Preludio
Siempre agradecí a los
dioses el haber nacido en este mundo o dimensión o simplemente en esta vida, en
mi cultura el lugar donde se decidió naciera… un mundo tranquilo con sus
propios problemas pero hasta ahora siempre se mantuvo el orden, sin guerras o
discriminaciones aunque siempre temí por mi clan, todos los países tienen de
todo pero en donde nací somos llamados “carmesí” por nuestros particulares ojos
de un tono carmesí y a menos que los progenitores sean de descendencia legítima
carmesí ningún descendiente heredará ese rasgo pero a pesar de vivir sin
guerras y un buen sistema de gobierno y administración, hay algo en el hombre
que no ha desaparecido del todo el tráfico ilegal en el mercado negro
para desquiciados coleccionistas. Nuestro clan tenía esa “maldición” ser único,
misterioso y que llena de fascinación los ojos humanos, lo que más les interesa
a los coleccionistas, aunque temí siempre un ataque, vivimos años sin problemas
debido a la protección de la guardia y seguridad real siempre al pendiente.
Siempre me consideré un
ser humano completamente común, jamás sentí algo extraño, jamás me vi de forma
distinta a los demás, mi vida era común… incluso mis padres, tenía problemas
familiares como todos pero jamás podré olvidar el día en que mi propio padre
intentó matarme acuchillándome y posteriormente asfixiarme con sus propias
manos… y mirándome directamente a los ojos sin ningún remordimiento, recuerdo…
intentar quitar sus manos de encima después de las punzantes heridas en mi
abdomen con su cuchillo y mi sangre corriendo desenfrenada, intentando lo mayor
posible por inhalar un poco de aire mientras más apretaba mi garganta, rogando
con la mirada que me dejase respirar sin respuesta, esa desesperación… esa
angustia, ese dolor al ver a mi padre a los ojos y que no le doliera en
absoluto…esas fuerzas que alguna vez me incitaron a luchar por mi vida
comenzaban a desvanecerse y de pronto me maree y sentí como la vida… se
evaporaba. Entonces escuché una voz en medio de tanta paz…
–
¡¡REYIAAAA!! – Gritó alguien. De pronto escuché un palpitar lento, muy
lento…pero estruendoso y una calidez invadió mi pecho pero mis párpados me
impedían despertar… regresar de nuevo. Entonces… después de un largo tiempo
sentí, sentí la calidez de alguien al tocar mi pecho y entonces mis párpados
dejaron de pesarme y recuperé la vista a la realidad.
–
¿Reyia? ¿Me reconoces? ¿Cómo se llaman tus padres? – preguntó un anciano frente
a mí con unos ojos peculiares pero serenos y justo detrás de éste muchos otros
ancianos con la misma mirada, curiosos y preocupados.
–
¿Qué? ¿Quién es usted? ¿Llamar? ¿Padres? ¿Dónde… estoy? – pregunte desubicada y
algo asustada. Todos los ancianos se miraron y susurraron entre ellos, luego me
miraron fijamente y el primer anciano aún frente a mí me miró con seriedad.
–
Reyia… ¿Sabes por qué estás aquí? ¿Reconoces a alguno de los aquí presentes?
–
No… – dirigí mi mirada a todos los presentes incluyendo a un extraño niño
sujetado por dos ancianos con la mirada petrificada pero lleno de ilusión que
me miraba fijamente. – NO ¿Quiénes… SON TODOS USTEDES? ¿Quién soy yo? –
pregunté conmocionada, era estresante tener… LA MENTE EN BLANCO, sólo respondía
a ese nombre pero no estaba segura si realmente era mí nombre.
–
Reyia… Nosotros somos… tu familia y parte del mismo clan “los Escarlata” y tú…
eres una Magi ahora. – ambas palabras resonaron en mi mente, “Los Escarlata”
“Una Magi” y de alguna forma… supe que mi vida sería complicada además de la
mente en blanco, la forma en que lo resaltaron... me lo hicieron saber.



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