica a quien Clément había seleccionado como la mejor de las mejores para Kaine y realmente deseaba irme antes de ver eso me dolía demasiado. Me fui directamente hacia aquel río sin pasar por el tianguis y me volví a quedar sobre el río por horas hasta que me desahogué por completo y me sequé casi por completo cuando escuché que alguien se me acercaba por detrás y al regresar sorpresivamente la mirada me encontré de nuevo con aquel chico de la nobleza con ojos azul violeta y cabello negro, en cuanto voltee el chico abrió los ojos como platos tenía una expresión de gran sorpresa y de inmediato regresé la mirada al río y me limpié las lágrimas con la mayor rapidez que pude.
− Tú eres…
− ¿Qué? ¿Tienes algo que decirme? Porque debo irme tengo cosas que hacer.
El chico se entristeció un momento y bajo la vista, creí que había sido muy severa pero no tenía tiempo de compadecerme de alguien además el no tenía el aspecto de ser alguien frágil no al menos cuando lo conocí pero el tiempo seguía en curso y debía irme, en cuanto me puse de pie de nuevo sobre el puente planeaba partir ya se había hecho muy tarde y seguramente Kaine ya se había dado cuenta de mi desaparición pero antes de poder dirigirme a casa con toda rapidez, este sujeto mi brazo con mucha confianza y al regresarle una mirada confusa e incluso molesta este me miró un largo rato y después me soltó sin decir nada.
Phantomhive…
Cuando pensé en volver a aquel lugar donde la había visto y creer que no la reconocí, se veía como si fuese otra persona ¿como la reconocería? No fue hasta que descubrí a Sebastián escapándose cada vez que podía y un día le seguí y lo encaré fue entonces que me hizo aquella confesión.
− ¡SEBÁSTIAN! ¡¿Qué estás haciendo aquí?! No es la primera vez que me doy cuenta de tu ausencia así que no me ocultes nada y dime ¿Qué te propones viniendo aquí?
− My lord… no quiero importunarlo con cosas sin importancia
− ¡HABLA! No me importa, se que ocultas algo ¡Dilo de una vez!
− La encontré, My Lord.
− ¿Qué? ¿A quien?
−Ha Aquella que siempre le protegió y que creyó jamás ver de nuevo después de lo ocurrido, pero le advierto que… ya no es la misma, su corazón ha sido robado junto con su memoria y no recuerda ni quien es y mucho menos… a usted joven amo.
Cuando mencionó aquello me quede pasmado ¿Qué? ¿Realmente había vuelto? ¿La volvería a ver? La última vez que la ví le dije que no quería volver a verla nunca y así ha sido desde entonces y Maximus me lo advirtió pero finalmente ella volvió aunque no me recordase yo haría que me recordara porque ella lo fue todo para mí.
− Dominique… − susurré.
− Amo, creí que la había reconocido pero supongo que se ve tan distinta que no notó que se encontraba frente a usted, además me di cuenta de que el castigo de parte de nuestro mundo a sobrepasado a su cuerpo humano, estaba cruelmente lastimado de no ser tan fuerte y decidida sin duda habría muerto en ese instante pero ha sido fuerte tenía enormes contusiones, cortaduras, puñaladas y quemaduras por todo el cuerpo y al parecer nadie más se los había visto.
− ¿Qué? Pero ella está bien ¿no? – pregunté horrorizado. “contusiones, cortaduras, puñaladas y quemaduras por todo el cuerpo”
− Si, estuve investigando de ella al parecer el cuerpo en el que esta es de una tal Annick Rozenn Blanchard de Francia sexta hija del duque Napoleón Blanchard de toscana pero al parecer el duque y la duquesa fallecieron y sus demás hijos están desaparecidos pero al parecer Annick se ha quedado en la mansión de los Dupont haciéndole compañía a Kaine Dupont desde que éste la encontró gravemente herida aparentemente torturada sádicamente e inconsciente en su jardín, nadie sabe como llegó ahí.
Hice otro gesto de dolor “gravemente herida aparentemente TORTURADA SÁDICAMENTE” al oír esas palabras me estremecí era mi culpa, por amar a alguien como yo, por salvarme aquella noche ella fue CASTIGADA pero entonces ¿Quién la salvo? Kanie Dupont… ese maldito ¿Por qué tuvo que caer precisamente con él?
− ¿Quieres decir que…? ¡NO! ¡NO! ¡¿Por qué él Sebastián?! ¡Dime! ¡¿Qué siente Dupont por ella?! ¿La ha herido?
− Aparentemente solo la ve como una compañera de vida como amiga pero no ha mostrado mayores sentimientos e incluso esta por hacer oficial su compromiso con una chica de la nobleza italiana. A la cual de hecho ha sido invitado y de hecho es esta noche. Respecto a su última pregunta, no. Jamás ha herido a la señorita Annick de hecho solo a ella y a Clément son a los únicos que parece apreciar.
−Espera… ¿hoy es el anuncio oficial de su compromiso? Entonces por eso hoy… −cuando pensé aquello lo supe entonces eso lo confirmaba todo, por eso lloraba… ella… se enamoro de Dupont. Lo que antes tuve lo perdí por mi propio egoísmo y ahora la vida me lo estaba cobrando el ser que me amo, que llegue a amar ahora ama a mi peor enemigo y no tiene ni idea de mi existencia. Dominique ha sufrido mucho por mi culpa y ahora la había arrojado a los brazos de Dupont que rabia ya tenia suficientes enfrentamientos con el desquiciado de Dupont para que de paso tuviera en sus manos al ser que tanto amo y que añoro más que a nadie, solo que jamás lo he admitido siempre he sido demasiado orgulloso como para esas tonterías pero dejaron de serlo cuando la perdí y Sebastián lo notó.