Desde que conocía a León no dejaba de preguntarme
que era lo que en verdad quería, aquella última mirada al despedirnos me hizo
sentir insegura en su rostro había algo muy extraño por primera vez me sentía
como si dejara de ser aparentemente humana y fuera todo un objeto. Desde
aquella ocasión me sentía completamente segura que si tuviera que elegir a
alguien como prometido, no sería a él. Eso me haría más sencillas las cosas, León
solo era como un chico del montón, no por su forma física sino por aquel
interés que tenía en mí, era como el de todos siempre “la chica perfecta” qué estupidez. Pero debido a que yo
misma acepté, no podía retractarme a estas alturas tenía que salir con León.
Un par de
semanas después en medio de la noche me visitó, al llegar a la sala de estar
Eugene me informó que no se encontraba ahí sino en la entrada, cuando me
encaminé hacia su encuentro ahí estaba recargado sobre su gran convertible
oscuro siempre con aquel rostro tan altanero y crédulo, además de aquellos ojos
esmeralda con su típica mirada seductora y confiada, además de su típico
cigarro entre los dedos de su mano y ese peinado que lo hacía ver como un
rebelde, algo que en lugar de seducir me molestaba.
− ¿Qué haces aquí y a esta hora? − refunfuñé. Se
regreso a mirarme con aquella mirada odiosa.
− ¡Te ves tan hermosa aún cuando estas por irte a
acostar! − anunció con entusiasmo al verme llegar − Bueno, solo vine a decirte
que tenemos una cita, iremos a Tower Bridge de Londres dicen que la vista es
hermosa de noche, te recogeré mañana a las 8pm. – respondió, ordenándome diría yo. Hice mala
cara pero no tenía opción alguna, no podía protestar ahora, no era el momento.
− Bueno… no es como si estuviera en posición de
negarme. – admití derrotada y luego proseguí con lo obvio. − ¿Era necesario que
vinieses tú y que yo saliera? Creo que pudiste haberme enviado un mensaje − le
aclaré. Este me siguió mirando como si estuviese viendo el mismo premio Nobel.
− Pero si hubiese hecho tal cosa, no hubiese tenido
la oportunidad de verte de nuevo la belleza de chica que será mía y de
asegurarme una respuesta positiva en el momento − dijo con mirada fija en mis
ojos buscando cualquier señal sobre si ya me encontraría cayendo por sus
encantos. Odiaba la manera en que se refería a mí como un pedazo de carne que
estaba ansioso por comprar.
Al regresar a mi
habitación realmente decidí ignorar aquella cita con pensamiento firme de no ir
y definitivamente no escogerlo como mi coleccionista, como mi mejor postor. No
quería congeniar con nadie de los de la elección de mi padre, para mí, mi único
interés ahora es encontrar a aquel chico de
alas oscuras. Era la primera vez que sentía que alguien ajeno a mi familia
me importaba, me ilusionaba, me preocupaba eran unas sensaciones extrañas las
cuales no podía describir claramente que clase de sentimiento era. Una vez que
estaba por caer rendida en mis sueños escuché como los árboles cercanos a mi
habitación se movieron bruscamente y tan de repente, que me alarme un poco y
decidí revisar, por un momento temía lo peor y me imaginaba quien sería el
autor de aquello o mejor dicho aquellos autores. Me acerqué de inmediato pero
cuidadosamente hacia el balcón y traté firmemente de divisar algo, me acerqué
al límite del balcón y trate de observar lo mejor posible hacia la lejana
penumbra que rodeaba el jardín pero no se veía absolutamente nada, así que decidí
pasarlo por alto sabía que no había sido mi imaginación pero fuese lo que fuese
no me lastimaría porque de haber tenido aquella intención seguramente no
hubiese dudado y después de haber admirado un poco la fría noche y observar
aquella luna tan hermosa decidí volver a mi sueño ajeno a la realidad y
olvidarme por un momento de mi tan “agraciada” vida.
Al día siguiente León se encontraba en punto de las
ocho de la noche frente a mi casa, mi mente se encontraba en otra parte siempre
pensando y preguntándome cuando encontraría a aquel chico, pensando si se
habría olvidado de mí como para que ya no haya regresado a verme pero también
me intrigaba ¿Qué tenía él que ver con mi vida? Tal vez yo no recordara pero
entonces ¿Quién más podría ayudarme? Mientras más lo pensaba, se me cerraban
más las puertas; mi padre me odia y no pienso molestarlo con algo como esto en
especial si él mismo se propuso encontrarme un “prometido digno”, después se
encontraban mis hermanos seguro con ellos no podría contar, no mientras se
tratase de algún chico relacionado conmigo y mi única opción eran mis primas;
aquellas que me acompañaron mis primeros años de vida y que desde que me volví la
famosa cantante Neige Bessette no había podido encontrar la ocasión para porder
reunirme con ellas.
Eugene se apresuró a avisarme acerca de León y decidí
tardarme el tiempo que fuese necesario para mí y baje las escaleras a
regañadientes y sin muchas ganas debo decir. De inmediato recorrimos la ciudad
de Londres hasta llegar al majestuoso Tower Bridge de Londres, siempre con
elegancia en cada una de sus arquitecturas eso era lo que me encantaba de este
país y justo antes de entrar me detuve.
− ¿Qué sucede? Tengo la impresión de que no quieres
ver algo tan hermoso conmigo – dijo algo malhumorado.
− Acertaste, me hubiese gustado hacerlo con
alguien que por lo menos me agradara o
quisiera. – repliqué.
− Entonces ¿por qué no te enamoras de mí? Será
mejor que comiences a hacerlo y una vez que lo hagas tu deseo se hará realidad
– musitó el creído.
− ¿Eh? ¿Te burlas de mí? Creo que eso no será
posible porque ambos buscamos algo diferente, tú buscas a la chica perfecta o
mejor dicho tu trofeo perfecto ¿no es así? Y en mi caso. No pienso enamorarme
con tanta facilidad. – repliqué.
− Creo que es mejor enamorar a las personas – dijo
en tono de consejo en la voz.
− ¿Eh? Por como lo dices te encanta hacerlo,
mujeriego – repliqué.
− ¿Celosa? ¡Que linda! No te preocupes, si me
eliges sin duda solo te miraré a ti.
− Eso jamás – le reproché.
− ¿No crees que eres algo insensible y distraída?
Te diré que buscar la perfección en una chica es importante para un chico, la
cara, el cuerpo lo de siempre es prácticamente un instinto animal debido a
nuestra psicología y naturaleza humana pues según esto la pareja debe tener de
los mejores genes posibles considerados como saludables, etc, etc así que no me
culpes por haberte escogido como la mejor, eso debería ser un alago para ti.
− ¿Qué? No es algo con lo que nazca, jamás me he
enamorado y no planeo hacerlo tan fácil al primer idiota que se me ponga
enfrente, en especial porque ponga de excusa la psicología y naturaleza humana
para tapar sus intenciones. Y por si no lo recuerdas, aquello del instinto
animal de la naturaleza humana eso es solo exclusivo de los seres humanos,
nosotros solo poseemos los cuerpos mas no esa necesidad, ellos tienen ese
instinto para pasar los mejores genes a sus hijos, nosotros no necesitamos eso
dado que no nos reproducimos sexualmente.
− Mmm… tienes razón, pero me pregunto entonces ¿por
qué será que me atraes tanto? Te enseñaré algo, el amor es solo un juego. Un
juego en el cual solo consiste en supuestamente pasar momentos de felicidad
pero te diré que el que se enamora pierde y esa es la razón por la que en este
juego soy el mejor, la paso bien en el momento y lo quieras o no la otra
persona también, le traigo momentos de felicidad y cuando me aburró lo dejo una
vez que he ganado y comienzo un nuevo reto; tampoco tengo la intención de enamorarme
en absoluto.
− No estoy de acuerdo, el amor no es un juego. Es
algo serio, aún cuando no lo conozco bien, se que se trata sobre la similitud entre seres relacionado con el afecto y
apego si conozco el amor es solo por aquel que mis padres siempre se tuvieron
tan profundo y eran felices por lo cual no quiero tomar mi felicidad como un
juego ¿Acaso el amor entre tus padres también lo es? ¿Es un juego? ¿Así lo ves?
− Mis padres son mis padres, además ambos son solo Ángeles era simple que se enamoraran de
un ángelus o de un ser humano, pero ya sabes que a nosotros los ángelus somos
un caso distinto. Pero si eso crees pruébalo. Juega conmigo, un juego de novios
por los dos meses y medio restantes y hasta que mi tiempo termine como novio.
Si ganas creeré absolutamente que el amor no es un juego y me lo tomaré en serio,
pero una vez que pierdas tendrás que dejar de creer en esas estupideces y serás
mía. He conocido muchas chicas, estúpidas creyendo que el “príncipe azul”
llegará alguna vez por ellas y me decepcionaría que fueras igual a ellas
creyendo que del primero que se enamoran se casarán, tendrán hijos y serán
felices para siempre, por favor ¡que estúpidas! Si alguien como yo va y les
habla bonito en menos de una semana las hago “mis novias” y después las boto y
regresan diciéndome “yo te amo, creí que estaríamos juntos siempre”. No eres
esa clase de persona, porque eres de mi misma especie, claro esta, porque así
piensan las humanas idiotas que nunca antes tuvieron amor, ni si quiera de sus
padres y deciden irse con el primero que les hace creer que las quiere. ¡Me
irrita solo pensar en ellas y el estúpido CUENTO DEL PRÍNCIPE AZUL! – rugió. Se
encontraba realmente molesto y solo esperaba mi respuesta, para cuando el juego
comenzó apenas comenzaba el año a mediados de Enero. Ahora entendía por
completo su aborrecimiento a ser llamado príncipe.
− Pero algo así…
− me quedé sin palabras.
− ¿Qué? ¿Ahora estás dudando? Es solo un juego no
te preocupes solo debes fingir y podrás aprender lo inútil y ridículo que el
amor puede ser.
− El amor no es ridículo, y lo probaré. Acepto el
reto.
− Entonces… ¿comenzamos el juego? – dijo al momento
de ofrecerme su mano, dudé en hacerlo. Sería algo nuevo para mí, y solo me le
quedé mirando indecisa.− A partir de hoy serás mi novia por dos meses
siguientes restantes. Si vamos a ser novios a partir de ahora debemos tomarnos
de la mano e incluso besarnos, debemos poner todo de nosotros como si se
tratara de una relación amorosa normal o piensas ¿arrepentirte? – dijo con voz
poderosa.
− Lo haré, sea como sea. – fue entonces que
avanzamos hacia el Tower Bridge de Londres. Por un momento cuando éste esperaba
mi respuesta repentinamente desvió la mirada de mi rostro, algo que nunca solía
hacer desde que lo conocía supongo que el hecho de no quitarle la mirada de
encima a las chicas solo provoca que las intimide haciéndoles creer que no
puede dejar de verlas, pero por un minuto repentinamente desvió la mirada a
alguna parte detrás de mí, pero después de escuchar mi respuesta se reincorporó
casi de inmediato.
Sin duda era precioso, el puente de Londres
resplandecía y la luz de la luna nos iluminaba entre todo aquel cielo
estrellado. Después de observar el cielo desde el puente por un largo rato,
regresé a la mansión Bridgeman. Aunque esperaba realmente que León se fuera de
una buena vez éste insistía en un beso de despedida que definitivamente no
aceptaría y al alejarse para subirse de nuevo en su convertible, yo le di la
espalda ingenuamente pensando que simplemente se marcharía sin embargo,
nuevamente mi ingenuidad cada vez se apoderaba más de mí. Éste se regresó a un
paso veloz y tan sigilosamente que no me percaté de su presencia y en cuanto lo
hice me regresé a mirar y me plantó un beso tan profundo que me dio nauseas, me
hizo sentir como si estuviese siendo abusada y reaccioné mordiéndolo lo más
fuerte que pude.
− ¡¿Qué DIABLOS TE PASA IMBECIL?! – Gruñí
apartándolo lo más fuerte que pude y agregándole una dulce bofetada que le
hacía mucha falta por parte de alguien, pero parecía no haberle afectado en
absoluto, pues solo sonrió de forma burlona como si no le importara y se limpió
la sangre de los labios, me miró con codicia y se marchó.
− ¡Realmente espero con ansias ver como progresa el
juego! − dijo en voz alta y justo antes de entrar en su convertible se regresó
a mirarme con una mirada confiada y me dijo algo que me helo la sangre sólo con
el movimiento de sus labios y sin especular sonido alguno. Trate de ignorarlo
apartando mi rostro al lado contrario del suyo.
Me dirigió una sonrisa bromista un momento y entro
en su convertible. Al regresar la mirada éste se alejaba. Con solo recordar sus
palabras me estremecí, pero al mismo tiempo creí que sería interesante con sus
palabras rebotando en mi mente “El juego
comienza y seré yo quien gane, llevaremos esto al límite, voy en serio lo has
visto y sentido ahora”
Cerca de ahí en ese momento…
− ¿Realmente está bien dejar pasar esto por alto,
Señor? Ya ha regresado después de todo.
− Mmm… No te preocupes, ya arreglare cuentas…
− Señor… ellos
casi nos localizan, debemos movernos o la encontrarán… − advirtió Hendrick.
− Lo sé, no puedo acercarme a ella por ahora,
vámonos. – ordené. Hendrick se adelantó un momento y me detuve a observarla un
momento con solo verla era feliz, aunque fuese unos segundos. – arreglaré esto
por ti, Alizée…y volveré por fin por ti. – susurré, entre la oscuridad de la
noche y la luna como mi único testigo.
Alizée R.
Una
semana después de la salida con León me encontraba en La gran plaza de
Bruselas, Bélgica. Me encontraba en aquella bella ciudad debido a mi trabajo en
una sesión de fotos para la marca Burberry como Alizée Bridgeman era una de los
modelos para la colección otoño – invierno pero solo accedo a este tipo de
propuestas de trabajo para anunciar sin negociar para pasarela, debido a que
saben mi respuesta. Mientras me encontraba en mi descanso Eugene se acercó a mí
discretamente.
– Alizée,
alguien quiere verte. Es urgente…
– ¿Qué? Estoy en medio de mi trabajo no puedo salir
ahora y lo sabes ¿Quién es? – pregunté nerviosa.
– Emm… creo
que tendrás que verlo tu misma – replicó su última palabra y se fue.
Me dirigí a donde se suponía se encontraba mi gran visita
y al observar aquella persona que se encontraba de espaldas pude divisar de
inmediato el cabello castaño claro y ondulado, aquella persona levantó su brazo
derecho tratando de cubrirse el rostro del resplandeciente sol aunque ni eso me
pudo ocultar aquellos ojos esmeralda.
– ¿León? ¿Qué haces aquí? ¿Quién te dijo dónde
estaba? – gruñí.
– No tenia idea de que buscarte sería un crimen
eres mi novia después de todo, tranquila que he venido por ti para que me acompañes
a cierto lugar – ordenó.
− ¿Qué? ¡Estoy en medio del trabajo! − Repliqué.
− ¡Oye! ¿De casualidad no eres León Von Rausenbach?
− preguntó el fotógrafo.
− Si, así es. − afirmó dando su falsa sonrisa barata
de actor.
− Oh ¿eres el novio de Alizée? ¡No me lo puedo
creer! Pero bueno ¿Quién mejor para mi modelo estrella que como su novio el
mismo León Von Rausenbach? ¡Un sangre azul de Inglaterra y gran Actor de
Europa! – exclamó derrochando felicidad el fotógrafo a cargo.
− ¿Qué? − refunfuñe − planeaba decir que no era mi novio pero luego
recordé el trato así que no pude reprochar nada, pero a pesar de eso nadie
parecía escucharme, pues todos estaban más atentos en ver al “Príncipe
Revolucionario”.
− De hecho vine aquí para visitar a mi hermosa NOVIA
Alizée y salir por un momento pero me dice que esta muy ocupada así que… − dijo
enfatizando la palabra “NOVIA”.
− ¡No para nada! Haz venido hasta aquí por ella que
romántico ¡Alizée puedes irte pero con
una condición para ambos! Que pasado mañana que reanudemos la sesión, nos
encantaría que León salga a tu lado para los carteles y revista como la
colección de otoño – invierno, Si León está de acuerdo claro, los encargados
han dado su aprobación − sugirió o más
bien decidió mirando con ojos de borrego a medio morir por que aceptara.
− ¿Qué? Pero… − Sin poder responder ni dar mi
opinión, se vio opacada por la respuesta de León.
− Estaré encantado de hacerlo, ahora si nos
disculpa debemos ocuparnos de algo − afirmo.
Una vez me sacó de la sesión, me arrastro con él
hasta el centro de Roma, Italia. Caminamos lentamente por las bellas calles de Roma,
en una escena normal sería romántico pero… en esta ocasión tenía a un verdugo
en lugar de una pareja obligándome a acompañarle por las calles. Se dispuso a
mirar las tiendas que por ahí se encontraban pero a las únicas que miraba eran
Jugueterías, temía que hubiese empezado desde mucho antes a elegir los juguetes
para nuestros hijos o algo. En el proceso de la caminata comenzaron a caer
gotas de lluvia al comienzo tan lentas que apenas podíamos sentirlas pero
entonces León se detuvo de pronto y se quedó mirándo al vacío un buen rato como
si se hubiese quedado congelado con solo sentir las gotas de agua.
− ¡Hey! ¿Qué sucede? ¿Me trajiste aquí solo para que
te congeles al caer la lluvia? − pregunte de mala gana. – Entonces me iré yo
por mi cuenta, aún no entiendo para qué tenían que sacarme de trabajar solo
para esto ¡Ésta supuesta relación es una estupidez! – confesé mientras me
alejaba de él aún congelado y confuso pero no logré caminar mucho antes de que
él me tomase fuertemente de la mano y llevándome casi a rastras por las calles.
− ¡He dicho QUE VIENES CONMIGO! – Gruñó mirándome
como un loco psicópata.
− ¡Oye! ¡¿Qué te sucede?! ¡SUELTAME! − gruñí, pero
no me soltaba y ni siquiera me daba la cara, yo comenzaba a sentir un dolor
agudo, martirizante y que me quemaba la piel así que no me dejo otro remedio
que defenderme.
− ¡Ah! ¿QUÉ
DIABLOS SUCEDE CONTIGO? − gritó de
dolor, regresándome una mirada confusa, como si se hubiera ido de la realidad
pero me soltó y logré marcharme, la lluvia comenzó a caer a cantaros pero él
repentinamente se quedó inmóvil mirando al cielo sin preocuparse si me marchaba
era como si se hubiese ido literalmente de la realidad. Mientras la palma de mi
mano ardía y se enrojecía, yo solo podía pensar en regresar a mi casa sin que
nadie se diera cuenta de mis heridas, sin embargo no podría ir a ningún
hospital, afortunadamente debido a mi naturaleza ni el dolor ni la herida eran
tan severos, podría curarse en unos días pero no estaría bien para pasado
mañana.
León me alcanzó tan pronto me marché y me tomo sorpresivamente
de la muñeca con su mando ardiendo, me regreso bruscamente contra su pecho, me
jaló con tal fuerza que me abrazó y estuvimos así unos segundos e hice un
chillido de dolor cuando sentí sus brazos sobre mi espalda al momento de
abrazarme la cual quemó tan severamente como la palma de mi mano dejándome una
enorme cicatriz, sentía como el fuego en sus brazos se carcomía la carne de mi espalda
¡¿Qué diablos ocurría con él?!
− ¡¿QUÉ RAYOS HACES?! ¡ME ESTÁS QUEMANDO LEÓN!
¡LEÓN! ¡SUÉLTAME! ¡¿ACASO QUIERES ASESINARME IDIOTA?! – Le exigí, pero su
mirada estaba ida, no respondía y sólo susurró una sola palabra que ni siquiera
yo entendía “Perdóname” así que volví
a defenderme con la misma agresividad con la que él me atacó y sólo así volvió
a soltarme.− y sin siquiera regresar la mirada salí corriendo de aquel lugar.
Al regresar a mi
trabajo, la palma de mi mano, mi muñeca y mi espalda se encontraban en proceso
de sanación, el fotógrafo nos esperaba pero al verme llegar sola y tan indispuesta
decidió no preguntar, afortunadamente la temporada era otoño – invierno o
habría sido un gran problema si el fotógrafo se daba cuenta de mis quemaduras,
terminé la sesión y regrese a mi casa en Inglaterra. Una semana después del
incidente Eugene me llamó para salir a comer y una vez que salí, mi gran
sorpresa fue encontrarme no solo con Eugene sino con el bruto de León.
− ¿Eugene? ¿Qué hace ÉSTE aquí? − repliqué
tocándome inconscientemente la mano con las heridas aún muy recientes.
− Bueno, cuando llegué aquí me sorprendí tanto como
tú – contestó apenado.
− Vine porque necesito que hablemos.
− ¿Crees que estas en condiciones como para pedirme
eso? ERES UN PATÁN. – Reclamé.
− NECESITO TU OPINIÓN, pero debemos hablar ¿Podemos
ir a otro lado?– sugirió haciéndome ver que Eugene ya había puesto mucha más
atención.
Finalmente terminé aceptando no era bueno que
discutiéramos frente a Eugene además de que si mis hermanos se llegaban a
enterar seguramente serían capaces de venirse como fuese y Eugene se hubiese convertido
en su complice de haber visto lo que había ocurrido conmigo.
− Tal vez ahora puedas explicarme ¿qué diablos pasa
contigo?
– No es algo fácil de explicar y realmente no hay
tiempo para eso ahora – respondió mientras avanzaba caminando a paso veloz
delante de mí y entonces paró de pronto.
– ¿Y qué hacemos aquí? − gruñí.
− Es solo que… necesito tu ayuda en algo − repuso
avergonzado.
− ¿En que? Hay que terminar con esto de una vez −
le ordené.
− Bueno necesito conseguir un buen regalo de
cumpleaños, mi hermana menor me ha confiado que le regale algo de mi elección
y… honestamente no quiero decepcionarla pero, cuando se trata de mujeres soy
experto pero cuando se trata de una niña de tan solo ocho años no tengo idea
¿entiendes? − me miró con ojos confusos.
− Mmm... ¿No has pensado en darle una muñeca o algo
así?
− Si, de hecho le pregunte directamente lo que
quería pero solo me dijo “estoy segura que lo que me regales estará bien,
confío en que sabrás elegir bien”. Honestamente lo de una muñeca fue lo primero
que se me ocurrió pero ella ya tiene muchas en casa.
− Mmm… ¿Cómo se llaman tus hermanos? – indagué, al
escucharlo hablar solo sobre el regalo de cumpleaños de su hermana y sin
mencionar a su hermano menor, ambos eran mellizos por lo que lógicamente su
cumpleaños era el mismo día, entonces me pregunté si no lo había mencionado por
su inexperiencia comprando obsequios de cumpleaños solo para niñas pequeñas o
había algo más.
Antes de seguir con la conversación realmente me
dio curiosidad en preguntarle sobre lo sucedido hace una semana pero una parte
de mi me lo impedía, algo me decía que no era el momento y decidí seguir con la
conversación como si nada hubiese ocurrido y tal vez más adelante me contaría
lo que le sucedía.
− Alec y Emma.
Por cierto, cuando nos conocimos tu padre menciono que tenías hermanos dijo que
serían un problema si se enteran de esto ¿realmente son tan celosos? − indagó
igualmente no pensó en quedarse atrás.
− Los gemelos… – susurré mientras sus rostros
venían a mi memoria.
− ¿Pasa algo?
− No, es solo que no les he visto por un tiempo y
les extraño pero no puedo volver por ahora − admití con tristeza. – Es solo que
poco antes de venir tuve una pelea con ellos. Son hermanos sobre protectores muy enfermizos, créeme si te
conocen y se enteraran de que intensiones tienes conmigo seguramente ya
estarías bajo tierra quién sabe donde − confesé.
− Pero ellos… son humanos ¿no?
− Si, lo son. ¿Por qué lo preguntas?
− Por que aunque quisieran no podrían hacerme nada,
yo no soy humano − sonrió despreocupado. – Aunque es extraño, a veces me dan la
impresión de que no podrían ser humanos.
− Eso es cierto − sonreí por primera vez frente a
él al imaginarme lo que habrían intentando. – Yo también en ocasiones pero, no
han mostrado jamás ninguna especie de poder o cambio extraño en su físico. −
Por cierto, los mellizos ¿son como nosotros?
− Eso lo averiguarás por tu cuenta el día de nuestro
compromiso oficial − afirmó lleno de confianza, algo que yo tendía a ignorar,
por que simplemente no me interesaba. − ¿Y cómo son tus hermanos? He escuhado
mucho de los “Darks” Son muy famosos, mi campo jamás fue el modelaje pero he
incursionado en ello, y debo decir que siempre ellos han sido la primera opción
para las mejores marcas aunque saben que lo más probable es que no acepten
debido a su arraigada fidelidad con Burberry. Siempre he tenido curiosidad por
conocer a tan singulares humanos.
− Son unos
gemelos bastante astutos, no creerías todo lo que han hecho por “protegerme” no
les importa ser castigados por el mismo DIOS o hacer un pacto con SATÁN harán
lo que sea y eso a veces me asusta. Aunque naturalmente mi padre quería
desheredarlos, pero es un hecho que su título no puede ser negado a un
verdadero heredero, y como sus únicos varones son gemelos es natural que no
pudiese hacer mucho al respecto, ellos son atrevidos en cada decisión que tiene
que ver conmigo y eso solo molesta más a mi padre y por eso… ha decidido vivir
algo alejado.
− Vaya, me encantaría conocerlos… suenan asombrosos
para ser humanos, me pregunto si se opondrían a nosotros. Parece que no soy el
único que se está revelando a las ataduras de éste mundo tan ridículo en el que
terminamos naciendo.
Mientras platicábamos acerca de nuestra niñez
siendo como somos nos resultó fascinante a ambos, puesto que uno casi nunca se
topaba con alguien con la misma naturaleza era sumamente raro. Por un momento
nos dejamos llevar por la conversación y seguimos caminando sin darnos cuenta
por las tiendas por donde pasábamos. Hasta que nos detuvimos hasta el final de
la manzana y en el momento del cruce entre una manzana y otra nos percatamos de
nuestra torpesa. Nos reímos juntos, regresamos y a lo lejos divisé una tienda
preciosa que habíamos dejado pasar por alto fui la única en detenerme y León
seguía caminando. En una de las letrinas había todo tipo de regalos para niñas
en donde se encontraba una bajilla de juguete, un oso de peluche con un listón
en el cuello rojo, además de muchas otras. Me quedé observando el estante
varios segundos y sin darme cuenta León ya se encontraba a mi lado pero me
percate de su presencia hasta que habló después de aquel gran momento de
silencio en el que parecía perderme en mis recuerdos sin saber el por que.
Por
un instante divisé un par de hermosos e inusuales collares con un dije que
llamo por completo mi atención con un diseño tan similar. Normalmente nunca me
fijaría en unos simples collares pero de forma extraña me eran fascinantes. Y
fue entonces repentinamente sentí una enorme punzada en el pecho, como si de
pronto mi corazón se hubiera paralizado, no podía moverme hasta que me desvanecí.
No pude ver mucho ni siquiera sabia en donde estaba o lo que ocurría.
En mi extraño
momento de inconsciencia observaba como si de un sueño se tratara, observe a
una mujer colocar unos collares en la palma de dos personas, no se quienes eran
solo sé que eran pequeños no tengo idea si eran a niños o a niñas, ambos los
apretaron con fuerza la mano que sostenía los collares y los abrazó con fuerza.
No pude observar bien los dijes pero aquella escena me estremeció como nunca
antes había sentido. Recibí otra punzada en el pecho y en la cabeza donde me
dolió mucho más, fue entonces cuando pude moverme, tome mi cabeza con ambas
manos haciendo señal de cuanto me dolía en cuanto lo hice mi corazón el cual se
había paralizado por unos instantes comenzó a latir como loco, temía que algo
malo me ocurriera esto jamás me había ocurrido ¿qué fue lo que paso? ¿Por qué
mi corazón se sentía tan extraño? Estuve a punto de tirarme al piso pero decidí
no hacerlo, era algo que yo debía afrontar. Mis ojos se encontraban
desorbitados por el dolor.
− ¡¿Alizée?! ¡¿Alizée?! ¡¿Qué sucede?! ¡¿Alizée?!
¡Responde! – preguntaba histéricamente León alterado conmigo entre sus brazos
evitando que cayera a la banqueta.
Me encontraba
con León nuevamente a quien había olvidado por un instante con solo ver aquellos
collares tan extraños. Una vez pude reincorporarme pensé que debía hacer algo
para que León no sospechara de mis males de salud. Los he tenido desde que
tengo memoria aunque no creo que sea por parte de mi organismo es algo que no
entiendo pero solo me ocurre muy pocas veces aunque los doctores habían dicho
que no era nada grave podía llegar a recaer si no estaban al pendiente pero
sabía que eso no sería necesario porque algo me decía que no era nada medico. Nosotros
los ángelus sabemos que la mayor parte de las enfermedades de los humanos son
sólo mentales, así que por mucho tiempo sólo mantuve mi pensamiento positivo y
todo fue bien.
− Yo… estoy bien. No te preocupes esto me pasa a
veces, no es nada − afirmé.
León me miró incomprensivo por unos largos instantes
sin comprender mi decisión. Odiaba que la gente se preocupara de más por mi
causa, siempre era lo mismo; mis hermanos, Eugene, mis tíos, mis abuelos… la
familia completa de mi madre. Odiaba cuanta atención me daban, simplemente
deseaba con todas mis fuerzas que se olvidaran por primera vez de mi existencia
y que vieran más por ellos mismos. Estoy harta de recibir tanta atención, uno
pensaría que recibir la atención de toda su familia, amigos e incluso,
desconocidos es como… si una fuera una reina que sería lo mejor del mundo pero
eso a mi me ha llegado a cansar incluso recibir tanta atención cansa
emocionalmente a un grado que podría haber perdido la cabeza. La atención que
la gente me prestaba la odiaba.
− Está bien, si eso es lo que harás aún cuando te
pida que nos marchemos… entonces creo que no hay opción. Será mejor que sigamos.
− Lo siento, es solo que… por primera vez nos
podemos llevar bien, somos de la misma naturaleza lo cual es muy raro
encontrarse con personas así y lo sabes. Odio que la gente se preocupe
incesantemente por mí solo por mi linda cara y cuerpo eso es lo de menos, solo
mi familia me quiere por lo que soy, el resto del mundo solo ven lo que soy por
fuera y ni siquiera se preocupan por lo que siento o no ¡estoy harta! − confesé.
León se encontraba sorprendido, él había tenido una
vida difícil, tal vez no tanto como la mía pero igual e incluso más dura… podía
adivinar casi lo que pensaba, podría ser justo lo que yo también pensaba algo
como… “siempre creí que sólo yo me sentía de esa forma, durante mucho tiempo
prácticamente desde que naces te sientes frustrado pues siempre habrá gente a
tu alrededor aunque uno no lo desee así. Supongo que después de todo no es tan
diferente a mí. Es la primera vez en mucho tiempo que no me sentía tan relajado
con alguien.”
Pero León, seguía ocultandome algo… y su oscuro
pasado tenía mucho que ver con el hecho de ponerse tan extraño y de forma
inconsciente como suponía de lastimarme, algo que ni él mismo se sentía capaz
de hacer jamás.
León se regresó
a verme impresionado, ni siquiera yo… podía creer lo que decía ¿que era lo que
pasaba? Yo… nunca decía lo que sentía ¿que era distinto ahora? La única
diferencia es que León era como yo. ¿Tenía algún efecto en que fuese alguien
como yo? Eso era algo que aún no comprendía… no hasta aquel concierto que marcó
el sentimiento y la rivalidad.
− Lo entiendo, a mí siempre me vieron como un
príncipe, bueno a pesar de ser ahora el renegado de los de sangre azul, creo que
no importa que haga… la gente jamás deja de preocuparse por mí. Pero deberías
entender que si la gente nos quiere más de la cuenta es normal, que llamemos
más la atención es normal, pero eso es bueno por que te sientes querido y no
marginado por que aunque supieran lo que somos no nos harían daño al menos no
algunas personas. Sé que no somos humanos, que somos seres superiores a ellos
en todos los aspectos solo hay una pequeña falla en nosotros… nosotros no
SENTIMOS amor, cariño, apego o felicidad al estar con gente que no sea de
nuestra sangre o naturaleza y esa ES NUESTRA MALDICIÓN.
Me quedé mirándolo unos instantes. Por un momento
me pareció verle de nuevo un poco… distinto, sus matices salían minuciosamente
por cortos instantes. Me miró con aquellos ojos color esmeralda que me habían impresionado
desde que le conocí, por un pequeño instante sentí que me miraba distinto ya no
como un objeto, o al menos eso creí por aquel instante.
− Si, lo sé, eso es lo primero que todos nosotros
aprendemos a la edad de cinco años por parte de nuestros padres explicándonos con
el ejemplo de una almeja y el amor… por medio de la historia de Peter pan. − Al
escuchar aquello de lo de NO SENTIR recordé rápidamente aquellas palabras que
mi madre alguna vez me mencionó cuando era pequeña, aunque al principio no lo
comprendía debido a que solo tenía tres años de edad y era recordado como algo
vago en mi mente pero que rápidamente se volvió claro.
Mi pequeña Alizée
nosotros somos como una pequeña almeja, una almeja adornada de las perlas,
rubíes y joyas más hermosas de la existencia que a muchos humanos hipnotizan,
por eso aunque te desagrade la mayor parte del tiempo, ellos siempre querrán
estar a tu lado, querrán ser tus amigos, querrán ser algo preciado para ti,
pero el hecho de tener tantos humanos a tu alrededor intentando fervientemente
por que los ames, es por eso que dentro de todos nosotros (seres angelicales) nos
sentimos completamente huecos, no podemos dar nada, tanto que incluso podemos
llegar a pensar que nuestra propia sombra nos abandonaba, somos como Peter
pan un pequeño niño que se encadeno y se volvió miserable por cierta
maldición, volando solo por las noches, tratando de encontrar aquello que lo
hiciera sentir completo y no renunciar a sí mismo… encontrar a su campanita,
esa persona será tu compañera, tu propia “campanita”, eterno aunque siempre te
encontraras con muchas Wendy’s tarde o temprano encontrarás… a tu campanita, tu
compañero de toda la vida. Así que no olvides que una Wendy… casi siempre
termina por marcharse por que siempre pide más y más, sin embargo campanita
siempre estará a tu lado, el día que encuentres a ese alguien que a pesar de
todo decida pasar contigo los días felices y tristes entonces él será tu
campanita.
Esa era la historia que todos los padres contaban a
sus hijos con esta naturaleza en cuanto estos comenzaban a pedir respuestas a
la edad aproximada de dos años tal vez podía sonar cruel y extraño de contar para
niños humanos de solo dos años pero con los niños de esta naturaleza era como
ser un científico en busca de respuestas, curiosidad y comprensión, somos de
una naturaleza superior intelectualmente y en estética pero acerca de
SENTIMIENTOS éramos los más ignorantes. Recorrimos la tienda de arriba abajo y
finalmente León eligió el regalo perfecto para la madura Emma.
De camino a mi casa León parecía callado casi no
hablaba y eso comenzaba a preocuparme un momento estaba muy abierto y en otras
ocasiones parecía no querer platicar de nada cuando el silencio se rompió.
− Alizée… lo siento, siento haberte lastimado el
otro día, déjame ver tu palma y muñeca − confesó y moviéndose rápidamente para
verla.
− Ah… ¡Ah! − grité al momento de sentir el contacto
directo de su mano con la mía, el dolor seguiría ahí por un tiempo y tuve que
ingeniármelas para que Eugene no se diera cuenta. Al verlo tan angustiado
sentía que no sería buena idea mencionarle que no sólo me había herido en mi
mano sino en toda mi espalda −…está bien se ha estado recuperando, recuerda lo
que soy, no somos tan vulnerables.
− Lo sé, es solo que ni siquiera recuerdo en que
momento perdí la razón, hiciste bien en haberme atacado de no haberlo hecho no
sé hasta donde hubiese llegado en ese instante, gracias. − respondió algo
avergonzado y molesto.
De camino a la
residencia Bridgeman, León se encontraba pensativo y supuse era en lo sucedido hace
una semana, preguntándose ¿realmente trate de lastimarla a tal grado? Eso aún
no le cabía en la cabeza ¿Cómo sucedió? Y de inmediato decidió hacer memoria,
recordó como me arrastró hasta el centro de Roma, como inesperadamente cayó un
chubasco repentino y el cual lo dejó inmóvil y entonces la recordó… aquella que
por primera vez lo había hecho sentir tan dichoso pero que le destrozó el alma
al ver como ella se suicidaba en medio de una tormenta. Aquel evento traumático
que lo había dejado marcado y que había creído superado había vuelto, y para él
había sido tal el shock, al ver las heridas que él había provocado en mi cuerpo
que le nació disculparse y ver mis heridas, él sabía que seres como nosotros
sanamos bastante rápido y que si le hubiese hecho algo así a un humano
cualquiera sin duda se hubiera retorcido de dolor y hubiese tenido que ir al
hospital pero en seres como nosotros tendemos a sanar con mayor rapidez y sin cicatriz
alguna. Hacía tiempo que él había comenzado a sentirse extraño e incluso ya no
se estaba sintiendo como él mismo últimamente, se preuntaba una y otra vez lo
que le ocurría y su clave era ese extraño sentimiento que comenzaba a ahogarlo
debido al último suceso, la culpa. El chico pensaba que la culpa no debería ser
algo que sintiese pero al juzgar por las definiciones que conocía, los
“síntomas” en su caso lo era, era un sentimiento de
responsabilidad hacia lo que me había hecho. Así que en cada ocasión que se
ponía pensativo las mismas preguntas y respuestas recorrían su mente ¿Por qué
siento culpa? NO debería sentirlo ¿Por qué? ¿Entonces ella me importa?... ¡NO! ¡ME
NIEGO a que eso pase!
Varias semanas después
y citas con León, en primera debido al acuerdo de mi padre de tener que salir
con el por tres meses, la segunda tenía un juego que ganar a otro don juan que
se cree invencible y la tercera es que a pesar de todo con el tiempo he llegado
a notar cambios en León su mirada posesiva se ha vuelto suave y lo he visto
sonreír más, el aura a nuestro alrededor ya no se sentía pesada e incómoda. Así
que en la penúltima de nuestras citas puesto que los tres meses estaban por
cumplirse me pregunto algo curioso.
− Alizée… siempre quise preguntarte una cosa −
admitió un poco serio y prosiguió − Bueno… Ahora que ya hemos pasado tiempo
juntos ¿Qué piensas de mí? Sé en qué tipo de concepto me tenías así que… ¿Cómo
ves este juego? ¿Quién crees que lleva la delantera?
− ¿Qué? ¿De verdad me estás preguntando eso ahora?
− respondí confundida e irritada, justo cuando creí nos volvíamos unidos me
daba una bofetada que me decía “¿En qué diablos estabas pensando?”
− Sí, bueno esto es un juego Alizée te lo aclaré
desde el comienzo y es algo en lo que hasta tú estuviste de acuerdo. Aunque…
admito que has sido fuerte y que no te he engañado en nada sobre lo que hemos
platicado y lo sabes a la perfección al verme a los ojos, hasta ahora has sido
la más difícil en mi lista y confieso que me siento un poco ofendido, toda mi
vida fui acosado e incluso me han amenazado para que salga con ellas y ahora llegas
tú y me haces sentir un rechazado – confesó soltando una carcajada por un
momento y prosiguió. – Lo que quiero saber es… si crees que llevas la delantera
en este juego, después de todo tu mirada de decepción al encararte con nuestro
trato me ha dicho de más. − confesó con la mirada seria al frente.
− ¿Qué? Creo que el que se ilusiona eres tú... –
respondí en calma aunque en el interior me sentía irritada, creí que realmente
se estaba abriendo a mí… pero al encararme ahora con lo de la apuesta es como
decirme “¿Sabes? Yo no estoy jugando, pues ya estoy sin si quiera darte cuenta,
ganando ahora”.
− Sobre eso… − murmuró señalando con la mirada a
nuestro alrededor con multitudes de personas que nos observaban y murmuraban
entre ellas, temía que los medios de comunicación nos reconocieran y lograrán
captarnos. − Creo debemos hablar de eso más tarde en privado, no es conveniente
para nadie que nos relacionen de manera sentimental por ahora – sugirió, así
que nos marchamos antes de que alguna de estas personas decidieran tomar una
foto y distribuirla por internet lo cual nos ocasionaría problemas. – Además…
esta conversación es necesaria, nuestro tiempo terminará en pocos días… − me advirtió.
Momentos después de que León me dejase sana y salva en casa, Eugene me había
dejado una invitación en mi alcoba, algo extraño que sin duda no podía dejar
pasar pues el remitente era de la familia Rausenbach, al leer el contenido
resulta que había sido invitada a la lujosa fiesta de los mellizos, aunque me
resultó extraño que León no lo hubiese mencionado pero a decir verdad no
planeaba ir, sin embargo Eugene me recomendó que lo hiciera pues de no hacerlo
era seguro que mi padre se enteraría y así sin más tuve que acceder.
Una semana más
tarde llamé a la muchacha, la cual me ayudó a alistarme para la fiesta de los
mellizos colocándome un vestido de mi diseñador favorito sin duda era un
vestido precioso me encantaba en especial porque adquiría mi color favorito el
azul, con escote y el largo justo a mi medida. Me aliste enseguida y me recogí
el cabello, algunas de las criadas me ayudaron me sentía extrañamente…
¿emocionada? Les agradecí y me encaminé de inmediato a la salida, me despedí de
Eugene y me encaminé a la fiesta.
Una
vez habíamos llegado a la enorme mansión de los Von Rausenbach ya había caído
la noche, la camioneta se aproximó hacia la mansión la cual se detuvo frente a
la entrada de ésta última, me abrí camino al evento en el cual ya se encontraba
una multitud y de entre la gente que podía observar muchas caras me eran
familiares en su mayoría eran aristócratas con sus respectivos hijos era
increíble jamás había visto a tanta gente aristócrata reunida, excepto en las
bodas reales algo que no ocurre muy amenudo quienes no estaban lejos de
reflejar un cuadro perfecto de la realeza como si de un cuento de hadas se
tratase. Al entrar al lugar, sabía que debía enfrentarme a las millones de
miradas que siempre me incomodaban pero era algo con lo que tenía que lidiar
desde mi nacimiento así que a estas alturas era algo común, de inmediato divisé
a León pero aún cuando me acerqué a él durante un largo instante que parecía no
terminar León se mostraba indiferente y a decir verdad algo lejano, como si nunca
hubiésemos pasado tiempo juntos, como si fuésemos completos extraños, de alguna
forma me molestaba aunque sabía que no debía.
− ¿Cómo supiste del evento? − preguntó de mala gana
sin si quiera mirarme.
¿Pero que era esa actitud? En un momento se comporta
tan atento y hasta se atreve a apostar mi futuro a su favor y ahora de verdad
se comportaba como un imbécil, esa era la clase de conducta que me irritaba de
él, no tenía idea de cuales eran en realidad sus intenciones pero si trataba de
conquistarme NO lo estaba logrando.
− ¿No debí presentarme? ¿Es a lo que te refieres?
Bueno, no es como si viniera por gusto, mi padre me vigíla y por el momento
aunque te moleste tanto al menos por mi parte estoy “tratando” de que esto
funcione, pero relájate pronto esto terminará y aunque ninguno de los dos gane
este estúpido juego, tengo otros planes que no te incluyen en lo absoluto. –
respondí con crueldad y orgullosa al poner a alguien como él en su lugar. Éste
ni siquiera se regresó a mirarme pero sabía que con su personalidad aunque lucía
insípido, no soportaría que su “conquista” lo despreciara pero no iba a dejar
que alguien me tratara como un trapo, entonces éste solo se alejó de mí hasta
perderlo de vista algo que sin duda me complació, “uno menos” − pensé para sí. Cuando inesperadamente detrás
de mi apareció un niño quien me detuvo tomándome del vestido.
− ¿Tú… eres? − pregunto con voz fría y curiosa.
− ¿Eh? Ah… Soy Alizée Bridegeman, hija del Conde de
Bradford − aclaré con voz baja.
Aquel niño de unos once años quien iba vestido como
todo un aristócrata de la época victoriana me miró durante unos instantes. Era bastante
lindo, a decir verdad era un poco similar a León tenía el cabello ondulado,
corto y rubio oscuro. Pero por la forma que me miraba parecía algo sorprendido.
− ¿Alizée? Entonces… tu serás… − ¡Joven amo! –
gritaron interrumpiéndolo a media frase, el pequeño volteó un momento e ignoró
aquella voz.
− ¡Joven amo! ¡Le he estado buscando durante mucho
rato! ¡Sus padres preguntan por usted! – exclamaba una joven sirvienta.
− ¡Vete! ¡Diles que volveré cuando me desocupe! −
aclaró aquel niño con voz demandante como si se tratase de un rey ordenando a
un sirviente a su corta edad. − hizo una gran pausa − ¡espera! Antes de que te
marches diles que he elegido a mi acompañante. La hija de Conde de Bradford −
ordenó a su sirviente.
− Pero joven amo… eso no…
− ¡Cállate! He dicho que será ella y es todo, solo
avísales eso a mis padres que ya he elegido − ordenó.
− Joven amo… por favor… debe volver sus padres
deben de estar por venir. Luego podrá presentarles a los señores a su
acompañante, la fiesta está por empezar − tartamudeó el sirviente.
− Está bien pero quiero que la escolten para que
esté cerca de mí y solo conmigo hoy − ordenó.
− Como usted ordene Joven amo − dijo intimidado −
por aquí señor…
Me quedé sin poder decir nada aunque tenía que
reclamar y lo sabía a la perfección decidí no hacerlo, no era la primera vez
que me ocurría excepto que no me había tocado con un chico de la nobleza.
Aunque aquellos encuentros eran menos problemáticos. Me vi obligada a
acompañarlo todo el camino pero no tardé mucho para darme cuenta en la
situación en la que ahora me encontraba el pequeño niño era Alec el hermano
menor de León y mellizo de Emma. ¿Cómo demonios fui a parar a aquí? Una vez
llegamos Alec se acercó a su hermana melliza quienes se tomaron de las manos se
veían bastante unidos por un momento me hicieron recordar a mis gemelos. Emma
me miró extrañada por el hecho de que su gran y apegado hermano ahora estuviera
tomando la mano de alguien más, pero si tuviese que describir como era que me
observaba podría decirse que me miraba simplemente curiosa no parecía que me
mirara enojada eso me tranquilizó un poco, porque me hizo recordar algo que
había sucedido hace tiempo con los gemelos y que había sabido por buena fuente
que los gemelos que son demasiado unidos incluso llegan a ser dos entidades que
casi siempre se hacen una sola tienden a celarse si alguien más se adentra
demasiado en las atenciones del otro eso sucedió ya hacia tiempo y lo recordaba
bien.
Cuando me
encontraba en tercer año de la sección primaria… un día por la mañana vi a Edmund
algo preocupado a tal grado de que por una extraña razón no se había lanzado a
abrazarme como lo hacía habitualmente eso me extraño pero en parte me alegró
por que creí que ellos, estando ya en primer año de la secundaria por fin
lograría quitármelos de encima. Así que decidí ignorar aquel suceso, al salir
de la academia volví a notar extraño a Edmund pero lo que noté era que solo
miraba una carta que tenía en la mano fue entonces que decidí que era hora de
averiguar que era lo que le ocurría así que me aproximé a él y le pregunte que
ocurría, éste se colocó a mi altura y me colocó los brazos en los hombros
acercándose a mi diciendo “Ah, Alizée ¿ya estás dispuesta a aceptar mis
sentimientos?” dijo estúpidamente, me enoje y le aclaré que lo único que
quería saber era que ocurría con él y aquella carta, se levanto, se giró
dándome la espalda y entonces me dijo “no
es nada importante, es algo entre Leonard y yo; por favor no te preocupes, lo
arreglare” fue lo último que me menciono y me ordenó esperar en el auto que
siempre nos llevaba a casa que esperaba por nosotros siempre al salir de la
academia. Me encontraba sentada esperándolos pero era extraño, Leonard y Edmund
no habían llegado así que decidí volver para buscarlos. Mientras recorría el
jardín de la escuela logré ver a Edmund parado como una estatua indiferente y
frió como me asustaba verlos dado que conmigo siempre eran alegres y traviesos
me asustaba que se pusieran así de indiferentes lo odiaba. Comencé a acercarme sin que me notara y cuando logré
esconderme detrás de unos arboles entonces lo supe, todo esto se trataba de una
chica que le había mandado una carta de amor diciéndole cuanto quería estar a
su lado y que quería decírselo de frente y averiguar que pensaba de ello. Pero
lo curioso es que aquella chica le llamo Leonard, él no era Leonard era Edmund ¿qué
hacia Edmund ahí? ¿Qué es lo que se proponía? Fue entonces que Edmund se digno
a hablar “así que… lo que dices es que…
¿quieres salir conmigo?” la chica se ruborizó y asintió con la cabeza, lo curioso era… que esa chica
había comenzado a hablarme hace ya un tiempo… su nombre era Lisa. Era una chica
también de primer año de secundaria me parecía una chica amable pero al mismo
tiempo sentía que tenía otro tipo de intensiones el simple hecho de hablarme de
la nada hasta que se entero de quien era hermana. Pero eso fue algo que no me
preocupaba puesto que nunca simpatizaba con la gente sino mas bien ellos
conmigo lo cual siempre me irritaba un poco, acerca de sus intensiones conmigo
era algo que me tenía sin cuidado no era precisamente alguien que me importara.
Edmund la miró
seductoramente y se acercó a ella diciendo “mmm…
es una propuesta interesante además del hecho de que… supe por ahí que te
llevas con nuestra Alizée” la chica lo miró sorprendida y asintió así
entonces prosiguió “pero sabes… a Leonard
no le interesa salir con nadie… pero cometiste el error de colocar esta carta
en la banca equivocada” Lisa se sorprendió al oírlo y agachó la cabeza
apenada “¿sabes lo que es más odioso? No
es que me hayas confundido con mi hermano sino… que hayas usado a nuestra
Alizée para acercarte… ¿crees que no lo
sabemos? No eres la primera que ha intentado usarla, eso es lo que más ODIAMOS
de chicas como tu.” No me sorprendí en lo absoluto muchas personas querían
estar cerca de mi todo el tiempo pero la mayoría eran chicos, las chicas con
las que hablaba eran solo las de mi grupo pero casi nunca de secundaria esto
comenzó desde que mis hermanos cursaban el primer año y ya había ocurrido
muchas veces pero no tenía idea de que se tratara de algo como esto. Lisa se
avergonzó y desvió la mirada aturdida “¿Dónde
está Leonard?” preguntó Lisa, “¿Dónde
está? Se lo conté pero fue el más disgustado en todo esto pues se entero por
medio de Alizée cuanto le habías preguntado sobre él, enfureció y me dijo que
me encargara pero por lo visto no has podido ni siquiera diferenciarnos… te
diré esto una sola vez es lo que dijo Leonard, aléjate de Alizée y de nosotros o nos encargaremos de ti
¿entendido? Si querías tener alguna relación con mi hermano no debiste
acercarte a Alizée y utilizarla para
acercarte a nosotros. Alizée es lo más
preciado que tenemos y nos molesta que la utilicen así que te lo pido de la
mejor forma y esta es tu primera llamada.” Me impresioné al ver a Edmund
tan irritado, por un momento los sentí completamente ajenos a mi no podía
reconocerlos, conmigo siempre eran amables y todo eso pero creí que sería solo
porque era la hermana menor consentida ignorando la forma en que trataban a
todas las chicas que se interesaban en ellos. Mi duda siempre fue… ¿Por qué
jamás se daban una oportunidad? Su única respuesta era porque nunca querrían a
nadie más que a mí. Me regresé a mirar a Lisa con lágrimas ya en los ojos y con
el rostro lleno de vergüenza y susto. Edmund le regalo una mirada fría y
escalofriante y daba la impresión de verdadero odio en su rostro lo cual me
estremecía.
A partir de
aquel momento me percate de cómo en realidad eran mis hermanos cuando las
chicas se acercaban a ellos y querían tener algo más incluso por más bellas que
fueran nunca andaban con nadie era como si se encerrasen en su propio mundo y
me arrastraran junto con ellos en contra de mi voluntad. Están aferrados a que
siempre esté a su lado y eso…. A veces me asusta…
Una vez regresé
a mi propio presente y deje de indagar en el pasado me percate que todos los
invitados comenzaban a observarnos más curiosos que de costumbre en especial
cuando localicé a León con la mirada, observándome extrañado y sorprendido. Se
hizo paso entre los invitados acercándose hacia Emma, Alec y yo.
− ¿Alizée? ¿Qué estás haciendo con mis hermanos? ¿Y
tomada de la mano de Alec? − preguntó aún serio y frío.
− ¿Cómo que, qué hago aquí? León no se que sucede
contigo no te entiendo primero me llenas de atenciones y después te pones irritante,
pensativo, distante y… frío. − refunfuñe – Si ahora estoy con Alec es por que
por lo menos él si decidió valorarme.
− Vámonos ahora – me ordenó mirandome con seriedad
en la cual divisé algo de miedo en su rostro.
− ¿Qué? Creo que estás desubicado León, pero ella
es mi acompañante y no te quiero cerca − ordenó Alec.
− Alec, no tengo, ni quiero pelear contigo y menos
hoy − le aclaró León con madurez.
− ¿Qué sucede aquí? − reclamó una voz.
Eran los padres de León quienes acababan de llegar.
Alec les contó que quería que fuera su acompañante, mientras León estaba lleno
de indignación en su rostro, la pequeña Emma se veía confusa y decepcionada.
Solté la mano de Alec mientras ambos discutían con sus padres como dos niños
pequeños peleándose por un juguete. León decidió que no sopotaría más regaños y
sermones y menos caprichos de un niño pequeño así que hizo lo que suele hacer
tomarme por la fuerza. Me arrastró con él casi hasta la entrada por donde me
había encontrado a Alec, y comencé a sentir a León aún irritado, así que decidí
que no sería yo quien discutiera por tonterías. Nos inundó el silencio y justo
cuando planeaba decir algo, sus padres nos llamaron y avisaron que ya no
teníamos de que preocuparnos. Regresamos y Alec se encontraba también irritado
junto a su hermana quien lo consolaba dulcemente y con quien parecía llevarse
muy bien estando junto a ella. Cuando León se acercó para darle su regalo a
Emma, Alec se retiró enojado de aquel lugar de mala gana.
− Emma lamento esto pero traje tu regalo de
cumpleaños, espero que sea lo que querías. − miró con dulzura a su pequeña
hermana. Emma solo sonrió y asintió. León le entregó un hermoso collar bañado
en oro blanco y un dije en forma de rosa hecho de plata pura y en cada pétalo
de dicha rosa tenía pequeños trozos de esmeraldas y como toque especial, se
podía mover uno de los pétalos como si se tratase de un camafeo y ahí con
letras pequeñas…
“Siempre serás la única
princesa para mí” – León Von Rausenbach.
− ¿Qué te parece? ¿Es un buen regalo?
− Sabía que podía confiar en ti, siempre logras dar
en el blanco de lo que veo.
En Emma se curvó nuevamente una sonrisa y asintió
nuevamente. Le agradeció el regalo y confirmó que era lo que quería fue entonces
que al decir la palabra “veo” no lo deduje como si lo hubiese visto antes en la
tienda en persona sino que la habilidad de la pequeña Emma era precisamente ver
pequeños fragmentos de lo que le ocurrirá a los de nuestra propia especie solo
ve pequeños pero claros fragmentos si ella así lo desea. Me sentí mejor cuando
observé en ella esa sonrisa, lo que no comprendía era ¿Por qué Alec intentó
provocar una pelea con León? Durante toda la fiesta me mantuve casi todo el
tiempo inmóvil como una estatua mientras observaba curiosa el rostro de León el
cual debo admitir tenía un aspecto algo preocupado e inconforme. Decidí dejar
de verlo y me cansé de estar como una estatua viendo a ver hasta a que hora
sería su siguiente movimiento.
Me aleje
lentamente de la fiesta y camine por un
largo rato sin darme cuenta por que camino me dirigía y me puse a pensar en
tantas cosas como ¿cuál seria el objetivo de todo esto? ¿Realmente funcionará?
¿Qué demonios sucede con la actitud de León? Siento que algo me está
escondiendo – pensaba. Mientras seguía pensando me percate de lo mucho que me
había alejado su mansión era realmente enorme tanto como en la que solía vivir
en España. Decidí entrar de nuevo en la mansión después de todo había luz por
todo el lugar debido a la gran fiesta todos estaban muy ajetreados y ocupados.
Me dispuse a seguir caminando por lo que parecía ser la enorme sala, me
encontré con muchísimos retratos de la familia por cada muro que la formaba, se
encontraban retratos muy antiguos de sus parientes lejanos, pero los más
llamativos trataban de un pequeño que iluminaba tanto la habitación que era
prácticamente imposible no verlo en cada retrato familiar, al comienzo tuve la
impresión de que se trataba del pequeño Alec pero al acercarme un poco más me
percate de aquellos ojos esmeralda que siempre parecían hipnotizarme y supe que
era León en su infancia. Su mirada era incluso más fría que cuando lo conocí,
tenía una sensualidad innata a pesar de seguir siendo un niño era un niño
precioso que incluso a mí aún no dejaba de sorprenderme a que nivel de belleza
podíamos llegar una especie tan única y codiciada. En aquel retrato aunque solo
se tratara de eso, un retrato, podía sentir como aún aquellos ojos esmeralda me
absorbían como si tuviese al verdadero de frente, me detuve para seguirlo
observando con curiosidad y note claramente en él un sentimiento de profunda
soledad y amargura, al observarlo con detenimiento a aquel niño tan
extraordinario pero tan lleno de amargura me preguntaba si era así como me veía
para los demás y respecto a lo que Eugene se refería. Después mi mente comenzó
a divagar sobre León, su infancia y en lo que se había convertido…el León
actual era caprichoso, confiado y era el repudiado por la nobleza y realeza….
Un completo idiota en ocasiones y en otras podías llegar a ver su alma… en su
mirada la cual había cambiado y yo era testigo inminente de ello aún cuando él
se atreviese a negarlo. Mientras divagaba entre mis pensamientos más profundos
decidí seguir observando con gran esfuerzo por quitarle los ojos de encima a
aquellos retratos que dictaban su presencia para poder seguir viendo lo demás.
Seguí mi recorrido y observé otro retrato pero esta vez de los mellizos primero
en uno de los cuadros se encontraba Alec con Emma tomados de la mano plenamente
felices y en otros dos cuadros separados en uno Alec y en el otro Emma. Lo más
curioso es que bueno… Emma se veía feliz pero en cambio Alec tenía una mirada
penetrante y tenebrosa. Y por último un cuadro familiar en donde se encontraban
ambos padres y claro todos los hijos. En éste note algo peculiar los ojos de
Alec iban dirigidos a León pero ahora además de tenebrosa se notaba furiosa, León
en aquel retrato tenía la misma mirada fría e hipnotizante en la que solo veía
con indiferencia al frente.
Después
de terminar mi recorrido confirmé mi teoría por así decirlo. Algo extraño
sucedía entre estos dos hermanos pero ¿que podría ser que incluso el pequeño de
Alec podría llegar a odiar a su propio hermano? Mientras me detuve nuevamente a
divagar en todo esto una respuesta y mientras me encontraba en aquella travesía
bajé la guardia por una pequeña fracción de segundo. Inesperadamente alguien
tocó mi hombro a quien de inmediato me regresé a mirar y claro se trataba de quien
había estado ocupando mis pensamientos los últimos meses, León.
− ¿Alizée? ¿Qué haces aquí? Te he estado buscando
¿porqué te fuiste así sin avisar?
− Comencé a sentirme incómoda − confesé.
− No debes desaparecer así, no es un buen momento
en especial ahora que Alec se ha fijado en ti. − admitió con preocupación y en
susurros.
− ¿Por qué? ¿Pasa algo entre ustedes? − pregunte
con gran curiosidad algo que solo una vez me había ocurrido.
− No es nada… solo no te separes de mi ¿si? −
mintió tomándome de la mano y dirigiéndonos hacia el salón principal.
Al regresar a la fiesta la cual ya había concluido
se encontraba solo la familia Von Rausenbach la cual nos esperaba en el comedor
principal. Al pasar por aquel salón de la mano de León me hacía sentir un poco
inverosímil pues el ambiente se sentía cada vez más extraño era como si León y
yo ya fuésemos pareja oficial. Sus padres nos miraron extrañados pero felices,
Alec nos miró de reojo y con el ceño fruncido se decidió a mirar su plato sin
terminar. Emma comenzó a observarme curiosa y con el ceño fruncido. Al pasar
inmediatamente los padres de León me pidieron me quedara para cenar.
− Lo siento, no puedo quedarme ya es muy tarde y
Eugene debe estar preocupado. Debo volver a mi casa pero gracias por su
invitación – rechacé con amabilidad la invitación.
− Pero querida, como tu misma lo has dicho ya es
muy tarde para que vayas a estas horas a tu casa y la fiesta a durado más de lo
previsto ¿Por qué no te quedas a dormir esta noche? − insistió la madre de León,
Eleonor.
− ¿Eh? ¿Quedarme? No creo que sea necesario mi
chofer me llevara con gusto a mi hogar además mañana tengo que viajar − trate
de evadir la propuesta nuevamente.
− Quédate aunque sea esta noche, mi madre tiene
razón ya es muy tarde y no te preocupes yo le avisare a Eugene y te llevaré
personalmente a tu casa mañana temprano por eso no te preocupes − ofreció León,
con una mirada tan calmada como no pensé que lo estaría, con su hermano
presente y con la forma en la que había reaccionado con anterioridad.
Sin más opción tuve que aceptar aquella propuesta y
en cuanto la madre de León se ofreció a llevarme a una de las habitaciones de
huéspedes, me dio por ver a Alec quien parecía algo molesto y no solo él
incluso también su hermana gemela Emma de la cual no tenía idea de que era lo
que le ocurría, agradecí su atención y me dispuse a irme a acostar.
En
medio de mi gran lapso de sueño comencé a sentir ocasionalmente apretones
constantes en mi cintura y una respiración en mi cuello lo cual se me hizo
inusual pero cuando creí que todo aquello sería solo algún extraño sueño después
de caer dormida por unos largos instantes comencé a sentir como claramente algo
ajeno a mi se movía delante de mí, supe que no era un sueño. Y al intentar
levantar mis pesados párpados lentamente logré divisar una gran cabellera rubia
oscura cuando observé aquello delante de mí salte repentinamente al desconocer
de quien se trataba, y al hacerlo aquel ser comenzó a despertar y cuando
decidió mirar que era lo que sucedía nuestras miradas se cruzaron y me encontré
con unos preciosos ojos azulados, se trataba de Alec, quien se encontraba
durmiendo en la misma cama. a
− ¿Alec? − pregunté impactada − ¿Qué haces aquí?
¿Cómo es que llegaste aquí sin que me diera cuenta?
El pequeño Alec me miró confundido sin reaccionar
aún para poder contestar mis preguntas.
− ¿Qué cómo? Pues por la puerta − sonrió
traviesamente − vine en medio de la noche y decidí aprovechar que dormirías
para pasar tiempo contigo de sobra − volvió a sonreír.
− ¿Qué? ¿Pero en que estabas pensando Alec? −
pregunte algo confusa y antes de terminar la pregunta éste decidió que era
momento de interrogarme.
− Dime ¿Qué es lo que en realidad sientes por León?
− pregunto seriamente, con una mirada tan atenta a mi respuesta que sabía que
no se rendiría con facilidad.
Éste
niño… ¿Por qué me lo pregunta en estos momentos? − me pregunté.
− Sabes… nunca antes me importo que hubiera chicas
que quisieran utilizarme a mi para acercarse a León, chicas humanas, pero en
esta ocasión es diferente, tú… sólo fuiste obligada a esta situación… jamás
quisiste conquistar a León, además es la primera vez que lo veo mostrándose tan
feliz, energético y… realmente alguien completamente distinto a lo que nosotros
como su familia conocía de él, por lo que me he percatado que no eres humana
debido a que… has despertado en mí… atracción. Algo que sería imposible tanto
para León como para mí porque ambos somos… Ángelus
y la única forma de que nos sintiésemos atraídos por alguien es que fueras
como nosotros ¿no es así? Al principio creí que no eras mas que una más de su
colección al principio cada vez que nuestros padres preguntaban por ti hablaba como
si fueses la chica más hermosa sobre la tierra y que él era el mejor postor
para tener a tan hermosa y extraña belleza, pero después de que quiso obligarte
a salir con él poco a poco dejó de hablar de ti como el Oscar lo es para el más
ferviernte actor y comenzó a hablar de ti por tu nombre algo nada usual en él,
siempre se expresó con furia o burla de las chicas con las que salía. León
siempre adoró hacer llorar a las humanas y castigarlas por su ingenuidad y
estupidez sobre los cuentos de hadas, es por eso que Emma odia los cuentos de
hadas… León siempre tenía que ser el ganador. Pero ahora… parece ser que por
primera vez ha llegado una retadora más audaz en su juego y se lo ha tomado más
enserio, pero lo mejor aún es que esta vez no tiene el éxito asegurado ¿no es
así Alizée? − dedujo aquel pequeño de tan sólo nueve años de edad.
Pero la edad de ese pequeño para deducir algo así
no me sorprendía en lo absoluto sino el pasado de León según como lo explicó
Alec, la primera impresión que me causó León fue eso precisamente, el chico
conquistador que quería poseerme como un trofeo al cual presumir y era
precisamente por eso que desde el primer instante en el que le conocí había
decidido no aceptarlo como prometido. Pero a estas alturas… León realmente ha
cambiado, realmente he visto como ha cambiado por mí misma pero… ¿Qué es el
amor? ¿Cómo se siente eso? Lo único que se de eso es que es la combinación de
sensaciones agradables pero… yo jamás me he sentido así…
− Dime… Alizée
¿Tú… lo quieres? Quiero decir… ¿lo elegirías sin pensarlo, aún si no
conoces a los demás candidatos? − preguntó con nerviosismo.
− Yo… yo… − mientras dudaba se escucharon unos
extraños gritos provenientes del pasillo.
− ¡Alec! ¡Alec! ¡Alec! − gritaba Emma con una voz que
te helaba la sangre, como si estuviese siendo asesinada, era algo tenebroso y
al salir al pasillo la encontré recorriendo todo el pasillo esperando por una
respuesta y abriendo todas las habitaciones de alrededor.
− ¿Emma? ¿Qué sucede? − pregunte desconcertada.
− ¡Alec desapareció! Nosotros hemos dormido juntos
desde antes de nacer ¡jamás nos hemos separado! Además… vi algo horrible
relacionado con nosotros − confesó con lágrimas en los ojos y el miedo
apoderándose de ella.
− ¿Emma? − preguntó Alec − ¿Por qué haces tanto
escándalo? Sabes que la gente necesita descansar ¿Por qué no regresas a la
habitación? a veces eres una molestia − respondió con crueldad e indiferencia
hacia su amada hermana melliza. Emma lo miró confundida y desconcertada como si
estuviese viendo a un fantasma.
− ¿Qué estas diciendo? ¡Estaba muy preocupada!
¡Creí que algo malo te había ocurrido! ¡Perdóname por preocuparme por mi propio
hermano! Pero en todo caso ¿Por qué estas en la habitación de Lady Bridgeman? −
preguntó irritada.
Alec le dirigió una mirada de indiferencia algo que
sin duda habría desconcertado a cualquier humano que presenciara tal esena e
inclusive habría pensado que Alec podría incluso ser el mismo hijo del demonio
hecho carne y hueso, presenciar esta escena habría hecho temblar hasta el
hombre más valiente y jamás pensaría que un ser tan tenebroso podría ser un
ángelus o un ángel como los conocen los humanos, lo cierto es que ser un Ángel
era el rango más inferior en la jerarquía. Yo sólo no podía dejar de observar
la demoniaca faceta de un Ángelus, la demoniaca faceta de sólo un niño frente a
mí y observando con ira al ser con el que había nacido, al ser al que había
sido más unido… y preguntarme una y otra vez ¿Qué demonios era lo que estaba
haciendo? De repente Emma le dirigió una mirada igual de tenebrosa y regresó a
su habitación sin discutir nada en absoluto, pero había podido verlo… el dolor
en sus ojos. Me quede sin palabras ¿Qué fue lo que ocurrió? El sol estaba por
salir y ya no había tiempo de seguir durmiendo.
En el momento en que Alec se tranquilizó comenzó a
preguntarme cosas bastante curiosas, las cuales nunca nadie me habría hecho de
no habérmelas preguntado Alec, me costó mucho contestar porque nunca lo había
reflexionado antes, éste niño ahora parecía mi conciencia aunque con otras
intensiones.
− Alizée… ¿Puedo preguntarte algo extraño? −
tartamudeó Alec aún con el coraje tambaleante en la garganta debido al
incidente con Emma.
− Adelante, si me es posible lo haré.
− ¿Crees que se pueda ODIAR a tus propios hermanos?
− preguntó con la mirada perdida.
− ¿Qué? − hice una pausa tratando de comprender y
decidí continuar − ¿Quieres decir hacia Emma?
Alec asintió lentamente con una mirada llena de
dolor y rencor dentro pero al mismo tiempo llena de cariño como solían verse
los hermanos, no lo había pensado “Agresión” hacia un hermano.
− Mmm… la verdad ODIO puro al menos por mi parte
no, pero en ocasiones CORAJE O DESPRECIO ¿No te lo había dicho? También tengo
hermanos y son gemelos, gemelos idénticos son varones y mayores que yo por
cuatro años, nadie podía diferenciarlos y han sido infelices porque la gente
les ve como si fuesen una sola persona lo cual era completamente erróneo. Ellos
son demasiado sobre protectores conmigo al punto de revelarse en contra de mi
padre, yo no sabía porque siempre debían ser así pero cuando cumplí los cuatro
años lo entendí, ellos no querían que nada, ni nadie me dañara en lo absoluto.
Pero al igual que entendí eso había una parte de la historia que no entendía el
¿Por qué sólo me sobre protegían tanto a mí? Sabía que era su única hermana
menor pero ni mis primos sobre protegían tanto a mis primas como sus hermanas
menores y tan pronto había entendido el hecho de que no querían que me dañaran
también entendí la otra parte de la historia que nunca me habían querido contar
simplemente me respondían “porque eres nuestro único amor”. Llegaban al punto
de intimidar a todos los niños que se me acercaban.
− Se ve que realmente te adoran pero supongo que el
hecho de no ser diferenciados claramente afecta mucho a los gemelos idénticos,
a nosotros los fraternos no nos afecta debido a que somos de sexo distinto pero
creo que en especial a los de nuestra especie los gemelos idénticos son menos
irreconocibles debido a que son Ángelus ¿no lo crees? − lanzó su teoría a pesar
de solo ser un niño de nueve años.
− De hecho, ellos no son Ángelus son simples seres
humanos, es por eso que para mis padres siempre se les hizo un misterio saber
el porque a pesar de ser simples humanos eran como dos gotas de agua y para
identificarlos bien hasta que ellos aprendieran sus nombres por separado les
colocaron una pulsera con sus nombres así todos podían identificarlos pero al
cumplir los tres, ellos se las arrancaron y desde entonces nadie les puede
diferenciar solo ellos sabían quienes eran, hasta que… − hice una pausa
tratando de recordar.
− ¿Y entonces? − preguntó Alec curioso, lo mire un
momento algo desconcertada y decidí continuar.
−… de hecho todo cambió desde que nací, o al menos
eso hna comentado. Me platicaron que antes de que yo naciese, mis hermanos
debido a sus pulseras los hacían sentirse como perros con collares y debido a
aquello una vez habiéndose quitado las pulseras al notar que nadie podía
diferenciarles comenzaron a sentirse infelices y se convirtieron en niños más y
más crueles, fue hasta cuando mi madre se embarazó que su crueldad comenzó a
deshacerse, a lo largo del embarazo ellos siempre protegían incansablemente a
mi madre, constantemente abrazaban y besaban su vientre, tal vez lo sepas pero
nosotros los Ángelus aún estando en el vientre materno podemos recordar
claramente todos los cariños hechos ya sea por nuestros padres o por nuestros
hermanos o incluso por la familia de sangre son los que más recordamos y yo los
recuerdo muy bien… sus cálidos besos y abrazos llenos de cariño y protección.
Cuando nací mis hermanos eran los primeros en querer ir al hospital para verme
pero debido a que el hospital no admitía niños no se les permitió ir y fue peor
cuando se enteraron que yo era como mis padres que era una Ángelus lo cual me
hacía estar delicada y tuve que quedarme en el hospital un año entero en
observaciones y cuidados especiales junto a mi madre y en todo aquel año mis
hermanos solo le rezaban a Dios para que sobreviviese y pudiesen verme a mi y a
mi madre, ellos seguían siendo crueles con la gente que no les llamaba bien por
sus nombres pero justo el día de navidad mis padres querían hacerles una
sorpresa a los gemelos con la llegada de mi madre finalmente a casa y conmigo
en brazos.
Los
gemelos corrieron hacia a mí, me observaron cuidadosamente y justo cuando
querían tocar mi rostro con sus dedos índices tome sus dedos, pero lo que más
les extraño a los gemelos fue que no tome los dos dedos con una sola mano, sino
que tome el dedo de uno con una mano y el dedo del otro con la otra mano al
mismo tiempo en cuanto los tuve frente a mí y una vez lo hice los mire y
sonreí. Los gemelos me miraron impresionados y se quedaron sin habla hasta el
día siguiente después de navidad, fue entonces que la nana que los cuidaba por
esos tiempos me comentó un pequeño secreto que había escuchado cuando yo y mi
madre seguíamos en terapia intensiva… mientras se cnontraban en su habitación hicieron
una promesa “como sus hermanos mayores
debemos proteger a Alizée aún con nuestras vidas y no permitiremos que nadie le
dañe, ni la aleje de nosotros, lo haremos por que para ella seremos sus
caballeros fervientes” cuando escuche esa historia tenía tres años aunque
me conmoví jamás llore ahí fue cuando supe cuanto me amaban aún antes de nacer,
fue una promesa que aún mantienen. Por eso aún cuando siento que invaden mi
espacio personal, me limitan a conocer gente y me vigilan enfermamente no puedo
mentirte en que alguna vez si he sentido “ODIO” hacia ellos pero en realidad NO
PUEDO ODIAR a mis caballeros, era solo el CORAJE del momento; luego pienso en
esa historia que me contó su nana “Annie” quien los vio crecer y hasta ahora es
como su madre. Pero supongo que con ustedes los gemelos el sentimiento es más
profundo porque Alec, tú y Emma se desarrollaron juntos, nacieron juntos y han
crecido juntos, solo llevan nueve años juntos y aún les falta mucho que vivir.
− Pero… no por ser gemelos debemos estar siempre
juntos tarde o temprano debemos tomar nuestros caminos por separado y yo…
quiero comenzar a separarme de ella quiero que dejemos de depender el uno del
otro, además ella… tiene a León −
replicó con rencor.
− Lo sé Alec, sé que no por ser gemelos deben estar
juntos pero ¿no crees que es demasiado pronto como para querer separarse del
ser al que más amas? − Se lo dije directamente.
− ¿Qué? Ella es solo mi hermana gemela eso no
significa que sea la que más ame. − replicó Alec con nerviosismo.
Lo mire directo a los ojos y mientras más los
mantenía yo, él más los apartaba… sabía que deseaba ocultarlo pero he visto en
él lo que se refleja no es simple cariño de hermano pero decidí olvidarlo si no
me lo decía por su cuenta. Una vez terminamos de hablar de aquello decidimos
bajar con la familia.
− ¿Alizée? ¿Qué hace Alec contigo? ¿Te hizo algo
extraño?− exigió bruscamente León algo estresado.
− ¿Qué? Nada, que podría hacerme, es solo un niño.
No exageres León solo hablamos un momento.
− ¡Qué! ¡¿Me sienetes como tu amenaza?! − respondió
altaneramente Alec. Era como ver al viejo León pero de niño lo cual me aterró. León
le regalo una mirada desafiante que Incluso Alec decidió responder con la misma
intensidad. El ambiente se ponía cada vez más tenso y yo solo anuncié mi
partida para salir de una buena vez de aquel drama familiar.
− Querida quédate aunque sea al desayuno − suplico
la madre de León.
Me disculpé formalmente y anunciando que debido a
mi trabajo no tenía tiempo que perder. León también tenía un compromiso de
trabajo y no perdió tiempo en alejarme de Alec a quien consideraba una amenaza
y nos marchamos.