jueves, 5 de enero de 2017

El Árbol Blanco Tleyotl - Cap. 02

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Viento y cielo
Jadeaba y jadeaba mientras el dulce aroma a jazmín lo encandilaba, los tupidos árboles se levantaban a su alrededor tal cual gigantes imponentes, lo presenciaban acelerar el paso, con los pulmones ardiendo y con una mirada ansiosa de aventura. Sus piernas no podían dejar de correr, amaba la sensación del viento contra su pequeño cuerpecillo, la espectacular vista de un cielo claro acompañado de los singulares cantos de las aves de la montaña. La sensación al correr en medio de tal escenario lo hacía sentir pleno, como si pudiese elevarse y volar en cualquier momento, envidiaba a las aves por tan increíble don de poder tocar el cielo y observar desde las alturas la gran vista, sus mejillas estaban teñidas de rosado en el lienzo color canela de su rostro y en un parpadear ya se encontraba en su destino, la cima de la montaña cantora. Las personas del lugar eran simples, por lo que era fácil deducir la razón de un nombre tan singular ¿la razón? a la gran cantidad de cantos de ave que podías escuchar en esta montaña, la única en su tipo con tal diversidad de aves.
El pequeño Aruma se detuvo justo en la punta de la montaña, donde los árboles le abrían el paso a un espectáculo sin igual, su mirada parecía nutrirse de fuego con cada escena que lo cautivaba, acompañado de los usuales jadeos propios de su cansancio, se limpió la frente del sudor con el antebrazo y respiró con gran profundidad, cerró los ojos y decidió escuchar con atención. El agua corría en el río, las aves cantaban y volaban sobre su cabeza, el viento sacudía su corta maraña de cabello, pero Aruma lucía encantado, una sonrisa se le formó en el rostro. Soñaba despierto de nuevo, no podía imaginarse un lugar mejor que estar bajo un cielo azul claro, el abrigo y la luz del sol resplandeciente cada mañana, un viento fresco y limpio, gigantes verdes que lo cubrían de los fuertes rayos del sol y que le regalaban frutos dulces y deliciosos. Aquel lugar era su país, Padma.
Éste país tan singular y prácticamente nuevo llamado Padma era descrito por el mundo, como el paraíso en la tierra, la naturaleza reinaba de extremo a extremo y todo giraba a su beneficio. Podías encontrar el cielo azul más claro, las estrellas más brillantes tal cual diamantes, los árboles más verdes, altos y con los frutos más deliciosos, flores de todos los colores y perfumes posibles, los animales más magníficos y cautivadores. Padma se convirtió en el país más poderoso del mundo, después de una catástrofe que había azotado al mundo. Al comienzo, Padma era solo una enorme isla desierta que había sido comprada por un empresario amante de la naturaleza con una idea descrita como descabellada por los demás países, su idea era tener la primera nación creada y formada solo por la naturaleza del lugar, así como siendo ocupada por personas con conocimientos en el cultivo y agricultura, pero que a su vez amara tanto la naturaleza como él para así no dañar aquel lugar. Entonces, recorrió el mundo en busca de aquellos que serían sus ciudadanos, les regaló tierras y una nueva nacionalidad. Nadie nunca imaginó que una idea así de descabellada realmente diera frutos, un nuevo país nació y aunque al comienzo los demás países no lo tomaban en cuenta como nación, ya que todo se producía en el mismo pequeño país, las tierras eran fértiles, la comida era basta y se vivía con tranquilidad. Aquel joven empresario que había iniciado todo aquel arduo proyecto se había proclamado su gobernante, el tiempo pasó y cuando éste llegó a una edad más avanzada lo suplió su hijo mayor quien compartía la misma pasión, fue nombrado rey de Padma por su pueblo en agradecimiento. Y así, el reino de Padma siguió creciendo, bajo normas cada vez más estrictas con los ciudadanos y turistas para respetar las tierras de los animales quienes eran los verdaderos ciudadanos, el país solo creció más, un par de personas que compartían el mismo amor a la naturaleza comenzaron a solicitar unirse a tan maravilloso país, las evaluaciones eran arduas pero solo aquellos que parecían cubrir los requisitos fueron aceptados. El reino de Padma se había vuelto una nación sólida y la única que progresaba sin ocasionar daños en la naturaleza, entonces una catástrofe se desató en el mundo y repentinamente, el reino se había vuelto el país más poderoso del mundo y las solicitudes para integrarse a éste incrementaron de forma excesiva, la muerte y el hambre rondaba al mundo y solo Padma parecía ser la esperanza de vivir. Algo tan irrelevante como solían ser las tierras fértiles, el aire fresco, agua pura y un cielo claro se volvieron nuevamente algo similar a un sueño lejano, de pronto el dinero, la tecnología y cosas materiales lujosas habían dejado de tener sentido y valor alguno.
           Aruma observó sus tierras agradecido, nacido en tierras del paraíso, el reino de Padma. Sus abuelos siendo extranjeros inmigrantes, decidieron unirse a Padma años atrás cuando la catástrofe en el mundo comenzaba, de entre millones de solicitudes, los abuelos de Aruma fueron afortunados y trajeron junto a ellos a sus hijos los cuales se convirtieron en los padres de Aruma, ambos de países muy distintos se enamoraron literalmente en el paraíso. El pequeño de solo ocho años inhalaba y exhalaba como si intentara capturar todo el oxígeno de los alrededores, sus pulmones parecían recibirlo complacidos. Con una cegadora vista, su mirada castaña clara parecía impregnarse de pequeños centelleos como si su alma intentara ferozmente escapar por sus ojos, una cualidad que todos en Padma reconocían como un rasgo único y atesorado, el cual se le relacionaba con su antigua y venerada Diosa. Aquellos que poseían “la mirada de fuego” a la que se referían comúnmente los pobladores, se decía que habían sido reencarnados por la diosa – princesa y que a diferencia de la leyenda, éstos lograrían todos sus propósitos pues una gran característica de esta singular mirada eran unos ojos fuertes y firmes ante las circunstancias, reflejan coraje y valentía así como una profunda nobleza. Usualmente, la mayoría de los niños poseían la mirada de fuego, pero con el tiempo simplemente la llama parece desvanecerse, los pobladores tenían una ceremonia en la cual procuraban someter a sus niños en un intento de que no perdieran tan hermoso tesoro. Finalmente, Aruma se sentó en el césped contemplando con serenidad, cuando de pronto un suave golpe en la cabeza interrumpió sus pensamientos.
– ¿De nuevo aquí Aruma? – Preguntó una voz familiar. Aruma se reincorporó y observó a su madre, una hermosa mujer de mediana edad, una deslumbrante piel canela que destellaba con el sol y unos ojos castaños y claros que se asomaban con dulzura. Casi al instante, una sonrisa cálida se cruzó por el rostro del pequeño Aruma desarmando a su madre de inmediato, algo usual entre padres e hijos. – ¿Tanto amas esta montaña?
– Estoy… muy feliz de estar aquí, gracias a mis abuelos, mis padres se conocieron y yo nací en este lugar. Fui muy afortunado… – confesó el pequeño con nostalgia, su madre se pasmó en cuanto escucho la confesión, su corazón se encogió e instintivamente su madre lo abrazó con fuerza.
– Así es, fuimos afortunados. Tus abuelos sí que pasaron por mucho para traernos hasta aquí, yo también les estoy muy agradecida por ello. Ahora mismo muchas personas atraviesan dificultades inimaginables para el Reino de Padma, muchos niños fueron recibidos en nuestras tierras ¿lo has escuchado? Trátalos con amabilidad mi niño, ellos son como tus abuelitos; llegaron de tierras lejanas y encontrarás a todos muy diferentes pero no hay necesidad de temerles por ello, seguro tendrían muchas cosas interesantes por contar y mostrarte, ¿sabes? Muchos de ellos han sufrido mucho, algunos ya no tienen a sus papás y se encuentran solos pero si podemos alegrarlos un poco tal vez podríamos devolverles la mirada de fuego y hacerlos sentir un poco como su hogar. Sé que mi pequeño Aruma hará lo correcto, siempre lo hace, he criado a un niño con mirada de fuego. Ahora, debes alistarte que la fogata nocturna no tardará en comenzar – le ordenó, Aruma se paró en un instante y volvió junto a su madre hasta su hogar, la villa “pluma de ave”.
En medio del camino, su madre se percató de la hora, se les había hecho tarde y repentinamente su madre recordó ir por un encargo, así que le ordena a su hijo volver a casa corriendo para alistarse para la  tradicional fogata de iniciación donde todos los niños que cumplían ocho y nueve años escucharían por primera vez los relatos sagrados de su país, además de participar por primera vez en el festival de las estrellas rojas. Aruma se despidió de su madre y se echó a correr nuevamente, saludando a unas cuantas personas que lograban reconocerlo y que le guardaban un cariño especial, mientras éste les dirigía una gran sonrisa, su pequeña distracción lo había hecho chocar repentinamente, haciéndolo caer de golpe, mareado y adolorido, levanto la mirada.
– ¿Qué tanto observas que no te fijas por dónde vas? – preguntó una voz familiar con aire superior.
– ¿Dainan? Que mala suerte… – susurró con pereza el pequeño en el suelo – Solo me distraje un momento y tenía que encontrarme precisamente contigo… – respondió con indiferencia mientras se ponía nuevamente de pie.
– Pues no es como si estuviera precisamente lleno de dicha por verte tampoco, pero no lo olvides, tenemos un duelo pendiente después de la ceremonia de la fogata ¿has entendido? Estaré esperando… y esta vez definitivamente te ganaré – confesó lleno de confianza como lo hacía todos los días.
– Ah… – rezongó Aruma con fastidio – ¿No te cansas? Ya estoy cansado de pelear contigo y siempre terminar de la misma manera una y otra vez…
– ¡Cállate esta vez será diferente! – declaró con dureza nuevamente.
– Si bueno… siempre me das el mismo discurso, mejor deja de fastidiar te veré en la fogata – se despidió.
– ¡Oye, no me dejes hablando solo! ¡Ah, como sea hoy te venceré! ¡Ya lo verás! – seguía Dainan, mientras que Aruma lo ignoraba y su voz se perdía al acelerar el paso.
Mientras se dirigía a paso veloz a su hogar se preguntaba nuevamente como había llegado a tal punto con Dainan. Luchar no era algo de lo que Aruma le gustara presumir, usualmente lo hacía solo para su defensa pero cuando se dio cuenta de que era fuerte, otros niños intentaban ponerlo a prueba y desde entonces las peleas se habían vuelto algo cotidiano, pero cuando finalmente Aruma venció a todos parecía que nada más lo perturbaría. Entonces, Dainan un niño que al igual que Aruma, era hijo de padres extranjeros y como consecuencia, sus rasgos eran poco usuales, algo que por mucho tiempo había sido mal visto en Padma por los primeros ciudadanos de aquel gran país, se asentó como nuevo alumno en la villa “pluma de ave”.
Dainan, como cada día por la mañana siempre que se encontraba con el pequeño Aruma lo retaba a un duelo, con la esperanza de que algún día pudiese vencerlo y ser más fuerte que éste. No era extraño ver al ingenuo Dainan retar a Aruma siempre que tenía oportunidad, usualmente cada mañana de camino a la escuela. Naturalmente Aruma nunca se rehusaba y cada día se enfrentaban, con el mismo resultado todos los días, los primeros tres días todos estaban interesados por saber ¿quién era el valiente niño que se atrevía a retar a Aruma? Y además no solo una vez, perder y seguir intentando. Al cuarto día, todos simplemente lo tomaron como un tonto más incapaz de ganarle al niño más fuerte, pero otros comenzaron a admirarlo por su tenacidad y al conocerlo, lo admiraron más por buenas intenciones hacia los demás. Así era Dainan, su rival y a la vez su amigo. Un niño de alma noble, ingenuo y crédulo; pero valiente al defender a los que apreciaba. Esa era la principal razón por la cual Aruma lo admiraba igualmente, le parecía un niño divertido e interesante y debido a ello siempre accedía a luchar con él aun sabiendo el resultado.
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Las personas pueden ser crueles, a lo que no conocen, a lo que es diferente… dejando que el miedo los domine, si tan solo pudiesen detener sus prejuicios y observar nuevamente con detenimiento… podrían ver que lo cierto es, que todos en este mundo somos hermanos… al final ¿no somos todos seres vivos que comparten el mismo espacio? Aruma pensaba en esto todo el tiempo, desde aquel pequeño incidente… que lo había marcado.
Imagen de eyes, baby, and kid
           Las miradas de desprecio, las de indiferencia, las de miedo, los susurros y comentarios… todo aquello, proveniente de diferentes personas, solo por su físico. Cuando Aruma tenía solo cuatro años solía soltarse a llorar tal cual un bebé y decir entre sollozos sentir el odio de los demás sobre él, sus padres luchaban con el mismo problema día a día al ser extranjeros, pero los ataques a los niños eran mucho más comunes. El problema se hizo mayor cuando un día un hombre señaló al pequeño de cinco años, afirmando que era una criatura horrible y malvada por lucir tan extraño ante los dioses, señalándolo como un demonio; aquellas palabras llenas de odio habían quedado grabadas en la mente de Aruma y lo habían afectado al punto que dejo de hablar, no lloraba, no sonreía más, ni siquiera deseaba salir de su hogar e incluso había dejado de comer. Sus padres estaban destrozados, su hijo ahora se sentía como todo aquello que aquel hombre le había afirmado y parecía que nada lograría sacarlo de aquel absurdo trance. Sin mencionar al absurdo y ruidoso padre de Aruma quien era tan apegado a su querido hijo que no paraba de llorar por todos lados con el moco de fuera desconsolado, mientras su pobre madre no podía pensar con su marido lloriqueando alrededor.
– ¡Qué será de mi hijo! ¡Mi pequeño está maldito! ¡¿Qué pasará si no recupera a su nahual?! ¡Padre tienes que ayudarlo! – suplicaba el padre por todas partes sacando de quicio a su esposa y a su padre.
– ¡Por amor a los dioses Si Woon! ¡CÁLLATE DE UNA BUENA VEZ! – Le ordenó su padre lleno de furia.
– ¡PERO PADRE! ¡¿QUÉ HAREMOS?! Si algo le pasa a Aruma yo… ¡YO NO PODRÍA VIVIR TRANQUILO! – lloriqueaba de nuevo, pero esta vez fue su esposa quien no podía sopórtalo más, le dio una cachetada tan fuerte que lo tiró al piso furiosa con ese comportamiento tan infantil. – ¿Que…Querida? – tartamudeó aún con el moco colgando por su nariz, consternado.
– Hemos dicho que te callaras por el amor a los dioses, debemos pensar y no podemos contigo llorando por todos lados como un loco, te lo advertimos. – confesó satisfecha una vez puso orden. – ¡Así que cállate y déjanos pensar! –  ordenó de nuevo, dirigiéndole una mirada severa y a lo que su marido solo pudo tragar saliva y asentir.
– Esta… bien, querida… – tartamudeó.
Entonces, el abuelo decidió intervenir, no permitiría que un brujo apagara a su vivaz nieto con solo soplar tan ilusas palabras. No tenía otra opción, debía abrirle los ojos a su nieto a temprana edad.
– ¿Cómo estás? – preguntó con voz queda, sentándose a su lado mientras el pequeño Aruma le dirigía una mirada destrozada y tristona, sin decir palabra alguna. – Sé lo que ocurrió, ven te mostraré algo… – lo tomó de la mano y lo encaminó hasta un espejo – ¿A quién ves? – le preguntó mostrándolo frente a frente al espejo. – Observa bien… veo a un ser vivo encantador, diferente es cierto… pero igualmente encantador, unos bellos ojos avellana un poco rasgados, esa piel color arena y aquel cabello negro azabache. Despide siempre luz junto a su deslumbrante mirada y sonrisa, lamentablemente… un brujo malvado te los ha robado en tus narices mi pequeño ingenuo. – Entonces, la atención de Aruma se hizo mayor, se observó nuevamente, aquello que mencionaba su abuelo efectivamente había ocurrido, sus ojos de fuego y sonrisa soleada se habían ido  – ¿Los quieres de vuelta? – pregunto el anciano en tono desafiante.
No era extraño traer en una conversación a las brujas, en el país de Padma, éstos eran cosa de todos los días. Los ciudadanos eran files creyentes a éstos, se cree que dichas brujas toman forma de bola de fuego y deambulan por los aires de los cerros, usualmente descendían en forma de algún animal o de ser humano según su conveniencia. El objetivo de estas brujas era buscar victimas usualmente bebés y niños, normalmente elegían a aquellos a los que se les podía reconocer grandes habilidades o como se solía creer, aquellos que poseían a los nahuales más fuertes, a dichos niños se les conocía como aquellos con la mirada de fuego, descendientes de los dioses con un gran porvenir. Al capturar a su víctima “la chupaban” era algo similar a lo que algunos conocen como “vampiros”, lamentablemente cuando eran “chupados” sus cuerpos no podrían sobrevivir sin aquella mirada de fuego otorgada por los dioses y lamentablemente morían con el pasar del tiempo, como si las brujas y brujos absorbieran su alma de a poco. Usualmente, los niños tan pequeños como Aruma no tenían conocimiento alguno sobre este tipo de seres sino hasta los ocho o nueve años en su ceremonia de iniciación, pero el abuelo del pequeño temía por la vida de su nieto y decidió desafiar no solo al brujo que lo había maldecido, también a su propio nieto.
– Los quiero… – confesó. El abuelo tomo sus manitas y le dirigió una mirada firme a su nieto.
– Pon atención, solo este conjuro podrá traer de vuelta tus apreciables ojos de fuego junto a tu nahual, debes repetirlo todos los días antes de salir de la casa ¿entendido? Y así cuando menos lo esperes volverán, pero una vez que los recuperes deberás ser fuerte y luchar con todas tus fuerzas, allá afuera hay muchas brujas o brujos que intentarán tomarlos de vuelta y mi nieto deberá ser lo suficientemente valiente como para enfrentarlos y vencerlos – reveló, el rostro del pequeño se alteró ¿brujos y brujas? ¿Cómo podría enfrentar a personas como aquel señor que lo había maldecido? El anciano tomó a su nieto entre sus brazos y le aseguró que estaría bien, su nieto siempre había sido valiente y continuó – Repetirás estas palabras después de mí: Soy fuerte, inteligente, siempre me esfuerzo, siempre soy respetuoso; No hay nadie mejor que yo, ni yo soy mejor que nadie, soy asombroso y valiente, me caigo pero me levanto, me sobo y cicatrizo. Ningún cobarde se levanta por nada, estoy bendecido por los dioses por esta vida, me han regalado fortaleza y coraje además de guapura herencia de mi abuelo – agregó con un poco de humor – Una mirada de fuego no se le otorga a cualquiera que no sea capaz de cuidar de ella, solo un guerrero descendiente de los dioses será capaz de portarla, y ese seré yo, Aruma. – el pequeño repitió las palabras y de repente al verse nuevamente al espejo se sintió mejor, su abuelo lo abrazó de nuevo, le acarició la cabeza y lo aduló – Ese es mi nieto. – una diminuta chispa broto por solo unos segundos en su mirada y su abuelo supo que el trabajo estaba hecho.
– ¡¿Padre dime lo has hecho?! ¿Está mi pequeño Aruma a salvo? – presionaba el padre del pequeño.
– ¡Deja de ser tan escandaloso! Claro que está bien, es mi nieto por lo tanto asumo que estará a salvo, él sí es valiente no como tú. Tenía que saltarse una generación y tú parecerte tanto a tu abuela.
– ¿A tu dulce madre? – preguntó confundido pero alagado.

– ¿Qué? ¡NO! A la madre de tu madre por supuesto, a mi suegrita siempre tan escandalosa y molesta. – confesó con dureza y decepción, el padre de Aruma solo pudo volverse piedra, se sentía desolado por tal comparación.
Imagen de waterfall, green, and nature

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