Por mucho tiempo eh esperado… desde que un ángelus de la muerte llegó a mi tumba para llevarme a la dimensión de las almas, realmente no recuerdo cuanto tiempo pasó de mi muerte pero yacía ahí sin poder marcharme deseando verlo una vez más. Morí a la corta edad de trece años debido al cáncer, la noticia fue completamente inesperada pero en cuanto lo supe a mis diez años, decidí no mencionárselo a nadie en especial a él, no deseaba que lo supiera, no quería que cargara con el peso de mi enfermedad y de mi posible muerte si no lograba salvarme, deseaba que tuviera una vida completamente normal sin que tuviera que preocuparse por mi salud. Ryo, era un chico mayor que yo por tres años… aún recuerdo la primera vez que nos conocimos… aquella primera vez cuando… estábamos vivos y éramos seres humanos con estos dones incomprendidos por muchos que no eran capaces de ver lo que nosotros, por mucho tiempo ambos creíamos que no habría nadie más en el mundo que viera lo que nosotros, que temiera lo que nosotros, que conociera lo que nosotros… afortunadamente tuve la oportunidad de conocer… a mi corta edad de cuatro años a una chica mayor pero ella, no era humana… lo sabía porque nadie más podía verla, por un momento creí con facilidad que sería solo una alma más que veía vagar entre mi mundo por ahora de los vivos, la vi en varias ocasiones pero jamás le presté importancia. Una noche mientras me encontraba descansando en mi habitación se escuchó un enorme ruido que interrumpió mi sueño y lo que vi a continuación frente a mí era un monstruo de nuevo pero nunca antes se habían acercado tanto a mí, aquel ser enorme había destruido parte del balcón que se encontraba en mi habitación pero no temía por mí, solo no quería que se le acercara a mis padres, no podía moverme y el miedo me inundo y cuando estaba por “morir” alguien más salió de la nada y cuando nuevamente abrí mis ojos el monstruo se había marchado y en su lugar se encontraba aquella chica tan seria, tan solitaria pero a la vez tan amable, ella me miró extrañada.
– ¿Puedes verme? – preguntó sorprendida y sin saber qué hacer.
– Si – respondí con un pequeño hilo de voz. Su rostro se llenó de preocupación y confusión pero jamás me hizo daño.
– ¿Estás bien? ¿Te hizo daño?
– Sí, estoy bien.
– Y… – hizo una enorme pausa – ¿desde cuándo…? ¿Desde cuándo los ves? ¿Qué edad tienes?
– Tengo cuatro años y siempre los he visto, aunque es increíble que tú también puedas verlos y pelear con ellos ¿Cómo te llamas? – conteste ingenuamente como cualquier niña de cuatro años.
– Ah… sí, mi nombre es Ailee.
– ¿Ailee? ¡Qué bonito! – respondí con una sonrisa. – yo me llamo Chihaya – me presente. Recuerdo que cuando escuche su nombre se me había hecho el nombre más hermoso que había escuchado, su cabello era de un tono castaño oscuro y sus ojos eran grandes y de un tono miel.
– ¿Chihaya? Es un nombre hermoso, ahora Chihaya podrías decirme ¿alguna vez uno de estos monstruos se a acercado mucho a ti?
– Ah… si pero siempre trato de correr muy rápido y esconderme.
– Ah, ya veo. Haces muy bien Chihaya pero ¿sabes? La próxima vez – dijo al momento de sacar algo de su bolsillo – toca esto cuando veas alguno de estos monstruos y entonces yo los llevare lejos ¿ok?
– Si. – respondí, tomando aquel objeto, era un pequeño silbato. Afortunadamente conocí muchas cosas acerca de esos monstruos y como lidiar con las almas a una edad temprana y adecuada, Ailee me platicó muchas cosas acerca de su trabajo, me platicó que ella era un ángel de la muerte y me ayudó a combatir a esos monstruos solo por si acaso pero un día ella tenía que marcharse y solo me dedico unas palabras que jamás olvidaría.

– “Chihaya… jamás te rindas, ellos no podrán hacerte daño mientras practiques lo que te enseñe y trata de ayudar a cualquier persona o espíritu que lo requiera, recuerda que hay muchos más como tú de lo que crees… no estás sola.” – mientras la veía partir una frase me causó confusión pero jamás presté atención a que fuese algo tan serio. – “Posiblemente no pase mucho tiempo cuando nos volvamos a encontrar” – al momento solo pensé que simplemente volvería a acompañarme pero… si tan solo hubiese sabido que cuando se refería a volvernos a ver sería por mi muerte entonces… la hubiera disfrutado mucho más.
Al paso del tiempo crecí poco a poco, conocí espíritus de todo tipo algunos muy buenos y de los que me costó trabajo desprenderme cuando debieron partir y otros que debí eliminar por mucho que doliera, habían perdido su conciencia humana al punto de convertirse en monstruos así que solo llamaba al nuevo ángel de la muerte a cargo de la ciudad, Naeem y pronto ellos se encargaban, yo no podía hacer mucho así que les avisaba cuando alguno de estos monstruos se encontraba cerca. Con el tiempo encontré a un gran amigo, era el espíritu de un niño mayor que yo, su historia fue muy desafortunada y sus últimos momentos horribles así que trate de reconfortarlo todo lo que pude pero cuando él debía irse decidió no hacerlo, realmente me sentí feliz pero egoísta le había tomado mucho cariño y solo deseaba a alguien a mi lado, yo era hija única así que cuando él decidió cuidarme en lugar de marcharse tuvo que hacer un juramento con Naeem en ese momento.
– Entonces… ¿dices que deseas cuidar a Chihaya? – preguntó el ángel de la muerte, Naeem.
– Si, así es. Ella ha cuidado de mí en todos los aspectos de mi ahora “vida” después de mi muerte, sino hubiese sido por ella probablemente me habría convertido en un monstruo sin remedio alguno, pero ella habló conmigo y me consoló, algo… que nadie jamás había hecho. – confesó.
Cuando me encontré con aquel niño aquella vez… era un día lluvioso y yo esperaba apacible a que mis padres llegaran por mí, nuevamente era la última por la que llegaban a la guardería y me encontraba sentada en uno de los escalones de la salida viendo la lluvia caer, cuando de pronto sentí la presencia de uno de ellos, sabía que no se encontraba bien; una enorme ola de tristeza y amargura me inundaba y al poco tiempo creía que era yo la que sentía aquello pero reaccioné y decidí buscarlo, cuando lo encontré justo al otro lado de la cerca del patio de juegos yo solo tenía cinco años y medio cuando lo conocí, se encontraba sentado bajo un árbol abrazando sus piernas y con la cabeza gacha y un llanto provenía de él.
– Oye… ¿estás bien? ¿Por qué estás aquí solo? – pregunté ingenuamente. Al momento en el que alzó su cabeza me di cuenta de que era un niño mayor que yo, pero eso no me impidió hacer lo que debía, ayudarlo. Lo que más me impacto fue ver el rostro más triste y desprotegido que había visto.
– ¿Puedes verme? – preguntó con el nudo aún en su garganta.
– Si, pero ¿por qué lloras?
– Eres la primera persona que logra verme… pero ¿por qué debería contarle lo que me pasa a una niña? – respondió altaneramente, sabía que no sería sencillo más aún porque él era mayor que yo y quien sabe desde hace cuanto había muerto, las almas en ocasiones no recuerdan cuando murieron y creen estar todavía vivos e incluso cuando se dan cuenta de su muerte, ellos no se dan cuenta del tiempo que ha pasado pues es distinto cuando mueres y cuando estas vivo.
– Porque soy la única en la ciudad que puede verte y ayudarte – respondí más madura de lo que uno se imaginaria a mi edad. Éste me miró estupefacto y bajó nuevamente la cabeza. – ¿Cómo te llamas? Te ayudaré en lo que pueda.
– Soy Kian, Es solo que… creo que estoy muerto, cundo me di cuenta la gente ya no podía verme y creo que estoy perdido además lo último que recuerdo creo que fue como morí. Mi madre… ella… solo recuerdo que estaba sobre mí y sentía horribles dolores en mi cuerpo… ella me odiaba decía que… deseaba jamás haberme tenido y que era el hijo del demonio y aún recuerdo su mirada llena de odio hacia mí, hasta que… ya no sentí nada, cuando desperté me encontraba en un lugar oscuro, no tenía idea de donde estaba y de pronto todo comenzó a aclararse pero no lo suficiente solo me di cuenta que la gente no podía verme ni escucharme, solo quiero volver con mi mamá – confesó al momento en el que sus lágrimas volvían a emanar en un llanto con tanto sentimiento… ¿cómo su mamá le había podido matar? ¿Cómo una mamá pudo haber hecho eso? Cuando me contó aquello era obvio lo que había ocurrido, me había topado con todo tipo de espíritus pero jamás a un niño asesinado con tanta frialdad y maldad y menos aún por su propia madre, intenté resistir pero al ver que él aún deseaba estar con su mamá a pesar de lo que le había hecho me hizo ver que él era demasiado puro y no pude evitar llorar, jamás me imaginaría a mamá decirme que me odia, jamás me heriría al punto de apuñalarme con ira y jamás se hubiera quedado tranquila habiéndolo hecho, cuando pienso en todo eso debió tener una vida difícil solo quería abrazarlo y protegerlo, y así lo hice. De pronto él se puso rígido e inmóvil por un buen rato.
– ¿Qué? ¿Qué haces? – preguntó tartamudo y estupefacto.
– ¿Cómo que, qué hago? Te estoy abrazando.
– ¿Abrazando? ¿Esto… es un abrazo? – preguntó ingenuamente. Al preguntar aquello lo supe, él jamás recibió abrazos ni de su madre ni de nadie antes, lo cual me hizo volverme más sobre protectora.
– Si, así es. No lo olvides ahora soy yo la que está contigo así que por favor… deja de llorar y de sentirte tan solo ¿sí? – confesé con el corazón roto debido a aquella escena al imaginarme como había llevado su vida junto a una madre que tanto lo odio al punto de matarlo. Éste seguía inmóvil sin saber qué hacer ante su primera muestra de afecto y mientras lo abrazaba sentí las marcas en su cuerpo, aquellas marcas… de las puñaladas sobresalían de ambos lados… mis lágrimas no paraban… deseaba protegerlo y cuidarlo frente a quien fuera. Al ver que no comprendía el abrazo simplemente tomé su mano, me levante y le pedí que viniera conmigo, éste me miró extrañado.
– ¡¿Qué haces?! ¡¿Por qué debería ir contigo?! Solo eres una niña ¡deja de tenerme lastima sé que mi madre me asesinó! ¡Sé que jamás me amo y que solo deseaba deshacerse de mí! ¡Lo sé, pero deja de querer ayudarme por lástima! – reclamó alejando de un manotazo mi mano de la suya, me sentía confundida pero no podía obligarlo a nada así que acepte dejarlo solo, hasta que él aceptara su muerte y que ya no podría volver con su madre. Así que solo me alejé un poco de él en ese momento pero no podía quedarme callada y cuando estaba por irme y le di la espalda y hablé.
– No es que te tenga lástima… solo quiero ayudarte ¿sabes? A pesar de ya ser un espíritu… corres muchos peligros estando tu solo es por eso que aquellos que podemos verlos… tenemos la capacidad y voluntad de ayudarlos, hay monstruos allá afuera que buscan almas y las devoran para volverse más fuertes y poderosos así que… cuídate ¿sí? y si ves a un ser por ahí que viste de blanco y posee enormes alas negras… confía en él, él te llevará a donde debes ir. – le aconseje antes de marcharme, la lluvia aún seguía y ahora me encontraba empapada, debía volver seguramente mis padres ya habían llegado no podía perder más tiempo y así me marché deseándole la mejor de las suertes.
Después de aquello mi vida cotidiana continuó, aunque claro jamás dejaba de pensar en él, siempre me preguntaba como estaría, si realmente estaría bien pero no podía ayudar a un espíritu que no deseaba ayuda alguna. Mientras los días transcurrían seguí haciendo lo que debía, ayudaba a cada espíritu que lo necesitaba pero el último que había ayudado hace poco estaba en mayores aprietos… un monstruo de nuevo mucho más poderoso deseaba devorarlo, la situación se volvió más y más tensa y delicada, nada de esto era una broma nuestras vidas estaban en juego ahora ¿qué haré? ¿Qué haré para proteger a esta alma? Haré lo que tenga que hacer… así estuvo a punto de devorarme a mí y solo volví a cerrar mis ojos, varias veces creí que no saldría nada bien y sería yo quien moriría pero debía ayudarlos… ellos ya habían sufrido suficiente. Nuevamente fue mi día de suerte y Naeem volvió a salvarme era un chico bastante fuerte, serio y siempre desde que nos conocimos tendía por cuidar mucho de mí pero siempre pensé que había sido cosa de Ailee mi querida amiga y posible hermana mayor postiza.
– ¡¿Qué haces Chihaya?! ¡Deja de tomar las cosas tan a la ligera! ¡DEJA DE ARRIESGAR TANTO TU VIDA POR ELLOS! ¡¿QUIERES MORIR?! – me reprendió, al momento de acabar con el monstruo.
– Ah… gracias… a los dos por haberse arriesgado por mí, se los agradeceré siempre – respondió el espíritu a salvo en cuestión.
– ¡¿GRACIAS?! ¡¿ES TODO LO QUE SABES DECIR?! ¡ELLA ES SOLO UNA NIÑA Y CASI MUERE! – Lo reprendió igual.
– ¡BASTA! Estoy bien – respondí molesta y me dirigí al espíritu – Lo siento… creo que no fui de mucha utilidad… pero ¿estás bien?
– Si, no te preocupes estoy bien, aunque lamento haberte puesto en peligro también.
– No, fue mi decisión sé que puedo morir también pero ¿no has sufrido más tú de lo necesario? Yo… no quería que volvieras a pasar por esto… porque morir ya de por si es triste y doloroso… yo he tenido una buena vida hasta ahora aunque sigo siendo una niña pero… no quiero ver tristes o molestos a los espíritus que trato de ayudar, por eso lo seguiré haciendo – confesé, esa era mi decisión todo se aclaró más cuando conocí a Kian supe que no quería ver a nadie así de nuevo. El espíritu me miró lleno de dulzura y mientras éste me regalaba un cálido beso en la frente, éste desaparecía frente a mis ojos, lo sabía era hora de que se marchara, era hora de volver a la dimensión de almas. Mis lágrimas corrieron… – ¿Estarás bien? ¿Volverás a verlo verdad? A tu papa… aquel que te salvó la vida cuando eras niño ¿cierto?
– Si, así que por favor no llores pequeña Chihaya… ya no lloraré, ni me lamentaré más ahora… veré a mi padre y todo gracias a ti… jamás podré olvidar todo lo que hiciste por mí, gracias pequeña Chihaya… – se despidió. En cuanto se marchó, mis sentidos comenzaron a esfumarse de pronto y caí.
– ¡CHIHAYA! – gritó Naeem, mientras me esfumaba.
– ¡Esto le ocurre por pasársela buscando espíritus aún bajo la lluvia! ¡DEMONIOS! ¿Por qué es tan terca? ¡Es solo una niña y ya está así de enferma es el colmo! ¿Por qué demonios no lo mencionó? – se quejó Naeem.
– ¿Por qué? No lo comprendo… ¿Por qué se arriesga tanto por los espíritus? Solo tiene cinco años… ¿las niñas de su edad no deberían estar jugando por ahí sin preocuparse por espíritus o monstruos? – preguntó una voz.
– Si, lo sé solo es una pequeña de cinco años y arriesga mucho porque cree que los espíritus han tenido vidas difíciles y no desea que sufran más por eso… ella quiere siempre hacerlos sentir bien, en varias ocasiones los demonios la han atacado pues en ella hay mucho poder de por medio así que saben que si la poseen serían muy poderosos… por más que le advierto siempre ve más por los espíritus que por ella, además es hija única y es… la única persona que puede verme a mí y a los espíritus en toda la ciudad, por ahora se cree que solo hay nueve personas con capacidad de vernos pero todas están distribuidas en todo el país de Corea del Sur. Por ahora solo ella ha tenido que cargar con este peso… con el tiempo el número de personas disminuyó y ahora solo son cuatro las que pueden vernos en el país. Este don que poseen es único y eso significa que cuando mueran y se vuelvan espíritus se volverán poderosos y con grandes habilidades lo que les permitirá ser futuros ángeles de la muerte… pero… temo que Chihaya no logre llegar muy lejos… últimamente ha estado decayendo y cada vez la veo más y más enferma, me siento intranquilo pero… a todo esto… ¿Cómo te llamas y de donde la conoces? – preguntó Naeem, a aquella voz.
–Yo… soy solo un espíritu tonto que no quiso creer en ella porque… porque mi vida siempre fue una mentira hasta que la conocí, creía que solo me miraba con lástima como lo hizo mucha gente cuando vivía, que me miraba como cuando ves a un cachorro callejero desnutrido y lastimado… pero veo… que en realidad ella siempre ayuda al espíritu no porque le tenga lástima sino porque simplemente quiere que sean felices pero ¿Qué es felicidad? No lo entiendo ¿Cómo se puede ser feliz? Toda mi vida siempre me odiaron, me despreciaron, humillaron y me maltrataron e incluso… me mataron… lo peor es que no fue alguien ajeno… curiosamente la persona que me trajo a este mundo fue quien termino con mi vida. Cuando desperté estaba solo, triste y enojado ¿por qué? ¿Por qué no me quería? Yo la amé desde antes de conocerla entonces ¿por qué ella me odiaba? Supongo que fue lo mejor haber muerto porque de no haber sido así no hubiese visto con claridad y la cálida luz que por primera vez me abrazó…
– Tú… eres aquel niño… Kian ¿verdad? – insinuó Naeem.
– ¿Qué? ¿Te habló de mí? – preguntó curioso Kian.
– Si, hace unos días que la veía decaída y ella solo me dijo que había conocido a alguien, a un niño llamado Kian que le partió el corazón, me contó lo que ocurrió y desde lo primero que contó hasta el final no paró de llorar y solo repetía “¡¿POR QUÉ?! ¡¿POR QUÉ UNA MAMÁ PUEDE ODIAR A SU HIJO?! ¡NO ES JUSTO!” pero lo que más mencionaba era que no conocías los abrazos y que deseaba cuidarte y protegerte cuanto pudiera y curar tu mirada llena de tanta soledad y tristeza, pero no obligaría a un espíritu que no lo desea. ¿Sabes? Ella… es una gran niña, jamás oí hablar de alguien que deseara cuidar y proteger tanto a los espíritus como ella… ella jamás lo hizo por lastima sino porque escuchaba como habían sido sus vidas y deseaba darles un poco de felicidad y alegría aunque fuese solo un momento, aún a costa de su vida… una vieja amiga me contó sobre ella, es por eso que decidí protegerla sin importar que pase.
– Lo sé, ahora lo sé… desde aquel encuentro que tuve con ella… la seguí pero siempre a distancia, observe sus movimientos por los siguientes tres días y lo he visto, ha ayudado a cada espíritu que se ha topado y de alguna forma ¿Cómo explicarlo? Mi alma se resiste a creer que alguien puede hacer algo tan bueno por mí así como así sin nada a cambio y sin mirarme con lástima…
– Es porque ella quiere darte amor, ese amor que te fue negado, el verdadero amor se da sin condiciones ni reglas y es algo que ella siempre hace, lo hace sin importar si muere en el intento a pesar de su corta edad… es increíble, aunque jamás obliga a nadie a aceptarlo por ahora ella se ha vuelto la protegida de la dimensión de almas pues ha ayudado a tantos que le han protegido como pueden así que me mandaron a mí, al comienzo no me gusto el hecho de tener que proteger una niña ¿Acaso ahora le haría de niñera? Pero cuando la conoces te das cuenta de la clase de valiosa y noble persona que es… y terminas amándola sin darte cuenta… solo deseas protegerla, para mí ella se volvió como mi hermanita menor.
Repentinamente alguien más entro a la habitación, eran mis padres.
– ¡Chihaya! ¡Chihaya! ¡Chihaya mi bebe! – entro su madre gritando y llorando, lo único que pudo hacer fue abrazarme lo más que pudo.
– ¿Doctor? ¿Mi hija está bien? Sea sincero… – preguntó mi padre. Papa siempre me decía que era su todo, su bebe, su princesa, su pequeño milagro. Cuando mi madre no podía embarazarse y estaban por divorciarse, repentinamente hubo resultados positivos y no se divorciaron rápidamente me amaron y a pesar de que el embarazo era riesgoso mi madre jamás dudo a pesar de que no volvería a tener más hijos, pues tuvo una complicación médica después de que naciera y le tuvieron que remover su útero pero ella jamás lloro, pues conmigo a su lado no le importaba tener más hijos.
– Me temo… que no. Chihaya… contrajo neumonía y ahora necesita mayores cuidados. Estará bien con un buen tratamiento mientras tanto estará limitada, lo siento. – cuando el doctor dio ese diagnóstico todos en el cuarto entraron en Shock, pero… ¿Cuándo? ¿Desde cuándo? Yo… jamás lo noté.
– Ese día… ese día estaba lloviendo… – susurró Kian estupefacto.
– ¿Kian? ¿Qué paso? ¡¿QUÉ PASO ESE DÍA?! ¡¿QUÉ DÍA FUE ESE?! – Gruñó Naeem furioso. Aquel mi protector, me protegió por tanto tiempo… y ahora solo me descuidó un solo día y ahora yo tenía esta enfermedad que podría costarme la vida… ¿por qué? Kian lo observó lleno de soledad y tristeza.
– El día que la conocí, ese día ella se empapo en el rato que le contaba mi historia y la rechacé, le dije que no me interesaba pero se quedó ahí como dos horas, no creí que le ocurriera nada… ¿Fue mi culpa cierto? Seguro me odiará cuando despierte…
– ¡DEMONIOS Kian! ¡DEMONIOS! – replicó con furia. – No se trata de que te odie ¡POR QUE ELLA JAMÁS TE ODIARÍA! Aún si fuese o no tu culpa… porque ella es así ¡DEMONIOS!
– Está diciendo… ¿Qué mi Chihaya puede morir si no se cuida? – preguntó mi madre destrozada.
– Si, así es señora me temo que ya no podrá hacer varias cosas que un niño sano puede hacer. Lo lamento y si me disculpan, tengo más pacientes a mi cargo, con permiso.
Mi madre lloró toda la noche, junto a mi padre y ahora yo estaba bajo una mascarilla de oxígeno y solo quedaba esperar.
Levanté mis pesados párpados, me sentía mareada y confundida ¿qué ocurrió? Cuando sentí una extraña cosa sobre mi rostro, me estorbaba así que me la quité y entonces sentí una horrible sensación de falta de oxígeno, de inmediato Naeem que siempre me vigilaba volvió a colocarme esa cosa en mi rostro y solo así me sentí mejor, una vez que intente respirar nuevamente por mi cuenta pero me costó trabajo y nuevamente comencé a tener dificultades para respirar pero esta vez quise hacerlo por mi cuenta sin que me dieran esa cosa y al final poco a poco volví a la normalidad, momentos después comencé a toser de forma desenfrenada y de pronto cesó, cuando me di cuenta había sangre en mi mano me asuste en mi boca también había pero no tenía idea de lo que ocurría. Al final mis padres me lo contaron todo, ahora ya no podría ayudar a los espíritus como antes pero cuando por fin me volví a quedar sola en mi habitación escuché algo en el balcón así que me aproxime, sabía que era el Naeem pero ¿con quién más se encontraba? Conforme me acercaba comencé a escuchar…
– Es momento de irte Kian, ya has estado aquí mucho tiempo debo enviarte a la dimensión de almas – Dictaminó Naeem.
– No, no lo haré.
– ¿Qué? Esto no es decisión tuya ¿bien? Quieras o no te llevaré a la dimensión de almas.
– Ya te lo he dicho ¡Yo no me iré! – gritó.
– ¿Qué? ¿Por qué? ¡Ya fue suficiente Kian es hora de irte! – lo reprendió.
– ¡Debo quedarme! Yo… debo protegerla… – dijo con un hilo de voz al final como si se avergonzara de ello.
– Kian… sé que le has tomado cariño ¿bien? No eres el primer espíritu que desea estar con ella… pero eso no creo que sea posible…
– ¡No me importa lo que me ordenes no me iré! ¡La cuidaré yo mismo es mi responsabilidad! ¡NO PODRÁS ALEJARME DE ELLA! Regresaré tantas veces como sea necesario y la cuidaré, yo… DESEO HACERLO… – confeso con un hilo de voz esta vez lleno de tristeza.
– ¡REACCIONA KIAN! ¡VE lo que tu insensatez le ha hecho! ¡Ahora ella tiene NEUMONÍA! ¡UN RIESGO QUE DEBERÁ CORRER TODA SU VIDA SI NO ES TRATADA CON CUIDADO! ¡Ahora deberá vivir así preocupándose todo el tiempo de que en algún descuido ella podría morir! – Rugió el ángel, era la primera vez que lo veía tan enfadado y ahora le gritaba a Kian por mi enfermedad.
– ¡BASTA! ¡Esto no es su culpa! Fue mía por ir tras él sin una sombrilla… yo… estuve enferma desde ese día pero… jamás lo mencioné creí que solo sería una gripe y lo soporte por tres días esperando que se fuera… pero no pasó tenía mucho frío y por eso al final me maree y me desmaye… ¡No lo culpes! ¡Él ya sufrió mucho! – grité enfadada y luego la tos volvió con más fuerza y sentía que me faltaba el aire de nuevo, ambos me miraron estupefactos y no lo pensaron dos veces y volvieron a colocarme la mascarilla en el rostro y pensaba que así sería mi vida de ahora en adelante… pero realmente… no puedo rendirme por algo así… entonces Kian se acercó a mi sin darme cuenta y observó mi recaída y solo bajo desvió la mirada.
– Kian…esto no es culpa tuya… no te preocupes yo… estaré bien, solo debo cuidarme mucho ahora para que nada malo suceda conmigo, así que por favor no estés triste ¿sí? – le consolé al momento de tomar su mano con mi otra mano y le dirigí una mirada dulce y comprensiva. Este me miró con tristeza. – Kian… Kian… por favor, te prometo que me cuidare mucho esta vez y estaré tan bien que nadie notará que estoy enferma – le prometí pero éste no reaccionaba y solo tomo mi pequeña manita entre sus manos y se agacho un poco.
– Gracias…seguro me odias, por mi culpa ahora tu… estás muy enferma, entenderé si me quieres lejos de ti… – confesó lleno de tristeza pero luego continuó con una respuesta seria y firme, jamás había conocido a un niño tan frío, decidido, serio y terco, siempre aceptando sus responsabilidades aún incluso cuando no fueron cosa de él –…pero aunque me lo pidieras no lo haría, no pienso dejarte así me odies… tal vez, me veas como un simple cachorro perdido pero yo voy enserio, quiero estar contigo… yo… CUIDARÉ DE TI, siempre y me iré solo hasta que tu espíritu deje tu cuerpo y entonces nos iremos juntos. – yo solo lo mire con sorpresa y luego este se dirigió hacia Naeem – ¿Me dejarás quedarme? Por favor… no te pido nada más que no sea cuidarla…
Entonces… ¿dices que deseas cuidar a Chihaya? – preguntó Naeem.
– Si, así es. Ella ha cuidado de mí en todos los aspectos de mi ahora “vida” después de mi muerte, sino hubiese sido por ella probablemente me habría convertido en un monstruo sin remedio alguno, pero ella me hizo ver la luz entre la oscuridad – confesó.
– Está bien, si es para cuidarla… supongo que dejaré pasar esto por alto… pero más te vale cuidarla Kian.
– ESO HARÉ – respondió mucho antes de que Naeem terminara de decir otra palabra, Kian se veía confiado y seguro de lo que decía.
Kian era una persona que se había vuelto muy querida para mí, pero aún conforme el tiempo paso él no era el típico niño de nueve años, él… seguía con esa mirada de tristeza y seriedad en el rostro, sabía que había sido por su antigua vida pero deseaba cambiar todo eso… aun así él nunca sonreía y esa mirada perdida y seria se volvían su tormento… lo peor era cuando un monstruo deseaba tomar mi alma, que Kian terminaba interponiéndose siempre, jamás permitía que nadie ni siquiera un espíritu me tocara como si se tratase de una muñeca de porcelana que con solo tocarla se destrozaría… por mucho tiempo siempre fue así, me protegía a costa de su propia alma pero un día cierto acontecimiento lo cambió y a mí también. El encuentro que marcaría mi existencia…
Kian…
Desde el momento en que conocí a Chihaya fue como una cálida luz que me alumbró, a mí, al siempre odiado y que llenaba de lástima las miradas de quien lo rodeaba, mi vida como humano… no fue nada placentera, mi madre siempre me odio por arruinar su vida y en varias ocasiones intento abortarme pero al final nací y siempre me pregunté ¿por qué? Si de todos modos ella intentaría matarme tarde o temprano entonces ¿por qué simplemente dios no me permitió morir antes de sufrir? Durante años mi madre intento envenenarme, me golpeaba en numerosas ocasiones y gran parte de mi vida la viví en la calle, con el tiempo al entrar al preescolar me volví insoportable para los maestros, me volví el líder de los niños de mi salón y las niñas me temían aunque nunca hice gran cosa, simplemente esos tontos me veían como su líder y aprovechaba para divertirme. Con el tiempo siempre lograba lo que quería pero lo que más deseaba jamás lo tuve, jamás supe lo que era un abrazo, jamás tuve afecto en mi vida. Y cuando intentó dármelo esta simple niña de cinco años me resultaba imposible… pero ella lo hizo, se volvió mi mayor tesoro, junto a ella compartimos muchas experiencias, los ataques respiratorios eran por ahora el mayor problema de todos pero con el tiempo aprendí al ver a sus padres cuidarla, sabía qué hacer cuando los tuviese y así poco a poco disminuyeron y raras ocasiones le volvían. Todo era perfecto y sin darme cuenta, a pesar de que sabía que me quería sabía que cualquier persona que lo viera se daría cuenta que yo era como un cachorrito perdido a la cual ella ayudó y ahora me volví su cachorro fiel, pero eso ya no me importaba solo quería estar con ella siempre y protegerla siempre que pudiera, pero un día le anunciaron que se mudarían de regreso a su país de origen Milán, Italia. Durante una semana se deprimió ella amaba este país tenía a sus amigos pero en medio de toda esa depresión un día llegó un poco más alegre, casualmente aquel día decidí quedarme en casa y cuando le pregunté lo que me dijo me dejó sin palabras.
– Hoy… me encontré con un chico… él también puede verlos… es… como yo – dijo sonriendo pero no duró mucho pues pronto se tornó deprimente de nuevo – pero decidí no acercarme más a él porque… me iré pronto de aquí ya de por sí tengo que dejar toda mi vida aquí y ahora… sería otra despedida…
Cuando me lo comentó, me sorprendí pero jamás me preocupo pues nunca más lo volvería a ver, se mudarían en poco menos de un mes, pero como si fuese el destino los obligó a volverse a encontrar y en esta ocasión ni siquiera yo podría alejarlo de ella.
– ¡Chihaya! – gritó su madre pero no hubo respuesta, pues ella y yo nos encontrábamos jugando en el jardín, mis mejores momentos ahora solo se encontraban a su alrededor. Mientras me disponía a buscarla en todo el jardín nuevamente escuché el llamado de su madre pero aun así esta no respondía. Así que decidí averiguar que ocurría por mi cuenta pero solo logre ver a una señora joven y hermosa, se veía hogareña y amable muy similar a la madre de Chihaya pero no tenía idea que la persona en juego no era ella… sino su hijo al regresar al juego y casi encontrar a Chihaya ésta salió de pronto dándome la espalda de entre unos arbustos, siempre juguetona, siempre esperándose de una niña de siete años pero… siempre pensaba… ¿Qué ocurrirá cuando ella rebase a mi congelada edad de nueve años? Sin importar si ella me llegaba a ver ahora a mí como un simple niño siempre estaría con ella.
– ¡Ah! Lo siento Kian, mamá me está llamando dejemos esto para la próxima ¿sí? – contestó aun dándome la espalda y quitándose todas esas hojas y ramas de encima. Yo solo podía estar ahí paralizado, observándola vivir, observándola crecer frente a mí y sin poder seguirla en ese concepto.
– ¡Chihaya! ¡Ven a la cocina por favor!
– ¡Ya voy! – respondió y así la seguí hasta la cocina.
– ¿Qué sucede mamá? – se aproximó a su madre y fue entonces que se encontró con la madre de ese niño.
– Ven aquí, quiero presentarte a alguien. Ella es una vieja amiga de mamá, su nombre es Yoali fuimos amigas desde que teníamos nueve años quería presentártela hoy me la encontré en aquel parque a donde ibas con tus amigos – en cuanto mencionó aquel parque ésta se entristeció de inmediato – Y sabes ¿qué? Ella tiene un hijo un poquito mayor que tú, al parecer él se encontraba jugando futbol pero le dimos la dirección y hoy lo conocerás espero que sean muy amigos – respondió alegremente su madre.
– ¡¿Para qué?! ¿Por qué?! – se alteró Chihaya, se encontraba molesta y triste debido a la mudanza y no deseaba conocer a más gente, ella no quería más motivos para no irse ya había sido bastante difícil con sus amigos de la escuela y sus vecinos.
– ¡Chihaya! No alces la voz – la reprendió su madre, cuando se calmó Chihaya y ella continuó – Chihaya… ¿Qué sucede? Tú no eres así… ¿por qué te rehúsas a ir a la escuela, a juntarte con más niños y a salir de casa?
– No quiero hacer más amigos porque nos iremos lejos – cuando de pronto ella comenzó con ese nudo en la garganta – ¡para que seguir haciendo amigos si nos iremos y dejaré a mis amigos! ¡Duele mamá! ¡Duele irme lejos de mi maestra, mis amigos! – reclamó y se marchó molesta a su habitación. En cuanto eso ocurrió decidí quedarme a escuchar la conversación, Chihaya jamás hablaba de lo que sentía en realidad para no dañar a nadie pero el simple hecho de marcharse ahora le provocó demasiado enojo y tristeza.
– Lo lamento Yoali, ella no siempre es así…
– No te preocupes esa reacción es natural, el simple hecho de venir hasta aquí y habernos encontrado fue increíble, en esta enorme ciudad mira que volvernos a encontrar. Mi hijo reaccionó de la misma manera cuando decidimos mudarnos aquí a Corea del Sur, fue difícil pero se adaptó rápido.
– Supongo que es cierto, pero a Roel le llegó una notificación de transferencia en su trabajo en Milán así que… no creo que podamos hacer mucho, siempre he adorado a mi pequeña Chihaya y haría lo que fuera por ella pero esto ahora no está en nuestras manos…

Al terminar de escuchar aquella conversación decidí alegrar a Chihaya con unas flores, del jardín y me dirigí hacia allá, Chihaya siempre fue alguien amable y noble incluso a pesar de sus sentimientos, por esa razón ella siempre salía lastimada pero siempre la sorprendía con algo para alegrarla y siempre podía ver esa sonrisa de nuevo. Cuando me aproximé hasta su balcón donde ella siempre acostumbrara tomar una siesta sobre un pequeño sofá para exterior, cuando se encontraba cansada, con el crepúsculo sobre ella me acerqué poco a poco, no deseaba despertarla pero cuando lo hice note que había alguien más en aquel balcón, me apresuré para ver de quien se trataba… él finalmente apareció, pero jamás creí que pudiese ser el mismo que ella había conocido, sabía que era él pues en cuanto me aproximé éste se incorporó a mirarme, él lograba verme, ahí estábamos ambos parados frente a frente , era un chico de mi edad pero incluso más alto con las manos en los bolsos de su pantaloncillo, con Chihaya durmiendo en aquel sofá en medio de los dos, noté que cuando me aproximaba antes de que éste alzara su mirada y se incorporara la veía fijamente dormir y entonces me sintió llegar.
– Tú… eres… un espíritu ¿cierto? – dijo lleno de seriedad. En su rostro describía a alguien severo, serio, responsable e incluso algo indiferente. Su cabello tenía un corte en picos de un tono rubio muy claro casi llegando a blanco y unos ojos azules claros y serios. Cuando estaba por responder Chihaya comenzó a despertar y entonces este me quitó de inmediato la mirada de encima y se dirigió a ella en cuclillas, cuando esta abrió sus ojos, éste se había acercado demasiado pero ella jamás se asustó, solo se quedó ahí inmóvil observándolo a los ojos fijamente.
– Tú eres… – dijo con un hilo de voz, sin poder recordar con exactitud. Entonces éste sin dejar de mirarla respondió.
– Ryo, soy Ryo sabía que tú eras ella… tú eres Chihaya, la niña sobre el árbol. – respondió al momento de dibujársele una extraña y sorpresiva sonrisa.
– ¿Ryo? Ah… aquel niño… el niño del parque que ve a los demonios también…
– Si, por cierto ¿conoces a este espíritu?
– Ah… es Kian, él es mi amigo y protector.
– ¿Protector? ¿Un simple espíritu? Protegerte no es algo que un simple espíritu puede hacer. – respondió altaneramente y mirándome lleno de incredulidad. Le respondí a su mirada de la misma manera, siempre… desde el primer momento en que nos conocimos jamás me agradó ni un solo momento.
El tiempo comenzó a correr y el día en el que Chihaya y su familia se mudarían se acercaba, me tranquilizaba el hecho de alejarla de alguien como ese tal Ryo, pero aun cuando ella no deseaba seguir conviviendo con él, éste siempre la visitaba en casa aún en contra de ella, pues la madre de Chihaya creía que él lograría levantarle el ánimo. En poco tiempo Chihaya le fue tomando cariño, en poco tiempo me sentía ahora yo como el intruso, pero resistía pues sabía que en poco tiempo dejarían de verse por años. Mi tranquilidad se fue esfumando cuando noté un cambio en ese tal Ryo, él… comenzó a bajar la guardia cada vez que se trataba de Chihaya al punto de ya ni siquiera notarme cerca y un día lo que vi provocó que sacara lo peor de mí. Aquella tarde como siempre a la hora de la siesta de Chihaya, cuando el crepúsculo se posicionaba sobre ella y su balcón, Ryo siempre se encontraba ahí, aquella tarde había decidido dar un paseo e intentar aclarar mis pensamientos pero cuando llegué la escena que vi me estremeció. Ryo se encontraba al lado del sofá donde Chihaya dormía, mirándola con gran interés y como lo mencioné antes él había comenzado a bajar tanto la guardia que ya ni siquiera notaba mi presencia, era como si toda su atención se centrara en Chihaya y entonces éste comenzó a acercarse más a ella y agacharse hasta quedar frente a frente, con ella indefensa e inconsciente éste se fue aproximando a su rostro y fue entonces que no pude evitar armar revuelo.
– ¡¿Qué estás haciendo?! – rugí. Éste se alteró de inmediato.
– Ah… estás aquí ¿De qué hablas? – respondió mirándome con indiferencia pero con nerviosismo.
– ¿Qué planeabas Ryo? Chihaya solo tiene siete años, más te vale que no intentes sobrepasarte con ella o me las pagaras – lo amenacé. Este me miró extrañado e indiferente.
– ¿Qué? ¡Ja!– rio con arrogancia. – ¿Qué clase de cosas estás pensando Kian? Yo estaba por despertarla porque su madre me lo pidió pero se veía tan apacible que no quería molestarla ¿de dónde sacas ese tipo de cosas? ¿No será más bien que eres tú quien desearía poder hacer algo así? – confesó con un rostro de burla.
– Ella es importante para mí, es mi deber protegerla de quien sea. Te conozco poco, lo admito; pero sé tu personalidad, tú no eres del tipo de chicos que se arriesguen con cosas de este tipo como el amor, tu mirada solo refleja astucia y seriedad, no eres un niño normal de diez años, eres más maduro que los niños de esa edad. Es por eso… que no puedo confiar en ti, tú… bajas fácilmente la guardia cuando se trata de Chihaya y eso me molesta ¡así que habla! ¡¿Cuál es tu verdadera intención?! – reclamé. Éste me miró con indiferencia, sonrió de forma altanera y desafiante, volvió a agacharse a la altura del rostro de Chihaya y entonces le dio un beso en la frente y le susurró al oído. En ese momento me quedé inmóvil ¿qué demonios significa? Entonces Chihaya abrió sus ojos.
– Ah… Ryo… llegaste – saludó con un hilo de voz y rápidamente se levantó del sofá y tomó su mano. – ¿Nos vamos? Mamá de seguro quiere que bajemos por una merienda.
– Si, vamos. – le respondió. Pasaron a mi lado tomados de la mano y entonces Ryo se regresó a mirarme mientras caminaba hacia la planta baja de la casa y solo sonrió complaciente.
Desde ese instante estaba claro su objetivo aunque solo podía esperar a que el tiempo corriera con mayor rapidez y el día de prepararse para la mudanza llegaría pero entonces una nueva noticia arruinó los planes.
– ¡¿DE VERDAD?! ¡¿ES EN SERIO?! ¡GRACIAS PAPI! – Gritó llena de felicidad ante la noticia.
– Amor… pero ¿Cómo? Creí que ya era un hecho. – pregunto confusa la madre de Chihaya.
– Si, así era, pero hablé con mi jefe y al final me dejó quedarme aquí en Corea del Sur así que le dieron el puesto en Italia a otro compañero que realmente deseaba marcharse para allá. Además si mi pequeña Chihaya no es feliz, entonces yo tampoco – confesó y sonrió.
– ¡¿No es genial Ryo?! ¡Ahora podré quedarme! – gritó nuevamente. Éste asintió.
– ¿Para qué tanto alboroto Chihaya? Sabía que eso sería un hecho… – respondió Ryo.
– ¿Qué? ¿Cómo lo sabías?
– Sabía que no podríamos alejarnos tan fácilmente justo después de conocernos sería ilógico, dios sabe que necesitamos de ambos para ayudarlos – confesó frente a los padres de Chihaya.
– ¡AH! ¡Tienes razón! ¡Estoy feliz de haberte conocido Ryo! ¡Gracias por existir! – confesó la pequeña Chihaya.
Con el tiempo Chihaya presentó a Ryo con Naeem que la protegía en esos momentos, además de enseñarle muchas cosas que Ailee le había enseñado con anterioridad y así los años fueron transcurrieron y Chihaya y el tal Ryo crecieron juntos, no había día ni momento que no se vieran, se habían vuelto inseparables incluso cuando Ryo comenzó la primaria, éste siempre iba cada día por Chihaya a la escuela elemental para llevarla a casa y pasar rato juntos, nadie se imaginaba a esos dos como algo más que no fuera una amistad tan grande como la hermandad, pero lo cierto era que Ryo se había enamorado de ella con el tiempo, a pesar de ser solo niños aunque éste no sabía que era amor, hasta el día en que la separación llegó. Así Chihaya me rebasó en edad, sabía que esto ocurriría tarde o temprano pero dolía pues sabía que comenzaría a verme como a un niño y posiblemente… o mejor dicho lo más probable era que terminara con Ryo, algo que definitivamente no aceptaría. Chihaya era siempre extrovertida y sociable al punto de atraer la atención de mucha gente, sin embargo, Ryo era lo contrario siempre era como un lobo solitario y amigos cercanos solo eran unos tres pero a pesar de eso se volvió muy popular en la primaria, las chicas lo amaban, constantemente comenzaba a meterse en pelas pero siempre salía librado de ellas, a pesar de ser popular con las chicas este jamás les prestaba atención. Sabía la razón… él solo podía amar a dos mujeres, su madre… y Chihaya, posiblemente la persona que más lo comprendía. De pronto Chihaya, quien había vivido normalmente después de ser tratada su neumonía, comenzó a sentirse mal, lucía pálida, extremadamente cansada, desganada, así comenzó a perder más peso de lo normal. Constantemente llegaba a casa con varios moretones a lo cual ella respondía que nada le había ocurrido, no le dio importancia, hasta que un día la madre de Chihaya recibió una llamada de la escuela.
– ¿Bueno? Sí, soy la madre de Chihaya. – respondió después hubo un momento en silencio, de pronto su rostro se alteró por completo a un estado de pánico lo cual me alertó de inmediato – ¡¿QUÉ?! ¡¿Ella está bien?! ¡DIGAMELO! ¿Qué hospital? Si, entiendo voy para allá – colgó de inmediato y salió de la casa. En cuento escuché la palabra “hospital” pensé la neumonía volvió, así que la seguí. Al llegar observe a Chihaya en una cama de hospital entubada e inconsciente, mi alma se estremeció, tenía miedo como nunca en vida lo tuve alguna vez. Su madre hablaba por teléfono con el padre de Chihaya informándole lo sucedido fuera de la habitación, entonces mientras cuidaba de Chihaya noté que un doctor se le acercó, de inmediato me acerque para averiguar lo que ocurría con ella.
– ¿Usted es la madre de la paciente Chihaya Steindel Novachec?
– Sí, soy yo ¿qué sucede con mi hija doctor? ¿Fue cosa de la neumonía? – preguntó aterrada, pero el doctor solo lo negó con la cabeza. – Entonces… ¿Qué tiene?
– Señora… Chihaya… ¿se ha sentido extremadamente cansada últimamente? ¿Ha dejado de comer bien sus comidas? ¿Ha sangrado mucho? ¿Le observó moretones constantemente?
– Ah… si, ahora que lo recuerdo constantemente decía que le dolía todo el cuerpo, además la he visto rascarse constantemente el cuerpo aunque la revisé no tenía nada… y bueno ha bajado algo de peso, me preocupe pero creí que sería debido a que tuvo neumonía en el pasado y de los moretones creí que se habría lastimado jugando y como hace gimnasia tiende a bajar de peso así que no le tomé importancia… – concluyó con un hilo de voz y entonces lo supo, se veía en la expresión del doctor al escuchar cada respuesta… era… más grave que incluso la neumonía.
– Señora… me temo… que Chihaya tiene… Leucemia. Además ya está avanzado… y al haber tenido neumonía en el pasado es más propensa a volverla a padecer, no le vemos muchas posibilidades… – concluyó el doctor. La expresión de la madre de Chihaya se crispó, quedó en Shock y por varios minutos quedó petrificada, apenas parpadeaba, incluso el doctor había comenzado a preocuparse por ella también, pero después reaccionó, sus lágrimas cayeron sin cesar y con un sentimiento que solo le vi en una ocasión… cuando le diagnosticaron la neumonía. No podía culparla e incluso yo me petrifique y volví en sí cuando escuché el grito de dolor de su madre. Mientras ella se derrumbaba, el padre de Chihaya llegó al hospital.
– ¿Chia? – Preguntó su padre por su esposa pero ella se había alterado al punto de darle un tranquilizante y ella no pudo responderle – ¡¿Qué sucede?! ¡¿Chihaya está bien?! ¡¿Qué sucede?! – preguntaba angustiado mientras Chia, su esposa era atrapada por él mientras caía debido a los tranquilizantes. El doctor le explicó lo sucedido y al igual que su esposa se veía destrozado, las lágrimas le corrieron como nunca, él siempre se mantuvo fuerte a pesar de cuanto le dolió cuando le diagnosticaron neumonía… pero ¿cáncer en la sangre? Y… ¿con neumonía? Sabía que ahora ella probablemente moriría…
Aquel día, Ryo fue por Chihaya a la escuela como siempre pero al darse cuenta que no salía le preguntó a los maestros ellos solo dijeron que ésta se había desmayado pero la maestra que conocía la verdadera versión se había marchado en cuanto pudo al hospital sin informarle a nadie más, así Ryo no tuvo más remedio que ir a su casa angustiado y preocupado, jamás ha sido mi intensión darle información de ella aún cuando ella lo desease. Así tres días después Chihaya despertó finalmente, se encontraba un poco mejor y su respiración se encontraba casi normal, sus padres se acercaron a ella y le hablaron acerca de la enfermedad.
– ¿Leucemia? ¿Qué es eso?
– Es… un virus malo que destruye tu sangre…
– ¿Es por eso que tenía mucho sueño?
– Si, así es pequeña.
– Entonces… ¿Cuándo me curare?
Todos se miraron, su madre no pudo resistir y salió de la habitación destrozada en llanto y su padre decidió explicárselo.
– Cariño… no sabemos… si puedas curarte.
– ¿Qué? ¿Qué dices? ¡Claro que puedo!
– Me refiero… a que el virus malo que tienes es muy fuerte y… no sabemos si pueda ser derrotado… por ahora te daremos tu medicina ¿está bien? Dolerá un poco al principio pero… solo así podrás curarte… ¿lo harías por mamá y papá? Sé que eres muy valiente… mi pequeña… es muy valiente – respondió al final con la voz destrozada y las lágrimas comenzaron a correr, ni un padre tan fuerte podría resistir aquello.
– Entiendo… lo haré… porque… soy valiente y fuerte. – respondió con una sonrisa. – No llores papi, me recuperaré pronto ¿sí? – aquellas palabras de Chihaya daban esperanzas y entonces su padre tomó su pequeño cuerpo entre sus fuertes brazos deseando protegerla y darle toda la fuerza necesaria para lo que se avecinaba.
– Por cierto… Ryo ha estado llamando a casa preguntando por ti ¿quieres que le diga que venga a verte?
– NO. – respondió de forma inesperada y fría, cambiando por completo su expresión y voz.
– ¿Qué? Entonces… ¿Qué quieres que le diga? Está muy preocupado y llama como diez veces al día preguntando por ti.
– No le digas nada. Él… se preocuparía mucho… – respondió con la cabeza gacha sin ganas de que nadie le mirara el rostro. Entonces su padre le levantó el rostro con dulzura y entonces sus lágrimas corrieron por todo su rostro, con un sentimiento de impotencia que nunca antes le había visto.
– ¿Chihaya? – Dijo su padre al ver aquella expresión de enorme tristeza en su hija, al igual que yo. Es algo que te rompe el corazón, ver a una niña romper en llanto de forma tan madura… como si de un adulto se tratase – ¿Qué sucede? ¿Por qué lloras?
– Yo… tal vez… muera… ¿cierto? No soy tan tonta sé cuándo quieren decir cáncer lo he escuchado en mi escuela, la mamá de Shin Hye murió de eso… así que… no quiero que le digas a nadie de esto papá, yo… no quiero que nadie se preocupe… ¡JURAMELO! – reclamó con el corazón destrozado. Su padre la miró estupefacto sin saber que responder.
– Ya veo… – dijo con un hilo de voz – así que… sabías a la perfección sobre esto… entiendo… entonces así será, NADIE LO SABRÁ.
Así, nadie más se enteró de lo que en verdad alguien tan pequeña como Chihaya sufría, cuando ella regresó a su hogar Ryo la esperaba sentado en la reja de la casa, en cuanto la vio frente a él de inmediato se paró y corrió a ella, la abrazó aliviado y con gran fuerza mientras intentaba aparentar ser fuerte.
– Chihaya ¿qué te ocurrió? Estaba muy preocupado ¡¿Por qué no me llamaste?! – exigió lleno de preocupación.
– Lo siento, Ryo – respondió ella al momento en el que le correspondía el abrazo e intentaba aguantarse aquel nudo en la garganta que de un momento a otro sentía que se quebraría frente a él. – Pero… ahora ya estoy bien, la neumonía volvió en el momento menos esperado es todo, me quedé en observación y me dieron tratamiento, por eso tarde en regresar. – mintió. Ryo deshizo el abrazo la miró con desconfianza pero al final terminó aceptando esa respuesta.
Al comienzo Chihaya iba a la escuela con normalidad, aunque en realidad le aplicaban sus quimioterapias, y cuando finalmente el cabello comenzó a caérsele y cuando se volvió cada vez más débil dejo de ir, Ryo comenzaba a dejar de creer en aquella versión de la última vez y comenzó a visitarla inesperada y constantemente al punto en que casi descubría su enfermedad pero al final jamás lo supo. Chihaya siempre fue sumamente fuerte y valiente aún desde tan pequeña, logró durar seis meses como si nada ocurriese pero cuando todo comenzaba a complicarse, ella tomó una decisión.
– Papá… Mamá ¿podemos hablar? – dijo Chihaya llena de seriedad un día, después que Ryo se marchara a casa.
– ¿Eh? ¿Sucede algo?
– Yo… quiero que nos mudemos. – confesó cabizbaja.
– ¡¿Qué?! Pero… ¿Qué estás diciendo Chihaya? Creí que no querías separarte de tus amigos ¿no es así? entonces… – protestó su padre.
– Lo sé, pero… yo… no quiero MORIR aquí.
– ¡CHIHAYA! ¡NO VAS A MORIR! – Protestó enfurecida su madre.
– Eso aún nadie lo sabe pero… no quiero vivir como la niña con cáncer, no puedo fingir más tiempo así que por favor ¡Hay que mudarnos! No quiero que Ryo ni los demás me vean con lástima o que me traten como si fuese a morir, así que por favor ¡VAMONOS! – las lágrimas que tanto había guardado finalmente salieron a la luz y lloró como jamás la había visto hasta casi secarse por dentro, así sus padres decidieron no protestar y hacerlo.
– Está bien, si así lo deseas así será. Nadie lo sabrá – dictaminó su padre.
Así una noche sin que nadie más se diese cuenta el camión de mudanzas llegó, recogieron los muebles y en cuanto comenzaba a amanecer Chihaya y su familia se marcharon de la casa, sin avisar absolutamente a nadie.
Ryo…

Aquella mañana decidí visitarla antes de marcharme a la escuela pero, de alguna extraña manera desde el día anterior tengo un mal presentimiento, me sentía nervioso y ansioso pero decidí ignorarlo corriendo hasta su casa… pero cuando finalmente lo hice la casa se veía extraña… había un silencio de muerte y no veía los autos de la familia, el mal presentimiento se hacía mayor, el miedo comenzó a inundarme… toque el timbre con afán pero no había respuesta alguna, extraños pensamientos invadieron mi cabeza pero me resistía a que fuesen reales así que antes de desquiciarme decidí brincar la reja y cuando lo hice me di cuenta que no había absolutamente nada… ni nadie. Los muebles, las cortinas, los adornos, todo… se había ido…mi mente me decía lo obvio pero mi ser no lo aceptaba ¿Cómo? ¿Por qué? Pasé días buscándola incansablemente preguntándole a sus maestros, compañeros y amigos cercanos a los padres de Chihaya nadie sabía nada continué buscándola a pesar de los años pero cuando salí de la primaria deje de hacerlo, mi vida se desmoronaba frente a mis ojos sólo por ella… me sentía abandonado ¿Cómo pudo haberme hecho esto? Yo… la amaba, sabía que los adultos me dirían que sólo era una tontería por ser unos niños pero… Necesitar tanto a alguien a tu lado como si fuera tu oxígeno, pensar a cada momento en ella y preguntarte qué estará haciendo… querer protegerla de todo y de todos… a pesar de las dificultades… si eso no es amor… ¿qué es? Algunos me dirían que ella es algo chica pero sólo nos llevamos tres años, así que planeaba decirle lo que sentía cuando ambos maduráramos un poco más y los demás dejaran de ver “peros” al menos, por nuestros padres.
Y ahí estaba… parado frente a la mañana el día de mi graduación en la terraza de la primaria, observando al sol salir de entre la noche… pensaba… que cuando el día de mi graduación llegara… finalmente podría tenerte… como ni novia… Chihaya….
Finalmente… dejé de buscarte… lloré tanto cuando me dejaste atrás…enfurecí tanto como no tienes idea, al punto de perjudicarme más de la cuenta… estaba destruyendo mi vida… por ti, no mereces perdón ¿Fue divertido jugar con nuestra amistad? ¡Hmph! A partir de hoy eres sólo mi pasado y nada más, seguiré con mi vida.
– ¿Ryo? ¿Qué haces aquí? Te hemos estado buscando…
– Podría ser que… esto es por… ¿esa promesa? ¿Sigues… pensando en ella?
– La ceremonia está por comenzar debemos irnos – contratacó mi otro amigo como diciendo “¡Olvida eso, no tienes que responder nada!” pero decidí responder a su duda.

– ¡Hmph! ¿Tú que crees? ¡Por mi puede largarse al mismo infierno si quiere! Puedo tener a la chica que quiera cuando quiera ¿por qué debería enfocarme en alguien tan hipócrita como lo fue ella? – El día en que comprendí que me había abandonado para no volver, me teñí el cabello de un negro intenso quería un cambio pero mi cambio a pesar de mi esfuerzo no era muy bueno… había tenido problemas constantemente metiéndome en peleas callejeras y estando por ahí con cuantas chicas pudiera, jamás me metí en cosas como drogas pero eso sí, tomaba cada vez que podía para olvidar pero con el tiempo mis amigos me sacaron de eso y hasta ahora rara vez tomo aunque las peleas siguen ahí, ciertos matones odian que te metas o que les quites a “sus chicas” pero se meten con la persona equivocada pues siempre regresan con la cola entre las patas.
– Ryo… – susurró con un hilo de voz lleno de tristeza mi amigo Soo Hyun, él también había sido un amigo cercano a ella, estuvo conmigo en mi momento de crisis y jamás había aceptado mi ahora rencor hacia ella. Supongo que pensaba algo como ¿Cómo ha podido cambiar tanto por ella? O algo así pero era algo que no pensaba compartir con nadie, con el tiempo les prohibí que hablaran de ella o pronunciaran su nombre aunque sabían cuánto la había llegado a amar ahora era algo intocable.
– ¡QUÉ IMPORTA! ¡YA VAMONOS RYO ES HORA! – Gritó mi otro amigo siempre tan alegre y… molesto en ocasiones pero siempre te levantaba el ánimo mi fiel amigo Chae Woon, él no la conoció pero sabe todo lo que me ocurrió y hasta la fecha me ha apoyado con animarme cada mañana, siempre controlaba que nadie mencionara ese nombre que tanto dolía.
– Si, vamos Hyun debemos irnos.
– Ah… sí. – respondió yendo detrás de nosotros callado como siempre cuando alguien la sacaba a la luz.

Los pétalos del cerezo recorrían la escuela, el viento los acariciaba con tal suavidad que era como ver una madre acariciando el cabello de su hijo con delicadeza, las calles se llenaban de sus pétalos y cruelmente era como si lanzaran la imagen de ella en mi cabeza, ella amaba esos árboles pero debía superarlos al punto de ignorar todo aquello que me recordara a ella, así la ceremonia de graduación terminó, el tiempo pasó e ingresé a la escuela media, pasamos al segundo año y un día todos nos fuimos a festejar mi cumpleaños número dieciséis, pero en el camino al restaurante donde todos habíamos planeado ir Yeo Wool, una amiga no muy cercana por mi parte, pero a pesar de que he deseado mantenerme alejado ella jamás se rendía de alguna forma siempre me recordó a ella, no físicamente pero si en su personalidad y dolía, pero extrañamente me sentía atraído a ella, era hermosa pero no pensaba en Yeo Wool, sino en ella preguntándome inconscientemente ¿Cómo se verá ahora? ¿Se vería tan hermosa como para que otros se fijaran en ella tanto como yo? Pero rápidamente me enfurecía conmigo mismo por seguir con esos pensamientos tan estúpidos e ingenuos.
– Ryo… sabes que siempre me has agradado, sé que a pesar de que no te conozco del todo, he sabido que nunca has querido salir con alguien seriamente pero realmente creo que puedo hacer que olvides todo aquello que te lastima así que por favor ¿Te gustaría darme esa oportunidad? Sabes lo que siento… ¿no es así? Incluso nos hemos besado y tú me correspondiste… así que… ¿saldrás conmigo? Sabes que no aceptaré un no como respuesta y que si te confieso esto para hacerlo oficial es porque a pesar de lo que sufrí en mi última relación realmente quiero superarla y ser feliz al lado de quien me he enamorado a tal punto en el que me siento lista para volver amar con toda sinceridad así que… – la interrumpí antes de que siguiera.
– Está bien, acepto. – afirmé a su petición y ella sólo se quedó callada completamente sorprendida sin nada que decir al final terminé riéndome de su reacción. ¿Por qué acepté? Seguramente se lo preguntan pero a decir verdad… además de que me atraía ella… realmente se había esforzado, jamás me hostigo o presionó ni molestó como las demás para ser pareja, ella sólo… estaba a mi lado desde aquel cumpleaños catorce, a pesar de mi obsesión por ella. Por mucho tiempo no se había atrevido a acercarse a mí, las razones jamás las conocí ni me importaban pero la noche antes de mi cumpleaños número catorce me sorprendió al robarme un beso cuando ni siquiera nos conocíamos y extrañamente… sentí algo y correspondí al beso, no fue solo un beso realmente la bese como si de ella se tratara y de pronto me susurró al oído “deja de ser tan duro contigo” por primera vez me sentí en paz pero la imagen de ella no salía de mi cabeza y sólo lloré, Yeo Wool dijo que me quería desde hacía tiempo pero que le habían dado un buen consejo y decidió atreverse a algo que jamás había hecho y que realmente temía enamorarse pero dijo algo como… “Cuando me sienta segura de poder superar mi dolor, entonces podré luchar por ti con todo lo que tengo sin aceptar una negativa de ti a menos que yo vea que realmente ames a otra persona, hasta entonces… iré completamente en serio contigo”. Sabía que ella no regresaría así que decidí olvidarla con alguien que me hacía sentir en paz y que no me hostigaba sin mencionar que las demás chicas dejarían de ser una molestia.
– ¿De verdad? ¿En serio? No es una broma tuya ¿cierto? – preguntó emocionada y esperando mi respuesta con gran impaciencia.
– Dijiste que irías por mí en serio, cuando te sintieras lista ¿no? Yo también… lo he superado… así que… ¿por qué no? – respondí con seguridad pero a la vez algo asustado en mi interior.
– Entonces… ahora somos una pareja oficial, gracias espero nos llevemos bien y que esta relación dure mucho o no, espero que al menos ambos seamos muy felices el tiempo que sea. – respondió alegremente y con una mirada y sonrisa radiantes, le había dicho que la había olvidado aunque realmente sólo esperaba olvidarla y pensar sólo en Yeo Wool.