En medio de las tinieblas hace su aparición
Aún cuando no me inmortalice más en su mente
La luna está en su centro y tantea a carmesí
Anuncia su llegada, con sus perfectos ojos escarlatas
Me observan curiosos e indiferentesAún cuando no me inmortalice más en su mente
Su corazón y cuerpo recordaran cada interacción
De nuestra vida pasada… y yo igual mi demonio
Preludio
Jamás supe lo que era sentir, jamás supe lo que la sensación de amar significaba pero no era la única, mi familia y todos los que me rodeaban eran así, así que jamás me preocupe de que “amar” fuera algo mal visto por los que me rodeaban incluso yo, así lo creía. En donde vivo solo sentimos odio, resentimiento, posesión, celos, avaricia, egoísmo, venganza… es un mundo en donde la felicidad no existe y en donde nuestro único propósito es buscar las más codiciadas almas con sed de venganza y odio. Después de todo somos objetivos y como los humanos dicen “el fin justifica los medios” esa era nuestra frase favorita, no importaba cuantos inocentes pagaran el precio nuestro objetivo era absoluto.
Los humanos siempre nos han visto como… “los servidores del mal”, “la blasfemia del mal puro” e incluso espíritus inmundos, esbirros de Satanás príncipe de este mundo y enemigo declarado de Dios y sus ángeles. Así es, nosotros no éramos más que demonios que no tenían piedad con nadie, ni siquiera con los de su misma especie aunque había una división entre demonios a la vez, los agatho démones y caco démones. Mientras que los agatodémones se asemejan a la noción judaica de ángel protector, los cacodémones, por su parte, no serían otros que los ángeles caídos a los que se refiere la tradición judeocristiana. Tal es el caso de Lucifer, príncipe de los demonios, que el cristianismo identifica con Satanás. En el mundo de los demonios los cacodémones somos los líderes más cercanos a Lucifer, mientras que los agatho démones eran marginados, castigados y azotados de las peores formas y me cabe decir y afirmar que debido a tales azotes he llegado a ver con mis propios ojos… cambiar a los cacodémones tal vez no de sangre o nacimiento pero al crecer se vuelven… más… crueles y diabólicos, llegando a ser dignos de ser llamados demonios.
Aunque nunca creí que después de haber nacido de sangre como una cacodémones digna descendiente lejana de Satanás y siendo la llamada “heredera demoníaca” terminaría convirtiéndome en una basura como una agatho démones la peor de las deshonras y todo fue por aquel niño ahí fue cuando todo dio comienzo, fue cuando comprendí el porque dar tu vida por el ser amado.



