Memoria 4
Gravedad
Tenemos peleas, discusiones y desacuerdos, es algo normal en una relación. Lo sé y aun así… no sé qué pensar. Como lo mencioné antes, este tipo de relación tiende a ser muy difícil y la distancia sólo lo hace aún más. Cada amanecer me pregunto si mi relación con él estará bien, si realmente funcionamos juntos… cada amanecer, siempre lo elijo, elijo estar a su lado porque lo amo. Algunos días me pregunto nuevamente ¿lo amas? Y la respuesta tarda en llegar pero sí, son los estúpidos malentendidos o discusiones los que me hacen dudar.
En sus primeras dos visitas, podía sentirlo tan enamorado como yo, completamente locos el uno por el otro, fuimos la causa del otro para volvernos personas cursis y aunque hasta aquello se volvió una especie de crisis existencial lo superamos, y aceptamos la cursilería dentro de nosotros. Somos dos jóvenes descubriendo de lo que se trata el amor y lo cierto es que es difícil para dos personas que jamás lo habíamos experimentado de esta manera, para ambos las relaciones iban y venían tan pronto comenzaban. Nos volvimos el primer amor del otro de una manera tan mágica como fuerte, parecíamos unos maniáticos enamorados. Fue nuestra etapa de “luna de miel”, aquella absurda primera etapa de amor.
Y entonces, a casi un año de la relación y en su tercera visita, la más larga y difícil… nuestra etapa de luna de miel termina, la de él termina primero que la mía y las discusiones se vuelven constantes, la realidad nos golpeó de frente, pero a pesar de aquello mi etapa de luna de miel no terminó. Y es aquí donde la diferencia de culturas choca contra ambos una vez más, él siendo alemán ve las cosas con mucha más seriedad y frialdad, ¿y yo? Bueno al ser mexicana, el amar a alguien no se frena ni se oculta tan fácil, mi etapa de luna de miel también seguía ahí, eso más el amar a la mexicana surgía de mi ser de la manera más natural, los abrazos, los besos y el mencionar cuánto lo amaba eran inagotables. Y mientras para su forma de verlo ahora me transformaba en una desconocida, yo sólo buscaba amarlo y demostrárselo cada día. Su incomodidad aumentó de tal manera que dejó de ser el mismo conmigo y mientras yo trataba de aferrarme a él y dejar mis malos pensamientos a un lado, él se alejó y podía sentir como sus besos se habían transformado de unos con sed a mí en unos indiferentes y cotidianos.
Por días intente negarlo y seguir dándole todo de mí, pero entonces un día las palabras sólo salieron de mí, supongo que mi ser estaba harto, harto de lidiar con su indiferencia hacia mí, si había algo que sabía era que no lo merecía, no merecía ese trato cuando siempre supo todo de mí desde el comienzo. Y si estaba asustada al comienzo sobre esta relación, él se había encargado de prometerme sinceridad. Jamás mentí sobre mí, le mostré mi verdadero ser desde siempre, me desnudé el alma porque sentí que podía confiar en el amor si era él.
“¿Por qué? ¿Por qué me tratas así?”
Él me miró perplejo y como si desconociera lo que le preguntaba, las palabras salieron tan rápido que no pude pensarlas antes.
¿Hay algo que te moleste de mí? Porque si es así sólo debes decirlo, si el amor se acabó de tu parte me debes sinceridad al menos. – lo confronté con enfado y tristeza.
Se quedó callado unos instantes y eso fue todo para mí. Aquel día tenía clases y aunque no pude concentrarme me ayudó a calmarme y hablar bien con él cuando terminé. No estaba dispuesta a dar todo de mí a quien ni siquiera lo aprecia, estaba entonces asimilando una separación definitiva.
Mientras lo pensaba, recapacitaba sobre mis acciones… no había sido la mejor novia es cierto, pero jamás lo trataría con esa indiferencia y pretender que todo estaba bien. Aun así, me culpé, me culpé porque probablemente había hecho algo verdaderamente horrible como para que aquel chico que solía estar loco por mí ahora me tratara con indiferencia. Me sentí como la peor chica del mundo, pero entonces detuve esos pensamientos y me dije:
“No, yo no hice nada más que ser yo misma. Siempre he estado consciente sobre mis acciones, cuando sé que dije o hice algo que hiere a otra persona, me disculpo. Yo… no he hecho otra cosa que ser yo misma, en mostrarle cuanto lo amo, no tengo nada de que disculparme ni por lo cual sentirme culpable. Eres una chica maravillosa que merece ser amada con sinceridad…”
Estaba dispuesta a terminar si lo que sea que lo estuviera molestando de mi era tan grave. Así que terminé con mis clases y con una mirada triste nos saludamos, pero esta vez fui yo quien rechazó cualquier muestra de afecto. Seguí caminando como si sólo fuésemos amigos y no, no me sentí mal, porque mi amor no se da a cualquiera que no sabe apreciarlo, si algo había aprendido era que precisamente hasta para llorar, uno elige a la persona…no todos merecen esas lágrimas.
Platicamos largo y tendido, usualmente era yo quien era la que preguntaba y respondía entre lágrimas y ese nudo en la garganta. El problema al parecer, era que por primera vez me había observado más de cerca, quienes me conocen saben cuánto amo Disney y las películas animadas, al parecer el verme tan atenta y emocionada viendo una de éstas películas le hizo pensar “estoy con una niña”. Fue suficiente para destrozarme el corazón. A esas alturas, había perdido la cuenta de cuántas veces me había roto el corazón… pero el decir aquello había sido lo peor que había escuchado de alguien. Estaba preparada entonces, para oír un “está bien, terminemos”.
Si tenía algo bien claro era que no cambiaría por él ni por nadie, no necesitaba explicar mis razones por las cuales me encantaba Disney o las películas animadas.
“Esta soy yo… tómalo o déjalo… porque por mucho que yo quisiera que tu fueras ese chico el cual me ama tal como soy, tal vez simplemente no eres él… tal vez no exista, no lo sé, pero estoy convencida de que no puedo estar con alguien que no me acepta como soy. Así que dime aquí y ahora ¿quieres terminar? Porque esta “niña” seguirá aquí conmigo, porque es parte de quien soy y si no soy suficientemente madura para ti… lo siento, pero tampoco quiero a alguien tan aburrido que no disfrute ni de una película animada ¿Quieres terminar? Esta es tu oportunidad, aquí y ahora.” – lo confronté con todo lo que tenía, sin piedad alguna porque se trata de mí, soy más importante que un hombre, soy más fuerte que un rechazo de su parte.
Él me miró completamente pasmado mientras sus lágrimas caían, ambos desconsolados. Estaba lista, lista para dejar ir a quien no me apreciaba por mucho que lo amara, estaba consciente de lo que merecía. No respondía, y entonces lo volví a enfrentar.
“¿Por qué? ¿Por qué estuviste pretendiendo tanto tiempo? Me sentí miserable y estuve torturándome sobre qué había hecho mal… ¡Por favor di algo! Podemos terminar todo esto aquí y ahora que estamos de frente… no por Whatsapp, no por facetime, aquí de frente.”
“No… yo jamás pretendí nada… te lo juro. Yo no quiero terminar… yo ahora sé que no es algo tan grave, no es algo… – se quebró. – Yo aún te amo…”
Lo cierto es que no entendí esa decisión en el momento… a mi ver, él no me amaba como era entonces ¿para qué seguir con esta farsa? Aquel día sólo nos dirigimos a casa sin dirigirnos mucho la palabra, yo estaba agotada física y emocionalmente… así que dormí todo el camino. Llegamos a casa, comimos y me dirigí a mi habitación… no quería discutir, sólo quería descansar. Así sólo me despedí mientras me se dirigía a mi habitación, pero un par de minutos después entró en mi habitación, se colocó a mi lado y me abrazó. Sólo dormimos por horas y cuando despertamos nos sentíamos mucho mejor y de alguna manera… él volvió a ser el de siempre, sus cálidos besos y fuertes abrazos volvieron, una parte de mi estaba feliz, pero otra seguía inquieta. Naturalmente volvimos a hablar, yo no podría pretender que todo estaba bien sólo así. Por lo que hablamos largo y tendido de nuevo, esta vez más calmados. Me aseguró que fue una tontería de su parte el haberme juzgado así, que lamentaba haberme hecho llorar y que a pesar de todo él me amaba y no podría soportar perderme por una tontería pues sabía que no conocería a alguien como yo de nuevo.
Me devolvió la esperanza de nuevo, es increíble como la persona que más feliz te hace puede llegar a hacerte sentir tanto dolor. Lo cierto es que este problema no acabo aquí…. Continuó aún después de su partida, él no fue capaz de explicarme exactamente cuál era el problema y volvió a romperme el corazón… Sorprendentemente sólo debí descansar y enfriar más la cabeza para entender a lo que se refería, el idioma como siempre también era una enorme barrera en ocasiones.
Fue así que a lo que se refería todo el tiempo no era a que me viera como una niña como tal, sino que la manera en la que le demostraba mi amor (a un nivel cursi decente) era lo que a él lo abrumaba ahora. Lo entendí y me sentí mejor por saber que el problema no era yo, sino mi cursilería.
Sólo pensé: “Eres un verdadero idiota”
En fin, lo acepte y pensé que sería sencillo mantenerlo bajo control. Y así lo hice por días, pero comencé a sentirme rara como si algo en mi comenzara a morir… fue muy extraño que el no decirle cuánto lo amaba y mi cursilería… comenzara a afectarme. Por una parte, realmente sentí que apartaba una parte de mí, algo importante… estaba rechazando mi yo enamorada. Comenzó a afectarme mucho al punto en el que dejé de verdad todo tipo de cursilerías y entonces comencé a sentirlo como un amigo de nuevo… no como mi novio.
Lo hablé con él, parecía haberlo entendido, pero luego en su seria explicación alemana para él la etapa de luna de miel había acabado y quería que prosiguiéramos a la siguiente etapa, donde según él la cursilería no es parte de ello. Entendí a lo que se refería, pero no acepté que él eligiera cuándo mi cursilería debía terminar, literalmente lo había dejado cortármela de un tajo por el bienestar de nuestra relación. Luego pensé ¿y si esta etapa cursi no termina en mí? Soy mexicana… y a como yo lo sabía, la cursilería es parte de las mexicanas, las latinas amamos así.
Y aquí estoy en estos momentos, pensando el por qué ahora me cuesta tanto decir o escribir un simple te amo para no incomodarlo… aun cuando me mencionó que eso no le molesta, ahora soy yo quien ya no se siente del todo cómoda. Cada vez que platicamos por video llamada esa química siempre está ahí pero de alguna manera, siento que hay algo que se ha perdido… y creo que el romanticismo es lo que se perdió en el momento en el que comencé a sentir que estaba mal…
Extraño sus abrazos y besos cada día, pero extraño más su lado romántico hacia mí… ambos estamos lejos y sería difícil cerrar aquel ciclo sin hacerlo de frente.
