sábado, 6 de agosto de 2016

El Árbol Blanco * Tleyotl - Cap. 08

El corazón del cielo

Hace mucho tiempo el silencio total inundaba en completo suspenso, no existía el tiempo, el espacio, no había humanos, animales, piedras o yerbas, solo el infinito vacío del cielo e interminables mares. El eterno reposo en las penumbras de la oscuridad.
Entonces, seis dioses cubiertos en plumas verdes y azules descansaban en las aguas primordiales. Los dioses consultaron entre sí la vida y la creación, ya que había que sembrar para hacer germinar. Así estos dioses ayudaron a corazón del cielo conocido como huracán a crear vida en aquel vacío sepulcral. Sus voces resonaron de entre las tinieblas y se abrieron paso entre las penumbras, juntaron sus palabras y pensamientos comenzaron alejando los mares para abrir paso a la tierra, los valles y montañas, levantando árboles, flores y yerbas. La vida había comenzado, los guardianes de la tierra (los animales) fueron creados y sus roles asignados, se alimentarían y se multiplicarían.  Y fue así que el corazón del cielo y corazón de la tierra se conocieron.

Felices con el resultado, decidieron traer al hombre a la vida, su primer intento fue con barro pero era demasiado débil. Después hicieron el intento con madera, ahora era demasiado rígido, sin emociones ni un sentido de alabanza por sus creadores, así que fueron destruidos. Finalmente hicieron su último intento, en esta ocasión lo intentaron con maíz amarillo y blanco, de donde crearon una pasta y comenzaron con la formación del hombre al que le añadieron un poco de madera en su interior, de igual manera la mujer fue creada para ser su compañera de vida. La sabiduría de estos nuevos humanos era tan grande que eran capaces de ver y entender todo lo que les rodeaba justo como sus creadores, lo cual los hizo sentirse amenazados. Así, el corazón del cielo sopló sobre éstos nublando su completa comprensión de lo que los rodeaba, evitando arrogancia, egocentrismo y superioridad de parte de los humanos. Evitando que se sintieran dioses o superiores a sus creadores. Y así se formó la tierra y los hombres, según nuestros antepasados.