viernes, 22 de julio de 2011

Mysterious Angel Wings ~ Cap, 04 ~ Padre e Hija

Padre e Hija

Deslicé los dedos por el tazón de cereal intentando una y otra vez olvidar aquel suceso que me mantenía cautiva. Mientras reflexionaba acerca de aquella escena misteriosa que me había cautivado con la mirada perdida en aquel tazón volví a repetir la escena en mi cabeza, si aquel chico me conocía entonces debía recordar algo que me hiciera recordarlo. Cuando de forma inesperada alguien interrumpió aquella reflexión.
− Alizée  ¿cómo amaneciste hoy? − saludó Eugene.
− ¿Eh? Oh, Eugene me sorprendiste − tartamudee.
− ¿Eh? ¿A caso estabas pensando en aquel encuentro? Veo que estás muy al pendiente de aquella escena, esto comienza a preocuparme, jamás te había visto así de afectada por algo que llevas viviendo desde que puedes caminar − dijo dirigiendo una mirada de sospecha y recordándome los horribles sucesos de confesiones entre niños.
− ¿Eh? No es nada, es solo que es un poco misterioso. Digo, aquel chico parece ser que me conoce pero aún no quiso mostrarme su rostro eso no es normal, además es alguien como yo lo cual me ha vuelto más curiosa de conocerlo − admití.
− Mmm… ya veo. Así que tu curiosidad hacia aquel chico tan misterioso ¿es solo porque es uno más de aquellas personas como tú? O tal vez… ¿Por qué no te mostró su rostro? ¿Por qué no te dijo cuánto te ama? ¿Ni cuales son sus intenciones?− inquirió.
− ¿Por que más iba de ser? Me refiero a que si llegara a estar interesado de esa manera por mí ¿no habría hecho lo habitual? ¿No me habría dicho sus intenciones? ¿No me habría confesado sus sentimientos? − intenté persuadirlo.
− Bueno, recuerda que él NO ES HUMANO, él seguramente sabe que causar una buena impresión a una chica con la misma naturaleza, debes impresionarla de una forma menos habitual, sólo piénsalo ¿hubiera funcionado para ti, el hecho de que él simplemente se acercara como todos los anteriores a decirte que te ama de aquí a las estrellas y de regreso? ¿Habría hecho alguna diferencia? ¿Habría funcionado suplicar? ¿Habría funcionado arrastrarse por ti como habitualmente lo hacen los humanos? Por cierto… ¿no haz recordado nada aún relacionado con lo de aquellas rosas azules? Según aquella tarjeta es una pista infalible de cómo se conocieron.
− No, no aún − dije con un hilo de voz totalmente decepcionada. – Pero tienes razón, si hubiese hecho lo que los humanos, lo habría mandado al diablo de inmediato son irritantes. Supongo que debí pensarlo con más detenimiento, supongo… que es por eso que estoy así de impactada, abrumada, pero… más que nada impresionada e interesada – admití.
− Espero que recuerdes, dado que si aquel chico conoce tu forma angelical y la verdadera quiere decir que sabe bastante de ti, posiblemente más de lo que te imaginas.
Dudé durante un momento y regrese la mirada a mi tazón de cereal sin apetito alguno y a mi reflexión. El repiqueteo estridente del teléfono nos sorprendió a los dos, Eugene se aproximó al teléfono más cercano e indico a la muchacha que no se molestara. Eugene alargó la mano y tomo el auricular.
− Casa de la familia Bridgeman − contestó Eugene con voz educada y elegante como si se tratara de un mayordomo.
Alguien le contestó y Eugene reacciono sorprendido. En su mirada se reflejo una chispa de luz y en su rostro aparentaba orgullo.
− Si, estoy seguro − aseguró en forma confiada y continuó − Si, yo la llevaré.
A continuación éste colgó el teléfono.
− ¿Quién era Eugene?
El Conde de Bradford − afirmó.
− ¿Qué? ¿Mi padre?
− Si, parece ser que ha decidido que quiere verte mañana mismo en la Villa de Berlín, Alemania.
Me quedé completamente helada, alguien como mi padre llamando para verme, eso… no es posible. Él jamás me perdonaría, seguramente debe ser algún asunto muy importante en el cual yo entraba en sus planes.
− ¿Pasa algo? ¿No estás contenta? Verás a tu padre después de tanto.
− Eso no es más que una mentira. No puedo estar contenta por algo que no es real, mi padre jamás me llamaría y diría que quiere verme cuando no le conviene pero al fin y al cabo es mi padre y debo ir a verle − admití − Si me disculpas Eugene, quiero estar sola un momento.
Abandone aquel tazón de cereal inconcluso mi esperanza de regresar a España y me dirigí escaleras arriba directo a mi habitación de aquella casa, me tiré en la cama boca arriba y me dispuse a mirar el techo.
A la mañana siguiente lo único que se lograba ver era el cielo con un tenue gris y llegué a tener la sensación de que no sería mi día, después de todo iba a enfrentar mi peor temor el posible rechazo de mi padre con el que había vivido desde ya hace tiempo.
Camino a la hermosa ciudad de Berlín no pensaba en el riesgo de salir nuevamente herida por mi padre sino que por muy extraño que parezca temía más no poder recordar aquel chico últimamente desde mi concierto en Inglaterra no había nada más en lo que pudiese pensar, que no fuese aquel misterioso chico que sin darme cuenta había conseguido mi atención. “Mi atención” pensé. Esto definitivamente jamás me había sucedido hasta ahora, me entusiasmaba más el hecho de poder verlo nuevamente, sentía que el simple hecho de volver a verle me llenaría de valor para hacerle frente a mi padre. Me quedé pensativa una vez más sin darme cuenta cuando Eugene notó lo distante que me encontraba y aún al percatarme de aquello decidí ignorarlo aunque podía adivinar que era lo que pasaba por su mente “Alizée me preocupa, no hace más que pensar en aquel encuentro, además de que está completamente tranquila por ver a su padre” seguramente eso estaría pensando.
Así es, desde lo sucedido en aquel incidente mi vida había cambiado radicalmente llevándome a un daño psicológico sumamente alto pero con el tiempo aprendí a controlarme para no mostrar mis debilidades ni siquiera a mi propio padre. Aprendí a esquivar aquellas enormes espinas que se clavaban en mi ser con solo intentar hablar con mi padre, aprendí a no buscarle más, aprendí que no podía seguirle viendo como padre, él había sido un padre confiable, amable y nos amaba a los tres, pero aquel día me marcó y terminó afectando a mi familia igual. Cada vez que tenía que ver a mi padre sufría de un ataque de pánico, no era uno cualquiera simplemente temblaba todo mi cuerpo y comenzaba estresarme arduamente para lograr controlarme me tomaba ambas manos y procedía a mi forma angelical que desaparecía por completo aquellos síntomas que tanto me agobiaban. Recordaba como había comenzado a controlar mi pánico yo misma, cuando la ira de mi padre se descontrolaba, mis hermanos no estaban para defenderme y tenía que encerrarme con llave en mi habitación, correr hasta el rincón más apartado de la puerta, enrroscarme como si algo horrible fuera a caer sobre mí, entonces todo mi cuerpo comenzaba a sufrir un ataque de pánico que ya eran más frecuentes, era un miedo tal que prefería morir en ese mismo instante antes de que mi padre tirara la puerta abajo, inconscientemente tomaba mis piernas con ambos brazos y escabullía mi pequeña cabeza en medio de ellos y me acariciaba una y otra vez los enormes moretones en mis brazos y piernas que mantenía escondidos de mis hermanos, temía no poder escapar de nuevo y ser golpeada por el hombre que más amaba… ver sus ojos dirigirme una mirada llena de ira y pensar “él es mi padre, aquel que me dirigio una sonrisa llena de dulzura al momento de conocerlo, al prmer momento en que lo conocí como mi padre, al momento de mi nacimiento, cuando me cargaba con ternura y me decía cuánto me amaba y alababa a Dios por haberme traído sana y salva a este mundo, él… la segunda persona en mi vida a la que le dirigí mi sonrisa más pura, sincera y llena de amor, dichosa al pensar; él es mi padre, aquel que me protegería de cualquiera que intentara hacerme daño, sería el rey de mi vida y mi más grande héroe, la persona que me mantendría más segura que la msima reina de Inglaterra”. Aquel gran rey que adoraba más que a nadie, inclusive de mi madre quien no paraba de inculcarme el hecho de amarlo fervientemente, honrarlo y respetarlo, algo que mi madre me había enseñado hacía mucho tiempo y me recordaba a mí misma respondiéndole a ella “Así lo haré madre, yo lo honraré y respetaré”. Aquel cruda memoria, me rompía el corazón y en la mayoría de las ocasiones la razón. Mi única protección para dejar de temblar, para dejar de tener ese ataque pánico era… traer a Neige, aquella niña pelirroja, de fuerte mirada grisácea y aquellas ondas que caían sobre mis hombros… sólo ella, podía salvarme.
De alguna forma, hoy no me sentía de esa forma tal vez porque no hacia más que pensar en aquel chico o tal vez ya lo había superado. Aunque lo más probable sería la primera opción.
− ¿Alizée? Hay algo que me ha inquietado desde hace unos días − dijo Eugene sacándome de mis continuos intentos de recordar a aquel chico.
− ¿Qué cosa?
− Bueno, tal vez te suene tonto pero, estás muy interesada en aquel chico; digo, es que es la primera vez que veo algo muy diferente en ti, has cambiado, en tus ojos puedo ver lo mucho que has progresado. Puedo darme cuenta por la forma en la que estás ahora, es decir te veo con una expresión más gentil que antes. Tal vez no te hayas dado cuenta pero antes de la aparición de éste chico eras muy fría con la gente tanto que muchos dudaban que fueses un ser viviente como si fueses una simple muñeca de porcelana vagando por el mundo con una enorme vitrina que evitaba que los demás se te acercasen, tenias demasiados ataques que no podías controlar sin transformarte en tu forma angelical pero al verte ahora, no pareces estar para nada preocupada y eso me encanta. Tal vez éste chico no sea uno cualquiera además de ser alguien con tu mismo don.
Lo miré con ojos inexpresivos y con la mente totalmente confusa.
− No tenía idea de que me veías de esa forma, tal vez… sea cierto, pero no quiero que éste sentimiento siga desde que lo ví no he hecho otra cosa que pensar en él, en tratar de recordarlo, yo… no entiendo que me pasa es la primera vez que me siento de esta forma. La verdad que quiero olvidar y fingir que nada ha pasado pero, − hice una gran pausa dudosa y continué − algo en mi se niega rotundamente. Lo de la muñeca y aquella vitrina en verdad jamás me percaté de ello lo cierto es que nunca quise que me quisieran, jamás pedí ser como soy. Lo único que sé es que éste recuerdo es lo único que me ha dado valor, valor que he necesitado desde hace tanto y que ahora tengo. Por primera vez siento que puedo enfrentar a mi padre.
Eugene quedó completamente estupefacto por aquellas palabras que sin duda nunca hubiese dicho, pero por primera vez me sentí tan bien de decir lo que pensaba y saber que era lo que quería, quería encontrar a ese chico, conocerle, ver su rostro, saber todo sobre él y como me conoce. Eugene sonrió momentáneamente al mismo tiempo en el que me regalaba una mirada tan dulce y orgullosa.
Cuando menos lo pensamos ya habíamos llegado a la Villa de Berlín de la familia Bridgeman la cual no había visto desde hace tanto. Extrañaba sus dulces jardines llenos de flores y enormes hectáreas de césped en la Villa entera. La camioneta se detuvo y nos bajamos antes de llegar a la Villa en uno de los más hermosos jardines lleno de tulipanes de tantos colores, mis flores favoritas. Uno de los sirvientes nos encontró y nos pidió seguirle. Una vez llegamos a un pequeño centruelo cubierto por hermosas rosas blancas en medio del exquisito jardín se hallaba mi padre tan apacible y elegante tomando el té en aquella mesa como siempre tan formal en cada evento. Recorrí la mirada al ver quien más se encontraba con él. Eran tres personas más. No hacían más que conversar, de lejos podía verse como un cuadro exquisíto de la nobleza en su medio ambiente. Una vez puse un pie cerca un par de ojos excesivamente interesados se centraron en mi. Pero, no era eso lo que me había llamado la atención sino aquella atmósfera, aquel cuadro, había algo que me incomodaba. Aquel cuadro podía interpretarse tal vez como… no, no es posible. Lo más curioso en aquel cuadro no solo era aquella atmósfera. De las tres personas, una era mujer, algo mayor pero muy hermosa y elegante de cabello castaño oscuro y ondulado con unos ojos verdes se asomaban ansiosos por recorrer la mirada de arriba abajo sobre mí. Otro, era un hombre, también mayor que al parecer era esposo de aquella señora, cabello oscuro y ondulado. El último era un chico aparente mente un poco mayor que yo, de ojos verde esmeralda, cabello castaño claro y ondulado el cual llevaba peinado para la nuca algo inusual, no tan corpulento y sumamente atractivo. Aquellas personas sin duda eran de sangre noble y absolutamente hermosas como si se tratase de…
− Ah, ya están aquí – saludó mi padre, actuando tan bien frente a los demás como siempre.
− ¡Jonathan! Ha pasado tiempo sin verte − correspondió Eugene al saludo.
− Eugene, tan alegre como siempre − admitió mi padre.
− Ah, Alizée  que bien que por lo menos esta vez hayas llegado a tiempo en lugar de dejarme plantado y en mal con la gente − ladró.
− Lo lamento padre.
− Bueno, vayamos a lo importante, la razón por la que te cité aquí fue para que conocieras a la familia del Duque Von Rausenbach, a quienes he citado aquí junto a su hijo León Von Rausenbach − aclaró. Mientras en mi cabeza la simple mención de la familia noble “Von Rausenbach” era en el pasado un sinónimo de deshonra y vulgaridad, algo que naturalmente me extrañó por completo oír de mi padre como algo positivo.
− Mucho Gusto en conocerte, es un placer por fin conocer a la bella hija de Lord Bradford, eres una chica preciosa – me alagó aquella mujer de belleza impresionante y un carisma brillante − Es un gusto para nosotros encontrarnos con tan fina chica y de una belleza que no se ha visto desde Isabel de Baviera y María Antonieta de Francia − confesó aquel hombre junto a ella, que al igual que aquella mujer podía sentir una gran aura alrededor.
− El placer es todo mío, el hecho de conocer a tan finas personas para mi es todo un honor, mi nombre es Alizée Charlotte Bridgeman mucho gusto – saludé con una sonrisa y voz falsa.
...− Un placer, mi nombre es León Alexander Von Rausenbach pero eso ya te lo ha dicho tu honorable padre – se presentó y acto seguido sacó un cigarrillo de su bolsillo y con un encendedor comenzó a fumar frente a mí y mi padre. Su cabellera rubia peinada hacia atrás, cubierta de un fijador para cabello provocaba que una que otra de sus ondas cayeran frente a su rostro haciendo juego con un rostro celestial, una tez blanca y unos ojos verdosos, dando la apariencia del cuadro perfecto del llamado “el revolucionista”. 
− Es un placer también para mí – respondí, fijando mi vista en él tratando de analizar todas sus expresiones a la par con aquel cigarrillo entre sus dedos con una elegancia que competía por aparentar ser un chico duro. Éste me correspondió con una mirada llena de interés y codicia que ciertamente me heló la sangre.
León Von Rausenbach, el primero en entrar en escena… una fichita entre la nobleza y realeza, el chico era famoso por ser de los primeros en este duro mundo lleno de lujos y apariencias en ignorar el deseo y obligación de la nobleza al comenzar con una carrera de actor, sus padres Sir Friedrich y Lady Eleonor Von Rausenbach lo apoyaron sin vacilar. Las familias reales y nobles se impactaron y criticaron a su familia hasta desfallecer por aquel hecho tan escandaloso, lo desaprobaron y rechazaron desde ese instante e incluso le hablaban con indiferencia usando solo su nombre para llamarlo algo que hacían las personas que no te tenían respeto alguno, se dirgian a él como “León” ó “el actor ese” e incluso arrastró la casa de su propia familia y simplemente mencionar la casa de Rausenbach se había convertido en una broma. Había oído hablar del escandaloso Von Rausenbach, aquel que encabezó las portadas de las más exclusivas revistas por más de seis meses como: “El Rebelde entre la realeza” “Hasta en el mejor reinado, los revolucionarios resurgen” “Los de Sangre azul, reciben a su joven revolucionario”  y al que incluso apodaron “El Trágico de Sangre Azul” “El Príncipe Revolucionario” e incluso “El Principillo bufón de la Reina”, el mundo entero estaba conmocionado al ver aquel joven de sangre noble mezclarse en el mundo de la farándula, el mundo de los escándalos, y fue peor conforme más exitoso y demandado se volvía; pero según varias entrevistas de parte del joven Príncipe Revolucionario él respondía a aquellas acusaciones sobre “la posición en la que había nacido” como algunos se referían, y otros “a las obligaciones que él tenía al haber nacido en la casa real de los Rausenbach ”, declarando: “La gente siempre habla, siempre opina sobre la vida de los demás, yo siempre supe en la posición en la que había nacido, sabía mis deberes y obligaciones pero también como cualquier otro ciudadano inglés tengo mis propios derechos, estamos en el siglo XXI, ya no estamos más en el siglo XVI donde eras castigado severamente al no cumplir con las órdenes de tus padres o tus mayores, ni eres exiliado ni destitulado por hacer tu vida según tus sueños, mis padres son de mente abierta fueron educados para seguir sus sueños y anhelos, aún sin cumplir con “las obligacionesque la aristocracia dice que tenemos, y gran parte lo es sin embargo aunque temía lo que las demás bocas hablaran, decidí seguir adelante porque me dije ¡ESTOY HARTO de ser tratado como un príncipe! Esto no es lo que quiero para mí, así que hablé con mis padres cuando lo consideré apropiado, temiendo su rechazo y exilio, sin embargo me apoyaron fervientemente y solo me recomendaron dos cosas, la primera que me advirtió mi padre “Hijo mío, una vez que esto salga a la luz las bocas no pararán de ladrar y gruñír, posiblemente te exilien y te falten al respeto, pero ten en cuenta una cosa SERÁS REALMENTE FELIZ, con o sin ellos de tu lado, ellos no pueden decir que son realmente felices sólo por estar llenos de lujos, grandes títilos y un lugar prestigioso en la lista para tomar el trono de Inglaterra, sino porque nos tendrás a nosotros, tu familia para apoyarte y espero que sea suficiente para ti además de tu sueño. Una vez salgas de éste palacio, dejarás de ser el futuro Duque Von Rausenbach con la posición con la que  naciste, a la que fuiste acostumbrado y adorado por multitudes, y pasarás a ser sólo León Alexander Raus Von Baviera, serás oficialmente libre hijo mío, pues podrás casarte con quien desees, podrás tener la casa que desees, los viajes que desees, LA VIDA QUE DESEES pero TODO sin depender de nostros como tus padres, sin depender de la que alguna vez  fue tu posición, tú posición será heredada automáticamente a tu hermano menor y todo eso se esfumará en cuanto cruces esas puertas, NADA VOLVERÁ a ti ¿Estás dispuesto a correr el riesgo?”Mi madre se alteró casi de inmediato pensando que si mi sueño se truncaba la pasaría muy mal, sin embargo yo siempre fui alguien decidido a hacer lo que deseaba y confiado en conseguirlo, no sé si sea en parte a la posición con la que nací pero me encontraba decidido, pero antes de responder mi madre me sorprendió nuevamente al ver mi determinación y si tenía alguna duda por muy pequeña que fuese ella se encargó de que no fuera así diciéndome “Cariño, como tu madre me duele que te alejes pero sé que si es el sueño de mi pequeño entonces debo dejarlo ir y que aprenda por sí mismo, así que recuerda EL MUNDO ENTERO PUEDE SER TUYO, PORQUE ADRENTRARSE A UNA VIDA LLENA DE CARENCIAS DE LAS QUE FUESEN, ES SÓLO PARA LOS VALIENTES Y SOÑADORES VEHEMENTES, CON SANGRE QUE HIERVE POR CUMPLIR ESOS SUEÑOS”.
austin

Recordé aquellas palabras a la perfección, lo admiré en el acto. Me identificaba con él, sin embargo, él tenía a ambos padres con una mente abierta a éste nuevo siglo, a nosotros como las nuevas generaciones de sangre azul que aún intentan doblegar las antiguas generaciones a su imagen y semejanza, como solían hacerlo en tiempos de la niñéz de la reina Isabel I. La presión en nosotros como las nuevas generaciones era incluso mayor, los medios de comunicación ahora eran de un acceso simple, fácil y rápido; y eso como consecuencia era un riesgo para las familias de la realeza y nobles, que aún debían mantener su vida privada temiendo siempre que se filtrase por dichas redes y quedasen en ridículo y deshonradas a los ojos de la sociedad y más aún de la reina de Inglaterra. Mi vida, no era precisamente la más feliz y con mente abierta, así que aunque deseaba tanto hacer lo que el renegado Von Rausenbach, me era imposible… así que al comienzo me negué a usar mi don pero no usarlo me volvía infeliz así, mi prima Saya Hardie, quien era de mi misma edad me propuso usar mi identidad de ángelus, lo cual aunque ya había considerado temía la represalia de mi padre, sin embargo Saya habló con mis hermanos y me apoyaron afirmando que si eso me levantaría el ánimo harían lo que fuera para que yo siguiera adelante, fue gracias a Saya que ahora estoy aquí, mi padre al comienzo recibió muy mal la noticia pero mis hermanos se mostraron firmes ante él, hasta que cedió advirtiéndome que si terminaba en un escándalo así estuviese como Neige se encargaría de destruir mi carrera musical. 
León Von Rausenbach, no se podía negar que era absolutamente apuesto. Sin embargo noté un cambio radical en el momento en que abandonó su titulo, comenzó a vestir de una forma más casual dejando de lado los trajes de esmoquin que solía usar siempre, comenzó a dejarse crecer esa melena rubia que ahora tenía y comenzó a peinársela hacia la nuca, comenzó a mostrarse fumando, aunque sólo ocasionalmente y daba la impresión de que haberle dado e título de “El Príncipe Revolucionario” tenía completamente sentido, aunque él siempre ponía mala cara cuando se referían a él como príncipe, dado que parecía pretender que su imagen no era más de alguien de la realeza, sino como su libertad dictaba su personalidad, y esa a los ojos de los ciudadanos ingleses era “El chico malo de sangre azul” y él se preguntaba irritado ¿Acaso alguna maldita vez han visto a un mugroso príncipe fumar, tatuarse, hacerse pircings e incluso usar una chaqueta de cuero? Era claro lo que él no era, según el ningún príncipe, aquel príncipe que se tiene en concepto de perfección, y aunque eso era algo que admiraba de él siempre me causó una impresión de un tonto adolescente intentando simplemente contradecir a los que le rodeaban además, había algo en él que le impedía ser visto como un príncipe por más esfuerzo que hiciera, y no era solo el hecho de su físico o de haber nacido con sangre azul.
El chico se portó amable y mostraba un porte elegante, algo que a pesar de que él quisiera suprimir le era imposible pues había sido criado por institutrices estrictas y educado en las mejores escuelas de élite. Debo admitir que me impresiono un poco, verlo frente a frente era incluso más impactante y derrochaba un aura encantadora y entre sus más grandes encantos estaba el principal y más especial de todos, unos peculiares ojos esmeralda en los cuales podías sentir como te fundías con ellos y como al mirarte fijamente parecía hipnotizarte irremediablemente. Aunque eso no cambiaba nada. El hecho más importante era el que mi padre me haya presentado a una de las familias más poderosas, hablarme tan sorpresivamente no era algo que haría en un estado lúcido, lo sabía, sabía el plan de mi padre, el hombre que más amaba en este mundo, el hombre que deseaba mi felicidad y mi protección… el hombre que ahora me odiaba más que nada en el mundo y que no le importaba mi destino, al punto de ahora presentarme al “Bufón de la Reina” ¿Tanto así me odiaba?
Eugene hecho una mirada desconcertada a mi padre e hizo un gesto de desaprobación. Eso lo había confirmado todo, sin duda mi padre había planeado controlar mi vida cuando mi madre Ariadne jamás lo hubiese permitido, pero eso ya no era de importancia, la pérdida de mi madre lo había segado por completo y ahora solo veía sus propios intereses aún a costa de mi vida. Mi padre criticó hasta desfallecer a ésta familia, juró que nunca entablaría una conversación con personas tan vulgares como esas, sin embargo… el hecho de que estemos aquí ahora, con aquella famila vulgar y con al que él mismo apodó anteriormente como “El bufón de la Reina”.
− Bueno, creo que debo explicártelo Alizée, León y su familia han venido a conocerte por que León es ahora un candidato a futuro esposo, pero eso aún está por verse − me aclaró.
− ¿Qué has dicho? − Preguntó sorpresivamente Eugene atónito por la noticia tan inesperada.
− Si, así como lo has oído Eugene, Alizée  ahora tendrá candidatos a futuro esposo y uno de ellos es León. Como es lógico no se conocen entre sí, León nació en Alemania, sin embargo fue registadro con nacionalidad inglesa, espero lo trates bien. Los demás candidatos son de nacionalidades muy diferentes como te dije son los mejores a mi criterio.
No me sorprendía, yo… ya lo había deducido sabía que mi padre quería algún beneficio de mí, anteriormente hubiese aceptado sin protestar pero, ahora había alguien que había despertado algo en mí, algo que no podía explicar pero definitivamente estaba dispuesta a defenderlo pero por ahora para mi no sería conveniente en estos momentos no hasta encontrarlo y si no lo encuentro me resignaré a cumplir con las ordenes de mi padre ¿Por qué? Por que nací en ésta posición, por mis padres, por mi naturaleza, por mi destino y así era como funcionaba éste mundo donde se me había concedido mi nacimiento. La posición en la que nacen los ángelus, NO ES COINCIDENCIA en absoluto, como no lo es la de los humanos. Mientras los Tronos y Dominios movían los hilos para nuestra presencia en la tierra, los ángelus del destino se encargaban de los humanos así como el de los Ángeles.
− Y ¿Qué dices? ¿Es León acaso digno de ser tu futuro esposo? ¿Estás dispuesta a darle esa oportunidad? − inquirió mi padre.
Yo, no sabía que decir en verdad quería encontrar aquel chico, pero por ahora no me convenía oponerme a mi padre, no por ahora.
− Así es, no puedo dudar de su criterio, es mi padre y sé que los candidatos a su elección serán sin duda los más adecuados, sin embargo como lo dijo con anterioridad, aún debo conocer a los demás, padre − contraataqué.
− Hmm. Tienes razón tienes que ver a los dignos candidatos y rivales de León – admitió con orgullo.
− Jonathan, pero ¿como se te ocurre hacer esto? Ella no es más que una niña, sólo cuenta con trece años. ¡Por Dios! − replicó Eugene.
− Así es Eugene, es bastante claro si tu familia comienza a presentarte a otras familias que casualmente tienen un hijo del sexo opuesto de casi la misma edad que alguno de tus hijos da perfectamente el indicio de que lo que desean es una unión entre las familias pero eso no sería posible para mi si fuese solo con alguien normal porque… León no es humano ¿no es así León?− dije al momento de dirigirle una mirada decidida a León.
− ¿Qué? ¿Es eso cierto? Ya se me hacia extraño que quisieras comprometerla con alguien así porque si, pero ¿Cómo lo has sabido Alizée? ¿Es porque incluso a ti te ha impresionado? − preguntó Eugene con curiosidad y cierto humor.
− No, Eugene, la belleza físcia tiene que ver; pero no es que me impresione. Es bastante simple, en cuanto lo vi supe que no era humano porque esos ojos que tiene no son humanos, un ser humano no posee esa coloración de ojos además si lo notas tiene cierto movimiento en el color lo que crea la ilusión ante los humanos como ojos verdes más claros y comunes. Observe tu reacción Eugene y al ver que no te impresionaste al ver sus ojos, ni hacer un comentario, supe que ante los humanos esos ojos no son visibles.
− Ah, creo que fui descubierto total no era la gran cosa, aunque no me esperaba que notaras lo de mis ojos es un viejo truco − respondió con arrogancia.
− Eugene, eres un gran amigo eres como de mi familia pero, te pido por favor no interfieras en esto, esto es entre mi familia y yo − hizo una pausa y continuó − Además no me culpes que esto no fue idea mía simplemente escuché algunas peticiones − aclaró.
− ¿Peticiones? ¡Habla claro! − replicó Eugene.
− Si, como lo oyes. Un ejemplo de ello, León. Yo no fui quien los escogió como candidatos ellos la han elegido como su esposa pero eran demasiados así que simplemente hice una selección para elegir a los mejores y uno de ellos es León, fue realmente difícil todos eran muy buenos pero finalmente seleccione a los mejores y ella tendrá que elegir a uno de ellos − concretó con voz seria.
− Entonces, padre ¿Quiénes son “los otros”? según como lo dijo está afirmando que son más de dos − intenté aclararme las ideas.
− Así es, tal y como has deducido. Son más de dos a quienes les he permitido conocerte para que al final des tu decisión, la cual espero que sea la más oportuna − anunció dibujándose en su rostro un gesto de seguridad innata.
− Acerca de esto ¿Quién más lo sabe? − pregunté.
− Solo nosotros y… tus hermanos.
− ¿Leonard y Edmund? − dije haciendo un gesto de sospecha y a la vez de preocupación.
− Si, era de esperarse que no lo tomaran nada bien. Incluso se han atrevido a alzarme la voz nuevamente e incluso amenazarme con venir hasta acá y echar a perder cualquier encuentro, pero eso ya esta solucionado, era de esperarse, siempre han sido demasiado sobreprotectores contigo. − sostuvo con voz seria y severa.
Mi padre se regresó a mirar nuevamente a León y alargando el brazo hacia su hombro derecho de frente.
− Así que León, está en ti el querer ser parte de ésta familia y ganarte a Alizée , cuentas con todo mi apoyo incondicional pero esta claro que los demás candidatos son grandes y poderosos rivales − lo alentó y advirtió mi padre.
− Si, lo entiendo Lord Bradford, pero realmente estoy muy interesado en Alizée  y le prometo que pondré todo lo que haga falta para convertirla en mi prometida, estoy realmente convencido de ello, quiero a su hija como mi esposa − afirmó con mucha seguridad y observe como su mirada se encontraba fija en mi y de inmediato lo deduje “me observaba como un objeto y con gran avaricia, al punto que asustaba.”
Ambos sonrieron y estuvieron de acuerdo como si yo, fuese trofeo al cual pueden manipular a su antojo e intercambiar con facilidad. Por lo único que rogaba era poder recordar y encontrar aquel chico que sin darme cuenta había adquirido mi atención y mi tiempo por completo.
Poco antes de retirarnos observé como mi padre se llevaba a Eugene a un lugar mas íntimo por así decirlo, parecía ser que le daba ciertas instrucciones, pero decidí ignorar aquella escena.
Un pequeño instante antes de partir mi padre nos encaminó.
− Nos vemos − anunció Eugene.
Quien se distrajo en despedirse de la otra familia y mientras el se despedía, hubo un enorme momento de silencio incómodo junto a mi padre quien se hallaba a mi lado y algo alejados de aquella escena de Eugene.
− Bueno, si me disculpa − anuncié.
− Sólo espero que no te pongas caprichosa con éste asunto como lo hicieron tus hermanos, y otra cosa. No quiero que un ser tan miserable como tú se atreva a decirme padre de nuevo, tienes ciertas excepciones así que por ahora te lo paso − aclaro de mala gana.
− Si, señor − respondí al momento al momento en el que en cuanto menciono “ser tan miserable” mi mano derecha comenzó a temblar y mi respiración comenzaba a deteriorarse.
− Es increíble, que todavía después de haber asesinado a tu madre tenga que soportar a un ser tan repugnante, si es que se te puede ser llamado “ser” incluso para mi ni siquiera debió haber existido una asesina como tú − afirmó con frialdad en sus expresiones.
Traté bruscamente de controlar el quebranto que sufría mi cuerpo cada vez que sentía o sabía que mi padre se me acercaba como solía hacer cada vez desde que mi madre murió.
− Como sea, espero no verte en un buen tiempo con solo ver tu rostro me repugna, me hace recordar aquel día, me repugna saber que fui quien te engendró, al menos me serás útil en algo − gruñó con amargura.
Seguí luchando lo mayor posible para controlarme sentí como si en verdad Eugene hubiese tardado una eternidad y me sentía desesperada, sabía que mi cuerpo no tardaría en mostrar la realidad de mi miseria. Eugene se apresuró, me tomó de la mano y se despidió de inmediato con la mano a paso veloz.
De camino nuevamente hacia nuestra casa de Inglaterra aún no asimilaba que aquel señor que se decía mi padre hiciera tal cosa, como casarme por conveniencia seguramente si mi madre estuviese aquí ella jamás lo permitiría. Ahora más que nunca me hacia tanta falta. Desde aquel día mi padre cambio radicalmente. Él nunca volvió a ser el mismo. Una vez más hundida en mis pensamientos recuerdos tan dolorosos que me hubiese gustado jamás recordar y sólo vivir mi vida, pero mi padre se negaba rotundamente a dejarme tener paz por un instante, ya no le soportaba.
− ¿Alizée? − preguntó Eugene con voz queda.
− ¿Si? ¿Pasa algo? − dije con la mirada desviada y mano aún temblorosa.
− ¿Te encuentras bien? Lamento haberte dejado con tu padre tanto tiempo, los padres de aquel chico me entretuvieron un poco − habló con voz queda.
− Yo… estoy bien − aseguré con frialdad.
− No lo creo. Te conozco no deberías mentirme de esa manera, sabes lo mucho que te quiero, sé por lo que has pasado yo, mejor que nadie además de tus hermanos te conozco a la perfección me gustaría que tuvieras un poco más de confianza en mí − dijo con decepción.
Hubo un momento de completo silencio en el cual no le dirigí la mirada y ni siquiera me digne a responderle, me volvía a sentir de esa manera, como si mi alma se quebrantara y quemara… tan miserable. Pero no quería seguirlo envolviendo más en esto yo… sabría como seguir adelante, sola. Sabría ser fuerte, a tal punto en el que no necesitase de nada ni nadie, ni siquiera de mis hermanos. Por un momento pensé “tal vez sería mucho mejor para mi estar completamente sola” por un momento desee convertirme en una huérfana y quedarme completamente sola aún si no tuviese dinero, sería mejor que vivir este infierno.
− ¿No piensas ni mirarme? ¡Alizée! ¡Mírame! − gritó.
Cuando le escuché tarde un gran momento en decidirme a voltear a verle el rostro de desaprobación.
− Siempre… siempre eres así. Nunca me demuestras tus verdaderos sentimientos, ni a mí, ni a nadie, se que no es tu culpa pero al menos deberías decirlos. No recuerdo haberte visto nunca ni llorar, ni reír, ni curiosidad ni siquiera te he visto ni un poquito feliz y aún después de la muerte de tu madre no derramaste ni una sola lagrima − se le quebró la voz.
Lo miré fijamente despreocupada e indiferente, aún cuando él me lo dijera, era como si no le comprendiera, siempre me pregunte ¿qué importancia tenían los sentimientos? Los únicos sentimientos que solo conocía eran el miedo, cariño de hermandad, soledad e indiferencia lo demás jamás me ha surgido, la poca felicidad que un día tuve ya la había olvidado, había olvidado cómo se sentía.
− Pude notar aquel quebramiento de tu cuerpo en tu mano temblorosa es por eso que me dispuse a apresurarme dime, ¿te dijo algo Jonathan?
− Creo que es obvio… me ha dicho cuanto le desprecia tenerme como hija suya y aclararme cuanto le repugna por el simple hecho de tenerle que llamar padre − le informé con frialdad.
− Eso no…
− ¿Eso no que? ¡¿Aún crees que a un padre le es imposible odiar a sus hijos?! Siempre supe la verdad no te sientas culpable de decirme la verdad, ¡NO SOY UNA TONTA HUMANA EUGENE! ¡NO ME VOY A ROMPER SI ME HABLAS CON LA VERDAD! − le grité llena de enojo, me irritaba cómo me culpaba por NO SER HUMANA ¿acaso eso tiene sentido? ¡NO PUEDO AMAR, SER FELIZ, POSTIVA, O HABLAR de lo que siento por una simple razón, PORQUE JAMÁS LO HE EXPERIMENTADO, JAMÁS LO HE VIVIDO ¿cómo comentas o cómo sientes algo que jamás has conocido? En ocasiones me sentía mucho más sola cuando ni Eugene comprendía mi verdader naturaleza.
Eugene se quedó atónito con la aceptación a mi realidad, se quedó callado por un largo rato y enseguida se dispuso a hablar nuevamente para distraerme.
Como sea, será mejor cambiar de tema, pero eso si, tengo que discutir contigo acerca de esa tontería de comprometerte a esta edad ¿Cómo puedes aceptar algo como esto?
− Bueno, es mi padre y esta claro que debo obedecerle. Además aún tengo algo de tiempo y no me convenía replicar en ese momento, cuando llegue el momento lo haré y será cuando encuentre aquel chico además como te he dicho hay suficiente tiempo aún cuando me comprometa quedará mucho tiempo antes de que me case.
− Alizée  ¿en verdad piensas seguir con esto?
− Sé lo que hago, por ahora no reprocharé nada. Todo a su tiempo − le aclaré.
− Bueno en lo de casarte tienes razón pero, en verdad me preocupas. ¿Aún así escogerás a alguno de ellos?
− Estaré bien, enserio déjamelo a mi − le aseguré − de eso aún no estoy segura para tener un matrimonio duradero debe haber amor y está claro que un ser como yo nunca se enamorará de un humano común.
Me regresé a mirarle de reojo el rostro dejando del lado la ventanilla de la limosina y vi como en su rostro había mucha preocupación y una mirada de resignación. 


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