Infancia….
Un
conocido…. ¿Qué puede llegar a ser en tu vida? Alguien como la dulce Naara Mai
jamás tuvo que preocuparse por eso pues… mientras esa relación o conexión entre
tú y otra persona no pase de ser simples conocidos nada entre ellos podría
avanzar a otro tipo de relación. Eso siempre creyó que él sería… un conocido…
hijo de una familia cercana a la suya, nada más.
Cuando eres
niño no te interesa la apariencia o el estatus social… sólo deseas… jugar
con alguien… compartir buenos recuerdos con alguien… que te regale buenos
momentos llenos de un mundo imaginario que es creado por los dos… para terminar
siendo… amigos. Esa palabra cobra un nuevo sentido en cada etapa de nuestra
vida… “amigo” en la infancia es cualquier ser animado que con el que se es
capaz de jugar, el que comparte contigo, con quien peleas, platicas con quien…
imaginas y el tiempo para considerar a alguien tu amigo… no existe… pues casi
en el momento en el que hacen contacto y juegan aunque sea sólo por unos
minutos, tus padres preguntan…
− ¿Con
quién jugabas?/ ¿Con quién andabas?/ ¿Qué hacías, cariño? – y la alegría y
pureza al ser niño al decir…
− ¡Estaba
jugando con mi nuevo (a) amigo (a)! – mostrando esa cara sonriente y feliz… tan
pura, tan inocente… tan pequeño(a).
La infancia
de Naara… fue muy buena a como la recordaba… aún podía recordar a esa niña tan
ingeniosa, creativa, alegre y bueno… demasiado inocente ¿o… debería decir
ingenua?
Cuando se conocieron
tenían seis años, al menos eso recordaba, Shida quien era sólo el nieto de la
amiga de sus madres, la cual solía invitarlos con frecuencia a Naara y su
familia a las fiestas de cumpleaños de sus dos nietos, y así los padres de
Naara también los invitaban a las de su única hija… aunque jamás pasaron de ser
sólo conocidos, “los hijos de los amigos de sus padres” eso siempre fue todo…
Su nombre también le parecía extrañamente peculiar algo que los padres de ambos
tenían en común, poner nombres extraños a sus hijos. La cosa es… que cuando
eres niño o niña… siempre hay ciertos… descontentos de un género al otro como
ese ridículo mito sobre que un género u otro tenía piojos o era asqueroso, él y
Naara jamás se hablaban era extraño… porque tenía amigos varones de la misma
edad con los que se le facilitaba hablar a Naara, incluso con los que apenas
conocía… pero así fue desde el comienzo… él tenía una personalidad que era poco
frecuente en los niños que había conocido… divertido con sus amigos siempre
varones, serio con las niñas, tenía esa aura de chico travieso pero con su
regla de “Sólo niños, si eres niña ¡piérdete!” en su frente. Por educación
siempre, lo único que se comunicaban era un “Hola” tan seco como suena y
seguían simplemente con sus vidas, no se vieron después de los siete años,
todos estaban ocupados en su mundo, hasta que en medio de cada uno de sus
pequeños mundos se volvieron a cruzar y esta vez… no parecía ser sólo por un
pequeño momento en sus vidas.
Ahí estaban
los dos de nuevo frente a frente, sus rostros no cambiaron mucho en sólo dos años…
terminaron en la misma escuela primaria, en la misma clase y lo único que lograron
decirse el uno al otro al verse nuevamente…
− Hola. –
saludó algo nervioso y sorprendido al igual que Naara.
− Ah… Hola.
– correspondió la niña a su saludo de la misma forma nerviosa y con la misma sorpresa
en su rostro al verse directamente, sin oportunidad alguna de ignorarse como
solían hacerlo.
Durante el
primer semestre de clases, nada cambió mucho pero al menos se hablaban un poco
más. Las niñas de su clase comenzaron a notar que entre ambos tenían ya una
relación cercana a comparación con la que él tenía con todas las demás niñas.
− Parece que
ustedes son cercanos ¿Son amigos? ¿Se conocían de antes? – preguntó una de
ellas.
− ¿Eh? Ah…
sí, un poco.
− ¿Desde
cuándo?
− Ah… desde
los seis años pero, jamás nos habíamos hablado como ahora… él es… el hijo de
unos amigos de mis padres así que nos conocemos desde los seis aunque, aún no
siento que seamos cercanos, creo que somos más compañeros de clases que amigos.
− Mmm…
sabíamos que ustedes tenían que conocerse de antes eres la única niña a la que
le habla tan bien, al comienzo creíamos que era raro pero se comporta tan
diferente con los niños… y con las niñas es como si las odiara.
La relación entre
esos dos había avanzado hasta “un compañero de clases” pero ¿Amigo? Eso… no era
algo poco probable para la pequeña Naara, aún así sus amigas y compañeras
siempre creyeron lo contrario sin mencionar cuánta razón tenían… sólo hacía
falta platicar con él un poco más y bueno… la pubertad cayó de golpe a todos los
niños de su edad. A los diez, él seguía como su compañero de clases su relación
no había avanzado mucho, por mucho tiempo… él no tenía nada que ver con Naara, siempre
mantuvieron su distancia como usualmente lo hacían, pero algo comenzó a cambiar
en la mente de Naara. Había comenzado a observarlo más de cerca cada día,
constantemente… tenía algo, que sentía que la arrastraba a él, sentía la
necesidad de estar con él todo el tiempo, de verlo…. ¿Qué me ocurría? ¿Qué es
esto? No entendía en absoluto… pero cuando se es pequeño sólo haces lo que
sientes o al menos eso era lo que siempre solía hacer desde pequeña la intrépida
Naara, hacía lo que sentía cuando lo sentía, pero había olvidado la cómoda
distancia que los había unido aunque fuese un poco… y sin darse cuenta de un
momento a otro…
− ¡YA BASTA!
¡ME TIENES HARTO! ¡¿CUÁNDO DEJARÁS DE PERSEGUIRME?! ¡DÉJAME TRANQUILO ERES UNA
MOLESTIA PARA MÍ! ¡NO TE ME ACERQUES MÁS! – gritó Shida lleno de furia,
sin compasión, tan… molesto. Cuando se dio cuenta lo supo, no era un cambio en su
mente, era… en ella… en lo que los adultos hablaban llamado… corazón… amor…
pero era diferente al que conocía… era por alguien ajeno a su familia… cuando
lo entendió, supo que lo había arruinado, era su primera experiencia en el
amor… y lo había arruinado… Mientras se percataba de lo que le ocurría… un
chico mayor le confiesa sus sentimientos por ella, pero su respuesta era
simple…
− Yo, no
puedo aceptar porque… no te conozco ¿cómo te puedes enamorar de alguien sólo
por su apariencia? Además… tú tienes doce años y yo sólo diez… además, hay
alguien que me gusta, perdón. – lo rechazó con delicadeza y el chico jamás
discutió aquello, y ambos siguieron con su vida.
Después de
aquellas duras palabras de parte de Shida, Naara no se acercaba más a él… lo
evitaba a toda costa, esas duras palabras resonaban en su mente cada vez que lo
veía… poco a poco su relación sólo retrocedió… ellos… nuevamente se habían
dejado de hablar completamente salvo cuando estaban con sus padres, un simple
saludo era suficiente, esto duro un año y unos dos meses… cuando cierto rumor le
haría ver que el tiempo curaba “casi” todo. Ambos seguíamos en la misma clase,
después de receso comenzó un rumor que muchas chicas murmuraban con odio y
cizaña…
− ¿Supieron
lo que pasó? Todos hablan sobre eso… − murmuró una de ellas.
− Si ¿cómo
es posible algo así? ¡No lo puedo creer!
− Lo sé, alguien
como Shida tan guapo, atlético, líder y rebelde ¿puede estar con alguien tan
fea, gorda y además de tan mal carácter? – comentó otra de ellas. De inmediato
me exalté ¿estar? ¿A qué se refieren? Traté de ignorar aquello pero la duda me
comía viva, antes de que fuese yo la entrometida en la conversación fueron
ellas quienes decidieron incluirme.
− Ustedes
han sido conocidos desde los seis ¿cierto, Naara? Dinos… ¿alguien como Shida
estaría de verdad con alguien como Mai de la clase “C”? – al escuchar su nombre
me estremecí ¿Cómo? La niña de la que hablaban tenía el mismo nombre que Naara
Mai una cruel ironía, su segundo nombre de hecho pero era igual de único en aquel
lugar, o eso creía sus padres tenían la afición de darles nombres únicos a sus
hijos pero este era el acontecimiento más raro Mai no era un nombre muy común
menos en este país.
− Si somos
viejos conocidos pero ustedes saben que nunca fuimos muy unidos… − respondió.
− Si, pero de
TODAS las niñas de la escuela eras la ÚNICA a la que le hablaba más allá de un
saludo… por eso todas siempre pensamos que tenían una relación especial además
de ser viejos conocidos… − ¡¿Qué?! ¡¿Cómo podían creer algo así?! Ellas sí que
estaban zafadas, pero era entendible desde que él llegó todas las niñas estaban
locas, chifladas, zafadas por completo. Shida… desde que Naara tenía uso de
razón de éste siempre tenía… un CLUB DE
FANS. Sí, es algo completamente ridículo… más aún en la sociedad de un país
como en el que crecían, alguien que no sea un cantante, miembro de algún grupo
de música, actor, o simplemente alguien que no fuese FAMOSO en aquel PAÍS
tuviera algo como CLUB DE FANS. ¬¬
− ¡Cómo
creen! ¡ESO JAMÁS PASARÍA! Shida… es… extraño y no tenemos ese tipo de
relación… de hecho…. Ahora menos…
− Mmm… ¿Pasó
algo entre ustedes? Desde hace mucho tiempo de pronto dejaron de hablarse, de
verse, ni siquiera se acercaban el uno al otro…
− Es
complicado… sólo dejémoslo así, pero ¿Qué es lo que ocurre para que me
pregunten eso?
− Bueno la
cosa es que en receso una chica lo escuchó confesándosele a esa niña, la fea,
gorda y con pésima personalidad, al comienzo nadie lo creía pero todos los
vimos tomados de la mano. Así que ella es OFICIALMENTE su NOVIA. – al
escucharlas decir aquello Naara solo espero a lo que creyó su corazón dolería…
pero no fue así, extrañamente se sentía normal ella… ya no sentía nada… por él,
debió haberse dado cuenta cuando dejó de pensar en él y todo lo relacionado a
él desapareció de su mente.
− Ya veo…
− ¿Qué
sucede? ¿No te molesta? ¿Cómo alguien como ella puede haber conquistado a Shida
alguien tan indiferente con todas las niñas a su alrededor?
− En
realidad…. NO ME IMPORTA. – respondió de inmediato sin duda alguna, con esa
sensación de bienestar… su herida… había sido curada por el tiempo y no se
molestó en absoluto su relación con aquella otra niña. A muchas niñas les había
comenzado a importar eso del noviazgo, amor, el gustar, y en fin… el sexo opuesto,
pero Naara siempre se sintió diferente… jamás se había enamorado y cuando lo hizo
no sabía que pasaba o de que trataba, ni siquiera sabía que era aquello llamado
amor, un amor infantil, de niña… ella lo había entendido… − Las chicas la observaron
desconcertadas como pensando “ERES TAN RARA”. Disfrutó de sus amigas y amigos
en ese entonces ella no pensaba en nada más, seguía siendo tan niña… y eso le
encantaba… mientras todos y todas desesperadamente buscaban una relación
amorosa la misma Naara les ayudaba, jamás se involucró en estar con alguien… no
aún. Quería que sucediera naturalmente porque… a eso se le llamaba enamorarse
¿no? Algo que ocurre sin que lo esperes… que sea toda una sorpresa.
Al poco tiempo su familia recibió una invitación
era… la fiesta del cumpleaños de la hermana menor de el tonto de Shida, cuando sus
padres me lo comunicaron la niña solo
pensaba… “NO QUIERO VERLO” realmente no quería verlo, no porque aún doliera…
como dijo anteriormente él ya no era alguien importante para ella pero de
alguna forma él… simplemente no le agradaba ni siquiera como para verle la
cara. Al final tuvo que resignarse a ir, aun cuando me negara era una fiesta
por compromiso, su madre la vistió con un hermoso vestido casual blanco era uno
de sus favoritos, recogió su largo cabello negro y lo onduló. En el lugar había
una gran cantidad de niños pero eso no le preocupaba siempre fue buena
llevándose con todo tipo de niños. Comenzaron por la comida que dieron en la
fiesta sólo quería terminar con esto olvidar que alguien como Shida podría
estar por ahí y simplemente disfrutar el momento. Mientras comía junto a sus
padres y adultos alrededor la gente comentaba.
− ¿Ella es
su hija?
− Sí así es,
ella es Naara.
− Está tan
grande la conocí cuando era sólo una bebé, felicidades tienen a una niña
preciosa.
− Gracias,
ella es nuestro pequeño orgullo.
− Es un
placer, soy Naara Mai Raynor – Saludé cordialmente.
− Es todo un
encanto, mucho gusto pequeña. – Mientras esta señora saludaba del otro lado de
la mesa justo frente a ella sentía como si la observaran, como si fuese un
reflejo dirigió su mirada sobre el hombro de la señora… Shida. Ese tipo, la
observó unos instantes y regresó a lo suyo, no quería ni verlo pero era algo
imposible no hacerlo era la fiesta de su hermana menor después de todo, y aunque
alcanzó a verlo observándola decidió solo ignorarlo. Después de la comida
continuó con la piñata, probablemente la mejor experiencia para un niño después
de los juegos… recoger el mayor número de dulces posibles, al poco tiempo Naara
se había convertido en la misma niña despreocupada que era antes de conocer a
Shida, en todo el rato de la fiesta jamás se dirigieron la palabra y Naara
creía que realmente que había sido lo mejor, después de aquello, aunque los
juegos entre todos los niños estaba por comenzar sus padres y Naara tenían otros
compromisos así que tuvo que despedirse con anticipación. Mientras sus padres y
la misma Naara se alejaban del lugar de la fiesta dirigiéndose hacia el auto,
estacionado colina arriba la pequeña niña sintió nuevamente una mirada y cuando
instintivamente su mirada comenzó la búsqueda al regresar la mirada hacia sus espaldas…
era ese niño tonto de Shida, quien la observaba con desdén, curioso y
pensativo, una mirada que jamás le había visto dirigirle, ambos se sostuvieron
la mirada, era una comunicación bastante dispareja, mientras que en la mirada
de Shida éste se mostraba extrañado, la de la pequeña Naara mostraba
superación, entre sus profundos pensamientos repetía una y otra vez mientras lo
observaba con orgullo “te he superado, puedes seguir con lo tuyo” parecía que
aquel niño tan lleno de seguridad había flaqueado, como si la misma niña se lo
hubiese dicho de frente, fuerte y claro. Le devolvió una mirada atónito,
comprendiendo el mensaje de inmediato y la pequeña se marchó sin regresar la
mirada nunca más. Sabía que por fin había marcado la raya… entre una posible
amistad y algo más allá en el futuro y él lo había entendido, pero lo que la
pequeña Naara subestimaba era el increíble poder de las hormonas trabajando a
todo vapor en el momento más dramático para los jóvenes.
Algunos
meses después, Shida seguía en la relación con aquella otra niña, se les veía
bien, se veían enamorados aunque aún quedaba cierto rencor en la dulce Naara la
cual decidió no hablarle en lo absoluto, podían haber pasado años y el orgullo
de Naara seguiría intacto y por supuesto menos aún si era tan pequeña e
inexperta. Sin embargo, si de alguna manera las cosas se daban cuando debían
ser, ella solo se dejaba llevar por la corriente, en realidad su orgullo era
grande pero algo distraída en ocasiones terminaba olvidándolo. Sin embargo,
para sorpresa de Naara, el chico se había decidido y nunca pensó que sus
problemas comenzarían cuando el chico finalmente perdió el miedo y decidió
arriesgarse con todo lo que tenía. Era un día común después de clases… mientras
Naara y sus amigas esperaban impacientes por sus respectivos padres después de
clases, sus amigas decidieron ir a comprar unos helados que solían venderse frente a la
escuela en un carrito al otro lado de la calle, sin embargo Naara no parecía
estar de antojo por helados así que simplemente decidió esperar por sus padres
mientras las demás platicaban con otros amigos de diferentes salones que se
encontraban esperando lo mismo que ellas. Entonces repentinamente alguien
decidió hacerle un poco de compañía al encontrarla sola sentada en aquella
barda, aun así no se sentó a su lado, decidió ser más directo y se colocó
frente a Naara para asegurarse de que lo observaba, la pequeña levantó su
rostro con pereza, no tenía ánimo para conocer gente nueva, pero no era alguien
precisamente nuevo.
− ¿Puedo
sentarme aquí? – preguntó Shida mientras señalaba el lugar vacío junto a ella
en aquella barda.
− Como
quieras, la barda es pública. – respondió con sarcasmo, el rencor no se iba y
no quería ser ella la que se convirtiera en una molestia de nuevo.
− Hace mucho
que no hablamos… ¿supiste que ando con Mai?
− Es lógico
estamos en la misma escuela y en la misma clase – respondió sin ganas a tan
obvias respuestas.
− ¿Sabes? Lo
que me encanta de ella es…. (bla, bla, bla, bla………..) −
¿Qué podía decir? Comenzó a decir tontería y media ¿de qué le veía cara? ¿De su terapeuta?
¿Su psicóloga? ¿Su doctora corazón? Él es tan… EXTRAÑO… ¿qué demonios le vio?
Ya no lograba ver lo que a las demás las tenía cautivadas. Aunque había una
cosa que ella no podía negar que admiraba de él, era la edición limitada de
chico que no le importaba lo que los demás pensaran en absoluto ¿si su novia
era gorda? Eso no le valía un comino ¿si la consideraban fea? Menos ¿si para
los demás ella tenía una personalidad tan molesta? A él le encantaba y sólo eso
le importaba, hacía lo que sentía en ese momento era como un instinto y jamás
veía las consecuencias de ello.
− Mmm… y a
todo esto… ¿Por qué me lo platicas a mí? ¿Tengo cara de ser doctora corazón?
¿Por qué no se lo dices a ella directamente? Ella es TÚ NOVIA. – respondió
finalmente molesta ¿Qué le sucede? No le hablaba desde hace un año entero y
ahora de pronto… ¿era su consejera? Había algo que tenía muy claro… él NO LE
AGRADABA en lo absoluto, ya NO MÁS. – éste la miró lleno de sorpresa y sin
poder articular palabra y entonces llegaron por ella, tomó sus cosas y se
marchó.

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