Padre e Hija
Deslicé los dedos por el tazón de cereal intentando una y otra vez
olvidar aquel suceso que me mantenía cautiva. Mientras reflexionaba acerca de
aquella escena misteriosa que me había cautivado con la mirada perdida en aquel
tazón volví a repetir la escena en mi cabeza, si aquel chico me conocía
entonces debía recordar algo que me hiciera recordarlo. Cuando de forma
inesperada alguien interrumpió aquella reflexión.
− Alizée ¿cómo amaneciste hoy? −
saludó Eugene.
− ¿Eh? Oh, Eugene me sorprendiste − tartamudee.
− ¿Eh? ¿A caso estabas pensando en aquel encuentro? Veo que estás muy al
pendiente de aquella escena, esto comienza a preocuparme, jamás te había visto
así de afectada por algo que llevas viviendo desde que puedes caminar − dijo
dirigiendo una mirada de sospecha y recordándome los horribles sucesos de
confesiones entre niños.
− ¿Eh? No es nada, es solo que es un poco misterioso. Digo, aquel chico
parece ser que me conoce pero aún no quiso mostrarme su rostro eso no es
normal, además es alguien como yo lo cual me ha vuelto más curiosa de conocerlo
− admití.
− Mmm… ya veo. Así que tu curiosidad hacia aquel chico tan misterioso
¿es solo porque es uno más de aquellas personas como tú? O tal vez… ¿Por qué no
te mostró su rostro? ¿Por qué no te dijo cuánto te ama? ¿Ni cuales son sus
intenciones?− inquirió.
− ¿Por que más iba de ser? Me refiero a que si llegara a estar
interesado de esa manera por mí ¿no habría hecho lo habitual? ¿No me habría
dicho sus intenciones? ¿No me habría confesado sus sentimientos? − intenté
persuadirlo.
− Bueno, recuerda que él NO ES HUMANO, él seguramente sabe que causar
una buena impresión a una chica con la misma naturaleza, debes impresionarla de
una forma menos habitual, sólo piénsalo ¿hubiera funcionado para ti, el hecho
de que él simplemente se acercara como todos los anteriores a decirte que te
ama de aquí a las estrellas y de regreso? ¿Habría hecho alguna diferencia?
¿Habría funcionado suplicar? ¿Habría funcionado arrastrarse por ti como
habitualmente lo hacen los humanos? Por cierto… ¿no haz recordado nada aún
relacionado con lo de aquellas rosas azules? Según aquella tarjeta es una pista
infalible de cómo se conocieron.
− No, no aún − dije con un hilo de voz totalmente decepcionada. – Pero
tienes razón, si hubiese hecho lo que los humanos, lo habría mandado al diablo
de inmediato son irritantes. Supongo que debí pensarlo con más detenimiento,
supongo… que es por eso que estoy así de impactada, abrumada, pero… más que
nada impresionada e interesada – admití.
− Espero que recuerdes, dado que si aquel chico conoce tu forma
angelical y la verdadera quiere decir que sabe bastante de ti, posiblemente más
de lo que te imaginas.
Dudé durante un momento y regrese la mirada a mi tazón de cereal sin
apetito alguno y a mi reflexión. El repiqueteo estridente del teléfono nos
sorprendió a los dos, Eugene se aproximó al teléfono más cercano e indico a la
muchacha que no se molestara. Eugene alargó la mano y tomo el auricular.
− Casa de la familia Bridgeman − contestó Eugene con voz educada y
elegante como si se tratara de un mayordomo.
Alguien le contestó y Eugene reacciono sorprendido. En su mirada se
reflejo una chispa de luz y en su rostro aparentaba orgullo.
− Si, estoy seguro − aseguró en forma confiada y continuó − Si, yo la
llevaré.
A continuación éste colgó el teléfono.
− ¿Quién era Eugene?
− El Conde de
Bradford − afirmó.
− ¿Qué? ¿Mi padre?
− Si, parece ser que ha decidido que quiere verte
mañana mismo en la Villa de Berlín, Alemania.
Me quedé completamente helada, alguien como mi
padre llamando para verme, eso… no es posible. Él jamás me perdonaría,
seguramente debe ser algún asunto muy importante en el cual yo entraba en sus
planes.
− ¿Pasa algo? ¿No estás contenta? Verás a tu padre
después de tanto.
− Eso no es más que una mentira. No puedo estar
contenta por algo que no es real, mi padre jamás me llamaría y diría que quiere
verme cuando no le conviene pero al fin y al cabo es mi padre y debo ir a verle
− admití − Si me disculpas Eugene, quiero estar sola un momento.
Abandone aquel
tazón de cereal inconcluso mi esperanza de regresar a España y me dirigí
escaleras arriba directo a mi habitación de aquella casa, me tiré en la cama
boca arriba y me dispuse a mirar el techo.
A la mañana
siguiente lo único que se lograba ver era el cielo con un tenue gris y llegué a
tener la sensación de que no sería mi día, después de todo iba a enfrentar mi
peor temor el posible rechazo de mi padre con el que había vivido desde ya hace
tiempo.
Camino a la
hermosa ciudad de Berlín no pensaba en el riesgo de salir nuevamente herida por
mi padre sino que por muy extraño que parezca temía más no poder recordar aquel
chico últimamente desde mi concierto en Inglaterra no había nada más en lo que
pudiese pensar, que no fuese aquel misterioso chico que sin darme cuenta había
conseguido mi atención. “Mi atención” pensé. Esto definitivamente jamás me
había sucedido hasta ahora, me entusiasmaba más el hecho de poder verlo nuevamente,
sentía que el simple hecho de volver a verle me llenaría de valor para hacerle
frente a mi padre. Me quedé pensativa una vez más sin darme cuenta cuando
Eugene notó lo distante que me encontraba y aún al percatarme de aquello decidí
ignorarlo aunque podía adivinar que era lo que pasaba por su mente “Alizée me preocupa, no hace más que pensar
en aquel encuentro, además de que está completamente tranquila por ver a su
padre” seguramente eso estaría pensando.
Así es, desde
lo sucedido en aquel incidente mi vida había cambiado radicalmente llevándome a
un daño psicológico sumamente alto pero con el tiempo aprendí a controlarme
para no mostrar mis debilidades ni siquiera a mi propio padre. Aprendí a
esquivar aquellas enormes espinas que se clavaban en mi ser con solo intentar
hablar con mi padre, aprendí a no buscarle más, aprendí que no podía seguirle
viendo como padre, él había sido un padre confiable, amable y nos amaba a los
tres, pero aquel día me marcó y terminó afectando a mi familia igual. Cada vez
que tenía que ver a mi padre sufría de un ataque de pánico, no era uno
cualquiera simplemente temblaba todo mi cuerpo y comenzaba estresarme
arduamente para lograr controlarme me tomaba ambas manos y procedía a mi forma
angelical que desaparecía por completo aquellos síntomas que tanto me
agobiaban. Recordaba como había comenzado a controlar mi pánico yo misma,
cuando la ira de mi padre se descontrolaba, mis hermanos no estaban para
defenderme y tenía que encerrarme con llave en mi habitación, correr hasta el
rincón más apartado de la puerta, enrroscarme como si algo horrible fuera a
caer sobre mí, entonces todo mi cuerpo comenzaba a sufrir un ataque de pánico
que ya eran más frecuentes, era un miedo tal que prefería morir en ese mismo
instante antes de que mi padre tirara la puerta abajo, inconscientemente tomaba
mis piernas con ambos brazos y escabullía mi pequeña cabeza en medio de ellos y
me acariciaba una y otra vez los enormes moretones en mis brazos y piernas que
mantenía escondidos de mis hermanos, temía no poder escapar de nuevo y ser
golpeada por el hombre que más amaba… ver sus ojos dirigirme una mirada llena
de ira y pensar “él es mi padre, aquel
que me dirigio una sonrisa llena de dulzura al momento de conocerlo, al prmer
momento en que lo conocí como mi padre, al momento de mi nacimiento, cuando me
cargaba con ternura y me decía cuánto me amaba y alababa a Dios por haberme
traído sana y salva a este mundo, él… la segunda persona en mi vida a la que le
dirigí mi sonrisa más pura, sincera y llena de amor, dichosa al pensar; él es
mi padre, aquel que me protegería de cualquiera que intentara hacerme daño,
sería el rey de mi vida y mi más grande héroe, la persona que me mantendría más
segura que la msima reina de Inglaterra”. Aquel gran rey que adoraba más
que a nadie, inclusive de mi madre quien no paraba de inculcarme el hecho de
amarlo fervientemente, honrarlo y respetarlo, algo que mi madre me había
enseñado hacía mucho tiempo y me recordaba a mí misma respondiéndole a ella
“Así lo haré madre, yo lo honraré y respetaré”. Aquel cruda memoria, me rompía
el corazón y en la mayoría de las ocasiones la razón. Mi única protección para
dejar de temblar, para dejar de tener ese ataque pánico era… traer a Neige,
aquella niña pelirroja, de fuerte mirada grisácea y aquellas ondas que caían
sobre mis hombros… sólo ella, podía salvarme.
De alguna
forma, hoy no me sentía de esa forma tal vez porque no hacia más que pensar en
aquel chico o tal vez ya lo había superado. Aunque lo más probable sería la
primera opción.
− ¿Alizée? Hay algo que me ha inquietado desde hace
unos días − dijo Eugene sacándome de mis continuos intentos de recordar a aquel
chico.
− ¿Qué cosa?
− Bueno, tal vez te suene tonto pero, estás muy
interesada en aquel chico; digo, es que es la primera vez que veo algo muy
diferente en ti, has cambiado, en tus ojos puedo ver lo mucho que has
progresado. Puedo darme cuenta por la forma en la que estás ahora, es decir te
veo con una expresión más gentil que antes. Tal vez no te hayas dado cuenta
pero antes de la aparición de éste chico eras muy fría con la gente tanto que
muchos dudaban que fueses un ser viviente como si fueses una simple muñeca de
porcelana vagando por el mundo con una enorme vitrina que evitaba que los demás
se te acercasen, tenias demasiados ataques que no podías controlar sin
transformarte en tu forma angelical pero al verte ahora, no pareces estar para
nada preocupada y eso me encanta. Tal vez éste chico no sea uno cualquiera
además de ser alguien con tu mismo don.
Lo miré con ojos inexpresivos y con la mente totalmente
confusa.
− No tenía idea de que me veías de esa forma, tal
vez… sea cierto, pero no quiero que éste sentimiento siga desde que lo ví no he
hecho otra cosa que pensar en él, en tratar de recordarlo, yo… no entiendo que
me pasa es la primera vez que me siento de esta forma. La verdad que quiero
olvidar y fingir que nada ha pasado pero, − hice una gran pausa dudosa y
continué − algo en mi se niega rotundamente. Lo de la muñeca y aquella vitrina
en verdad jamás me percaté de ello lo cierto es que nunca quise que me quisieran,
jamás pedí ser como soy. Lo único que sé es que éste recuerdo es lo único que
me ha dado valor, valor que he necesitado desde hace tanto y que ahora tengo.
Por primera vez siento que puedo enfrentar a mi padre.
Eugene quedó completamente estupefacto por aquellas
palabras que sin duda nunca hubiese dicho, pero por primera vez me sentí tan
bien de decir lo que pensaba y saber que era lo que quería, quería encontrar a
ese chico, conocerle, ver su rostro, saber todo sobre él y como me conoce.
Eugene sonrió momentáneamente al mismo tiempo en el que me regalaba una mirada
tan dulce y orgullosa.
Cuando menos lo pensamos ya habíamos llegado a la
Villa de Berlín de la familia Bridgeman la cual no había visto desde hace
tanto. Extrañaba sus dulces jardines llenos de flores y enormes hectáreas de
césped en la Villa entera. La camioneta se detuvo y nos bajamos antes de llegar
a la Villa en uno de los más hermosos jardines lleno de tulipanes de tantos
colores, mis flores favoritas. Uno de los sirvientes nos encontró y nos pidió
seguirle. Una vez llegamos a un pequeño centruelo cubierto por hermosas rosas
blancas en medio del exquisito jardín se hallaba mi padre tan apacible y
elegante tomando el té en aquella mesa como siempre tan formal en cada evento.
Recorrí la mirada al ver quien más se encontraba con él. Eran tres personas
más. No hacían más que conversar, de lejos podía verse como un cuadro exquisíto
de la nobleza en su medio ambiente. Una vez puse un pie cerca un par de ojos
excesivamente interesados se centraron en mi. Pero, no era eso lo que me había
llamado la atención sino aquella atmósfera, aquel cuadro, había algo que me
incomodaba. Aquel cuadro podía interpretarse tal vez como… no, no es posible.
Lo más curioso en aquel cuadro no solo era aquella atmósfera. De las tres
personas, una era mujer, algo mayor pero muy hermosa y elegante de cabello
castaño oscuro y ondulado con unos ojos verdes se asomaban ansiosos por
recorrer la mirada de arriba abajo sobre mí. Otro, era un hombre, también mayor
que al parecer era esposo de aquella señora, cabello oscuro y ondulado. El
último era un chico aparente mente un poco mayor que yo, de ojos verde
esmeralda, cabello castaño claro y ondulado el cual llevaba peinado para la
nuca algo inusual, no tan corpulento y sumamente atractivo. Aquellas personas
sin duda eran de sangre noble y absolutamente hermosas como si se tratase de…
− Ah, ya están aquí – saludó mi padre, actuando tan
bien frente a los demás como siempre.
− ¡Jonathan! Ha pasado tiempo sin verte −
correspondió Eugene al saludo.
− Eugene, tan alegre como siempre − admitió mi
padre.
− Ah, Alizée
que bien que por lo menos esta vez hayas llegado a tiempo en lugar de
dejarme plantado y en mal con la gente − ladró.
− Lo lamento padre.
− Bueno, vayamos a lo importante, la razón por la
que te cité aquí fue para que conocieras a la familia del Duque Von
Rausenbach, a quienes he citado
aquí junto a su hijo León Von Rausenbach − aclaró. Mientras en mi cabeza la
simple mención de la familia noble “Von Rausenbach” era en el pasado un
sinónimo de deshonra y vulgaridad, algo que naturalmente me extrañó por
completo oír de mi padre como algo positivo.
− Mucho Gusto en conocerte, es un placer por fin
conocer a la bella hija de Lord Bradford, eres una chica preciosa – me alagó
aquella mujer de belleza impresionante y un carisma brillante − Es un gusto
para nosotros encontrarnos con tan fina chica y de una belleza que no se ha
visto desde Isabel de Baviera y María Antonieta de Francia − confesó aquel hombre
junto a ella, que al igual que aquella mujer podía sentir una gran aura
alrededor.
− El placer es todo mío, el hecho de conocer a tan
finas personas para mi es todo un honor, mi nombre es Alizée Charlotte Bridgeman
mucho gusto – saludé con una sonrisa y voz falsa.
− Un placer, mi nombre es León Alexander Von Rausenbach pero eso ya te lo ha dicho tu honorable padre – se
presentó y acto seguido sacó un cigarrillo de su bolsillo y con un encendedor
comenzó a fumar frente a mí y mi padre. Su cabellera rubia peinada hacia atrás,
cubierta de un fijador para cabello provocaba que una que otra de sus ondas
cayeran frente a su rostro haciendo juego con un rostro celestial, una tez
blanca y unos ojos verdosos, dando la apariencia del cuadro perfecto del
llamado “el revolucionista”.
− Es un placer también para mí – respondí, fijando
mi vista en él tratando de analizar todas sus expresiones a la par con aquel
cigarrillo entre sus dedos con una elegancia que competía por aparentar ser un
chico duro. Éste me correspondió con una mirada llena de interés y codicia que
ciertamente me heló la sangre.
León Von Rausenbach, el primero en entrar en escena… una fichita entre la nobleza y realeza,
el chico era famoso por ser de los primeros en este duro mundo lleno de lujos y
apariencias en ignorar el deseo y obligación de la nobleza al comenzar con una
carrera de actor, sus padres Sir Friedrich y Lady Eleonor Von Rausenbach lo apoyaron sin vacilar. Las familias reales y
nobles se impactaron y criticaron a su familia hasta desfallecer por aquel hecho
tan escandaloso, lo desaprobaron y rechazaron desde ese instante e incluso le
hablaban con indiferencia usando solo su nombre para llamarlo algo que hacían
las personas que no te tenían respeto alguno, se dirgian a él como “León” ó “el actor ese” e incluso arrastró la casa de su propia familia y
simplemente mencionar la casa de Rausenbach se había
convertido en una broma.
Había oído hablar del escandaloso Von Rausenbach, aquel que encabezó las portadas de las más
exclusivas revistas por más de seis meses como: “El Rebelde entre la realeza”
“Hasta en el mejor reinado, los revolucionarios resurgen” “Los de Sangre azul,
reciben a su joven revolucionario” y al que incluso apodaron “El Trágico de Sangre Azul” “El
Príncipe Revolucionario” e incluso “El Principillo bufón de la Reina”,
el mundo entero estaba conmocionado al ver aquel joven de sangre noble
mezclarse en el mundo de la farándula, el mundo de los escándalos, y fue peor
conforme más exitoso y demandado se volvía; pero según varias entrevistas de
parte del joven Príncipe Revolucionario él respondía a aquellas acusaciones
sobre “la posición en la que había nacido” como algunos se referían, y otros “a
las obligaciones que él tenía al haber nacido en la casa real de los Rausenbach ”, declarando: “La gente siempre
habla, siempre opina sobre la vida de los demás, yo siempre supe en la posición
en la que había nacido, sabía mis deberes y obligaciones pero también como
cualquier otro ciudadano inglés tengo mis propios derechos, estamos en el siglo
XXI, ya no estamos más en el siglo XVI donde eras castigado severamente al no
cumplir con las órdenes de tus padres o tus mayores, ni eres exiliado ni
destitulado por hacer tu vida según tus sueños, mis padres son de mente abierta
fueron educados para seguir sus sueños y anhelos, aún sin cumplir con “las
obligaciones” que la aristocracia
dice que tenemos, y gran parte lo es sin embargo aunque temía lo que las demás
bocas hablaran, decidí seguir adelante porque me dije ¡ESTOY HARTO de ser
tratado como un príncipe! Esto no es lo que quiero para mí, así que hablé con
mis padres cuando lo consideré apropiado, temiendo su rechazo y exilio, sin
embargo me apoyaron fervientemente y solo me recomendaron dos cosas, la primera
que me advirtió mi padre “Hijo mío, una vez que esto salga a la luz las bocas
no pararán de ladrar y gruñír, posiblemente te exilien y te falten al respeto,
pero ten en cuenta una cosa SERÁS REALMENTE FELIZ, con o sin ellos de tu lado,
ellos no pueden decir que son realmente felices sólo por estar llenos de lujos,
grandes títilos y un lugar prestigioso en la lista para tomar el trono de
Inglaterra, sino porque nos tendrás a nosotros, tu familia para apoyarte y
espero que sea suficiente para ti además de tu sueño. Una vez salgas de éste
palacio, dejarás de ser el futuro Duque Von Rausenbach con la posición con la
que naciste, a la que fuiste
acostumbrado y adorado por multitudes, y pasarás a ser sólo León Alexander Raus
Von Baviera, serás oficialmente libre hijo mío, pues podrás casarte con quien
desees, podrás tener la casa que desees, los viajes que desees, LA VIDA QUE
DESEES pero TODO sin depender de nostros como tus padres, sin depender de la
que alguna vez fue tu posición, tú
posición será heredada automáticamente a tu hermano menor y todo eso se
esfumará en cuanto cruces esas puertas, NADA VOLVERÁ a ti ¿Estás dispuesto a
correr el riesgo?”Mi madre se alteró casi de inmediato pensando que si mi sueño
se truncaba la pasaría muy mal, sin embargo yo siempre fui alguien decidido a
hacer lo que deseaba y confiado en conseguirlo, no sé si sea en parte a la
posición con la que nací pero me encontraba decidido, pero antes de responder
mi madre me sorprendió nuevamente al ver mi determinación y si tenía alguna
duda por muy pequeña que fuese ella se encargó de que no fuera así diciéndome
“Cariño, como tu madre me duele que te alejes pero sé que si es el sueño de mi
pequeño entonces debo dejarlo ir y que aprenda por sí mismo, así que recuerda
EL MUNDO ENTERO PUEDE SER TUYO, PORQUE ADRENTRARSE A UNA VIDA LLENA DE CARENCIAS
DE LAS QUE FUESEN, ES SÓLO PARA LOS VALIENTES Y SOÑADORES VEHEMENTES, CON
SANGRE QUE HIERVE POR CUMPLIR ESOS SUEÑOS”.
Recordé aquellas
palabras a la perfección, lo admiré en el acto. Me identificaba con él, sin
embargo, él tenía a ambos padres con una mente abierta a éste nuevo siglo, a
nosotros como las nuevas generaciones de sangre azul que aún intentan doblegar
las antiguas generaciones a su imagen y semejanza, como solían hacerlo en
tiempos de la niñéz de la reina Isabel I. La presión en nosotros como las
nuevas generaciones era incluso mayor, los medios de comunicación ahora eran de
un acceso simple, fácil y rápido; y eso como consecuencia era un riesgo para
las familias de la realeza y nobles, que aún debían mantener su vida privada temiendo
siempre que se filtrase por dichas redes y quedasen en ridículo y deshonradas a
los ojos de la sociedad y más aún de la reina de Inglaterra. Mi vida, no era
precisamente la más feliz y con mente abierta, así que aunque deseaba tanto
hacer lo que el renegado Von Rausenbach, me era imposible… así que al comienzo me negué a
usar mi don pero no usarlo me volvía infeliz así, mi prima Saya Hardie, quien
era de mi misma edad me propuso usar mi identidad de ángelus, lo cual aunque ya
había considerado temía la represalia de mi padre, sin embargo Saya habló con
mis hermanos y me apoyaron afirmando que si eso me levantaría el ánimo harían
lo que fuera para que yo siguiera adelante, fue gracias a Saya que ahora estoy
aquí, mi padre al comienzo recibió muy mal la noticia pero mis hermanos se
mostraron firmes ante él, hasta que cedió advirtiéndome que si terminaba en un
escándalo así estuviese como Neige se encargaría de destruir mi carrera
musical.
León Von Rausenbach,
no se podía negar que era absolutamente apuesto. Sin embargo noté un cambio
radical en el momento en que abandonó su titulo, comenzó a vestir de una forma
más casual dejando de lado los trajes de esmoquin que solía usar siempre,
comenzó a dejarse crecer esa melena rubia que ahora tenía y comenzó a
peinársela hacia la nuca, comenzó a mostrarse fumando, aunque sólo
ocasionalmente y daba la impresión de que haberle dado e título de “El
Príncipe Revolucionario” tenía completamente sentido, aunque él siempre
ponía mala cara cuando se referían a él como príncipe, dado que parecía
pretender que su imagen no era más de alguien de la realeza, sino como su
libertad dictaba su personalidad, y esa a los ojos de los ciudadanos ingleses
era “El chico malo de sangre azul” y él se preguntaba irritado ¿Acaso alguna
maldita vez han visto a un mugroso príncipe fumar, tatuarse, hacerse pircings e
incluso usar una chaqueta de cuero? Era claro lo que él no era, según el ningún
príncipe, aquel príncipe que se tiene en concepto de perfección, y aunque eso
era algo que admiraba de él siempre me causó una impresión de un tonto
adolescente intentando simplemente contradecir a los que le rodeaban además,
había algo en él que le impedía ser visto como un príncipe por más esfuerzo que
hiciera, y no era solo el hecho de su físico o de haber nacido con sangre azul.
El chico se
portó amable y mostraba un porte elegante, algo que a pesar de que él quisiera
suprimir le era imposible pues había sido criado por institutrices estrictas y
educado en las mejores escuelas de élite. Debo admitir que me impresiono un
poco, verlo frente a frente era incluso más impactante y derrochaba un aura
encantadora y entre sus más grandes encantos estaba el principal y más especial
de todos, unos peculiares ojos esmeralda en los cuales podías sentir como te
fundías con ellos y como al mirarte fijamente parecía hipnotizarte
irremediablemente. Aunque eso no cambiaba nada. El hecho más importante era el
que mi padre me haya presentado a una de las familias más poderosas, hablarme
tan sorpresivamente no era algo que haría en un estado lúcido, lo sabía, sabía el
plan de mi padre, el hombre que más amaba en este mundo, el hombre que deseaba
mi felicidad y mi protección… el hombre que ahora me odiaba más que nada en el
mundo y que no le importaba mi destino, al punto de ahora presentarme al “Bufón
de la Reina” ¿Tanto así me odiaba?
Eugene hecho una mirada desconcertada a mi padre e
hizo un gesto de desaprobación. Eso lo había confirmado todo, sin duda mi padre
había planeado controlar mi vida cuando mi madre Ariadne jamás lo hubiese
permitido, pero eso ya no era de importancia, la pérdida de mi madre lo había
segado por completo y ahora solo veía sus propios intereses aún a costa de mi
vida. Mi padre criticó hasta desfallecer a ésta familia, juró que nunca
entablaría una conversación con personas tan vulgares como esas, sin embargo…
el hecho de que estemos aquí ahora, con aquella famila vulgar y con al que él
mismo apodó anteriormente como “El bufón de la Reina”.
− Bueno, creo que debo explicártelo Alizée, León y
su familia han venido a conocerte por que León es ahora un candidato a futuro
esposo, pero eso aún está por verse − me aclaró.
− ¿Qué has dicho? − Preguntó sorpresivamente Eugene
atónito por la noticia tan inesperada.
− Si, así como lo has oído Eugene, Alizée ahora tendrá candidatos a futuro esposo y uno
de ellos es León. Como es lógico no se conocen entre sí, León nació en Alemania,
sin embargo fue registadro con nacionalidad inglesa, espero lo trates bien. Los
demás candidatos son de nacionalidades muy diferentes como te dije son los
mejores a mi criterio.
No me sorprendía, yo… ya lo había deducido sabía
que mi padre quería algún beneficio de mí, anteriormente hubiese aceptado sin
protestar pero, ahora había alguien que había despertado algo en mí, algo que
no podía explicar pero definitivamente estaba dispuesta a defenderlo pero por
ahora para mi no sería conveniente en estos momentos no hasta encontrarlo y si
no lo encuentro me resignaré a cumplir con las ordenes de mi padre ¿Por qué?
Por que nací en ésta posición, por mis padres, por mi naturaleza, por mi
destino y así era como funcionaba éste mundo donde se me había concedido mi
nacimiento. La posición en la que nacen los ángelus, NO ES COINCIDENCIA en
absoluto, como no lo es la de los humanos. Mientras los Tronos y Dominios
movían los hilos para nuestra presencia en la tierra, los ángelus del destino
se encargaban de los humanos así como el de los Ángeles.
− Y ¿Qué dices? ¿Es León acaso digno de ser tu
futuro esposo? ¿Estás dispuesta a darle esa oportunidad? − inquirió mi padre.
Yo, no sabía que decir en verdad quería encontrar
aquel chico, pero por ahora no me convenía oponerme a mi padre, no por ahora.
− Así es, no puedo dudar de su criterio, es mi
padre y sé que los candidatos a su elección serán sin duda los más adecuados, sin
embargo como lo dijo con anterioridad, aún debo conocer a los demás, padre −
contraataqué.
− Hmm. Tienes razón tienes que ver a los dignos
candidatos y rivales de León – admitió con orgullo.
− Jonathan, pero ¿como se te ocurre hacer esto?
Ella no es más que una niña, sólo cuenta con trece años. ¡Por Dios! − replicó
Eugene.
−
Así es Eugene, es bastante claro si tu familia comienza a presentarte a otras
familias que casualmente tienen un hijo del sexo opuesto de casi la misma edad
que alguno de tus hijos da perfectamente el indicio de que lo que desean es una
unión entre las familias pero eso no sería posible para mi si fuese solo con
alguien normal porque… León no es humano ¿no es así León?− dije al momento de
dirigirle una mirada decidida a León.
−
¿Qué? ¿Es eso cierto? Ya se me hacia extraño que quisieras comprometerla con
alguien así porque si, pero ¿Cómo lo has sabido Alizée? ¿Es porque incluso a ti
te ha impresionado? − preguntó Eugene con curiosidad y cierto humor.
−
No, Eugene, la belleza físcia tiene que ver; pero no es que me impresione. Es
bastante simple, en cuanto lo vi supe que no era humano porque esos ojos que
tiene no son humanos, un ser humano no posee esa coloración de ojos además si
lo notas tiene cierto movimiento en el color lo que crea la ilusión ante los
humanos como ojos verdes más claros y comunes. Observe tu reacción Eugene y al
ver que no te impresionaste al ver sus ojos, ni hacer un comentario, supe que
ante los humanos esos ojos no son visibles.
− Ah, creo que fui descubierto total no era la gran
cosa, aunque no me esperaba que notaras lo de mis ojos es un viejo truco −
respondió con arrogancia.
− Eugene, eres un gran amigo eres como de mi
familia pero, te pido por favor no interfieras en esto, esto es entre mi
familia y yo − hizo una pausa y continuó − Además no me culpes que esto no fue
idea mía simplemente escuché algunas peticiones − aclaró.
− ¿Peticiones? ¡Habla claro! − replicó Eugene.
− Si, como lo oyes. Un ejemplo de ello, León. Yo no
fui quien los escogió como candidatos ellos la han elegido como su esposa pero
eran demasiados así que simplemente hice una selección para elegir a los
mejores y uno de ellos es León, fue realmente difícil todos eran muy buenos
pero finalmente seleccione a los mejores y ella tendrá que elegir a uno de
ellos − concretó con voz seria.
− Entonces, padre ¿Quiénes son “los otros”? según
como lo dijo está afirmando que son más de dos − intenté aclararme las ideas.
− Así es, tal y como has deducido. Son más de dos a
quienes les he permitido conocerte para que al final des tu decisión, la cual
espero que sea la más oportuna − anunció dibujándose en su rostro un gesto de
seguridad innata.
− Acerca de esto ¿Quién más lo sabe? − pregunté.
− Solo nosotros y… tus hermanos.
− ¿Leonard y Edmund? − dije haciendo un gesto de
sospecha y a la vez de preocupación.
− Si, era de esperarse que no lo tomaran nada bien.
Incluso se han atrevido a alzarme la voz nuevamente e incluso amenazarme con
venir hasta acá y echar a perder cualquier encuentro, pero eso ya esta
solucionado, era de esperarse, siempre han sido demasiado sobreprotectores
contigo. − sostuvo con voz seria y severa.
Mi padre se regresó a mirar nuevamente a León y
alargando el brazo hacia su hombro derecho de frente.
− Así que León, está en ti el querer ser parte de
ésta familia y ganarte a Alizée , cuentas con todo mi apoyo incondicional pero
esta claro que los demás candidatos son grandes y poderosos rivales − lo alentó
y advirtió mi padre.
− Si, lo entiendo Lord Bradford, pero realmente
estoy muy interesado en Alizée y le
prometo que pondré todo lo que haga falta para convertirla en mi prometida,
estoy realmente convencido de ello, quiero a su hija como mi esposa − afirmó
con mucha seguridad y observe como su mirada se encontraba fija en mi y de
inmediato lo deduje “me observaba como un objeto y con gran avaricia, al punto que
asustaba.”
Ambos sonrieron y estuvieron de acuerdo como si yo,
fuese trofeo al cual pueden manipular a su antojo e intercambiar con facilidad.
Por lo único que rogaba era poder recordar y encontrar aquel chico que sin
darme cuenta había adquirido mi atención y mi tiempo por completo.
Poco antes de
retirarnos observé como mi padre se llevaba a Eugene a un lugar mas íntimo por
así decirlo, parecía ser que le daba ciertas instrucciones, pero decidí ignorar
aquella escena.
Un pequeño instante antes de partir mi padre nos
encaminó.
−
Nos vemos − anunció Eugene.
Quien
se distrajo en despedirse de la otra familia y mientras el se despedía, hubo un
enorme momento de silencio incómodo junto a mi padre quien se hallaba a mi lado
y algo alejados de aquella escena de Eugene.
−
Bueno, si me disculpa − anuncié.
−
Sólo espero que no te pongas caprichosa con éste asunto como lo hicieron tus
hermanos, y otra cosa. No quiero que un ser tan miserable como tú se atreva a
decirme padre de nuevo, tienes ciertas excepciones así que por ahora te lo paso
− aclaro de mala gana.
−
Si, señor − respondí al momento al momento en el que en cuanto menciono “ser
tan miserable” mi mano derecha comenzó a temblar y mi respiración comenzaba a
deteriorarse.
−
Es increíble, que todavía después de haber asesinado a tu madre tenga que
soportar a un ser tan repugnante, si es que se te puede ser llamado “ser”
incluso para mi ni siquiera debió haber existido una asesina como tú − afirmó
con frialdad en sus expresiones.
Traté
bruscamente de controlar el quebranto que sufría mi cuerpo cada vez que sentía
o sabía que mi padre se me acercaba como solía hacer cada vez desde que mi
madre murió.
−
Como sea, espero no verte en un buen tiempo con solo ver tu rostro me repugna,
me hace recordar aquel día, me repugna saber que fui quien te engendró, al
menos me serás útil en algo − gruñó con amargura.
Seguí
luchando lo mayor posible para controlarme sentí como si en verdad Eugene
hubiese tardado una eternidad y me sentía desesperada, sabía que mi cuerpo no
tardaría en mostrar la realidad de mi miseria. Eugene se apresuró, me tomó de
la mano y se despidió de inmediato con la mano a paso veloz.
De camino nuevamente hacia nuestra casa de
Inglaterra aún no asimilaba que aquel señor que se decía mi padre hiciera tal
cosa, como casarme por conveniencia seguramente si mi madre estuviese aquí ella
jamás lo permitiría. Ahora más que nunca me hacia tanta falta. Desde aquel día
mi padre cambio radicalmente. Él nunca volvió a ser el mismo. Una vez más
hundida en mis pensamientos recuerdos tan dolorosos que me hubiese gustado
jamás recordar y sólo vivir mi vida, pero mi padre se negaba rotundamente a
dejarme tener paz por un instante, ya no le soportaba.
− ¿Alizée? − preguntó Eugene con voz queda.
− ¿Si? ¿Pasa algo? − dije con la mirada desviada y
mano aún temblorosa.
−
¿Te encuentras bien? Lamento haberte dejado con tu padre tanto tiempo, los
padres de aquel chico me entretuvieron un poco − habló con voz queda.
−
Yo… estoy bien − aseguré con frialdad.
−
No lo creo. Te conozco no deberías mentirme de esa manera, sabes lo mucho que
te quiero, sé por lo que has pasado yo, mejor que nadie además de tus hermanos
te conozco a la perfección me gustaría que tuvieras un poco más de confianza en
mí − dijo con decepción.
Hubo
un momento de completo silencio en el cual no le dirigí la mirada y ni siquiera
me digne a responderle, me volvía a sentir de esa manera, como si mi alma se
quebrantara y quemara… tan miserable. Pero no quería seguirlo envolviendo más
en esto yo… sabría como seguir adelante, sola. Sabría ser fuerte, a tal punto
en el que no necesitase de nada ni nadie, ni siquiera de mis hermanos. Por un
momento pensé “tal vez sería mucho mejor para mi estar completamente sola” por
un momento desee convertirme en una huérfana y quedarme completamente sola aún
si no tuviese dinero, sería mejor que vivir este infierno.
−
¿No piensas ni mirarme? ¡Alizée! ¡Mírame! − gritó.
Cuando
le escuché tarde un gran momento en decidirme a voltear a verle el rostro de
desaprobación.
−
Siempre… siempre eres así. Nunca me demuestras tus verdaderos sentimientos, ni
a mí, ni a nadie, se que no es tu culpa pero al menos deberías decirlos. No
recuerdo haberte visto nunca ni llorar, ni reír, ni curiosidad ni siquiera te
he visto ni un poquito feliz y aún después de la muerte de tu madre no
derramaste ni una sola lagrima − se le quebró la voz.
Lo
miré fijamente despreocupada e indiferente, aún cuando él me lo dijera, era
como si no le comprendiera, siempre me pregunte ¿qué importancia tenían los
sentimientos? Los únicos sentimientos que solo conocía eran el miedo, cariño de
hermandad, soledad e indiferencia lo demás jamás me ha surgido, la poca
felicidad que un día tuve ya la había olvidado, había olvidado cómo se sentía.
− Pude notar aquel quebramiento de tu cuerpo en tu
mano temblorosa es por eso que me dispuse a apresurarme dime, ¿te dijo algo
Jonathan?
− Creo que es obvio… me ha dicho cuanto le
desprecia tenerme como hija suya y aclararme cuanto le repugna por el simple
hecho de tenerle que llamar padre − le informé con frialdad.
−
Eso no…
− ¿Eso no que? ¡¿Aún crees que a un padre le es
imposible odiar a sus hijos?! Siempre supe la verdad no te sientas culpable de
decirme la verdad, ¡NO SOY UNA TONTA HUMANA EUGENE! ¡NO ME VOY A ROMPER SI ME
HABLAS CON LA VERDAD! − le grité llena de enojo, me irritaba cómo me culpaba
por NO SER HUMANA ¿acaso eso tiene sentido? ¡NO PUEDO AMAR, SER FELIZ, POSTIVA,
O HABLAR de lo que siento por una simple razón, PORQUE JAMÁS LO HE
EXPERIMENTADO, JAMÁS LO HE VIVIDO ¿cómo comentas o cómo sientes algo que jamás
has conocido? En ocasiones me sentía mucho más sola cuando ni Eugene comprendía
mi verdader naturaleza.
Eugene se quedó atónito con la aceptación a mi
realidad, se quedó callado por un largo rato y enseguida se dispuso a hablar
nuevamente para distraerme.
− Como sea, será mejor
cambiar de tema, pero eso si, tengo que discutir contigo acerca de esa tontería
de comprometerte a esta edad ¿Cómo
puedes aceptar algo como esto?
− Bueno, es mi padre y esta claro que debo
obedecerle. Además aún tengo algo de tiempo y no me convenía replicar en ese
momento, cuando llegue el momento lo haré y será cuando encuentre aquel chico
además como te he dicho hay suficiente tiempo aún cuando me comprometa quedará
mucho tiempo antes de que me case.
− Alizée ¿en
verdad piensas seguir con esto?
− Sé lo que hago, por ahora no reprocharé nada.
Todo a su tiempo − le aclaré.
− Bueno en lo de casarte tienes razón pero, en
verdad me preocupas. ¿Aún así escogerás a alguno de ellos?
− Estaré bien, enserio déjamelo a mi − le aseguré −
de eso aún no estoy segura para tener un matrimonio duradero debe haber amor y
está claro que un ser como yo nunca se enamorará de un humano común.
Me regresé a mirarle de reojo el rostro dejando del
lado la ventanilla de la limosina y vi como en su rostro había mucha
preocupación y una mirada de resignación.
( DA CLIC EN LA IMAGEN DE ARRIBA PARA AVANZAR AL CAPÍTULO 05 ~ EL TIEMPO DIRÁ)

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