I n j u r i a
Chihaya…
La dimensión inconditus, la más dañada y horrible del universo… las almas más sucias y podridas se encontraban en este lugar, el hogar de los monstruos de la humanidad y los monstruos sobrenaturales. Este era mi hogar, lo quisiera o no pues no era una decisión llegar a este lugar sino tu destino, lo cierto es que no tengo recuerdo alguno de las acciones que me hicieron llegar hasta este lugar, pero no tenía pendiente en recordar simplemente debía conformarme, Enzi lo mencionó a mí y a los infernos “Haremos de todas las dimensiones una sola y seremos quienes gobiernen, nadie más deberá sufrir en la oscuridad ni sentirse hambriento o sediento”. El plan de Enzi era acabar con los líderes Astrales, conocidos por ser aliados del Señor del Universo y una vez aquello asesinaría a todos los que se opusieran a él.
La dimensión inconditus era el lugar más sombrío, Enzi mencionó que cuando llegué a este lugar yo había sido una más de las víctimas de los Líderes Astrales, no querían lidiar con mi alma y le temían así que simplemente me mandaron a inconditus, Enzi me encontró y me dio refugio en un castillo que él mismo había mandado construir en la más engañosa dimensión, todos en esta dimensión lo respetan por sus poderes, determinación y la promesa que les hizo los convenció haciéndolos pensar que les daría la salvación. En poco tiempo obtuvo el control de cada alma desaventurada especialmente a las más poderosas en ese momento. Lo primero que recuerdo de éste lugar… fue el rostro de Enzi junto a un ángelus llamado Ian, ambos me miraron uno con sorpresa y otro con una sonrisa. Enzi e Ian era todo lo que tenía, me dieron hogar en el castillo de la dimensión inconditus, de no haber sido por ellos probablemente mi alma no lo hubiese soportado, en ésta dimensión si no eras lo suficientemente cruel como para devorar a cualquier otra alma serías tú la que terminaría devorada. Ambos me propusieron unirme a su plan, en el cual según ellos yo los llevaría a la victoria, en su forma de verlo yo sería la parte más importante, no dude ni un segundo, eran mis salvadores ¿cómo negarles mi ayuda?
– Querida Chihaya, ven un momento – me llamó Enzi – Quiero que conozcas al que será nuestro aliado y compañero en esta travesía – mencionó con una sonrisa enorme en su rostro, Ian se mostraba alegre al igual que Enzi y cuando finalmente me acerqué lo suficiente, podía observar a un ser enorme que rebasaba la altura de Enzi, su piel era pálida como lo eran casi todas las almas de este lugar… pero podías darte cuenta de lo fuerte que era no solo por su basta musculatura corporal sino por aquella energía astral con la que podía hacerte sentir que perdías el oxígeno para respirar, era un aura tenebrosa y llena de desconfianza y su mirada podía asegurártelo, unos ojos de una tonalidad carmesí que te helaban te hacían mantenerte alerta en todo momento, el instinto me decía que huyera pero mi mente decía que era mi aliado. – Él es Barak, solía ser un hedido que luego logró convertirse por sí mismo en un incarnate y finalmente yo mismo lo he vuelto un INFERNO. Me ha jurado lealtad a mí y a todos mis aliados para nuestro cometido – Posteriormente Enzi se dirigió a Barak.
– Barak, ella es Chihaya la primer incarnate que encontré al llegar aquí, es mi aliada más leal y preciada, espero se lleven bien, Chihaya es la miembro más importante en nuestra alianza Barak así que antes de juzgarla será mejor que pienses bien en cómo tratarla – respondió Enzi con un porte serio y con la mirada fija en Barak – éste lo miró un poco extrañado y asintió. Dirigió su mirada a mí, se puso en cuclillas hasta llegar lo más abajo posible y estar a mi altura.
– Es un placer, Barak O Quinto INFERNO. – Se presentó con una voz masculina profunda y fuerte.
– Un placer, Barak. Chihaya… – aquella fue mi primera experiencia con el término INFERNO, seres creados por Enzi, para su propia conveniencia en las batallas que se suscitarían, seres tan poderosos que podrían incluso hacerle frente al mismo Enzi. Aquel, el quinto INFERNO.
Barak era un ser increíblemente poderoso y aunque me atemorizaba debido a aquello, podía ver que éste demostraba fuerza y lealtad a Enzi, pero sentía una enorme tristeza en él, su mirada dura podía tornarse en una cálida cuando se encontraba solo, nunca vi a un inferno en acción en batalla y desconocía como era que Enzi les colocaba el orden numérico, si era según su fuerza o en qué se basaba, Barak y yo no éramos precisamente los mejores amigos pero no éramos del todo indiferentes nos apoyábamos en lo que nos era posible y todo estuvo perfectamente bien hasta que un día Enzi nos llamó a ambos.
– Chihaya, Barak, acérquense tenemos un nuevo aliado y deseo presentárselos, éste es Sirhan O Terceiro, el Tercer INFERNO. – lo presentó Enzi, cuando nos aproximábamos Barak fue el primero en detenerse, podíamos sentir su aura, cada vez era más poderoso e incluso más sofocante que el del mismo Barak, pero entonces continuó por delante de mí, como pensando en enfrentarse a Sirhan de ser un peligro. Tenía una apariencia mucho más joven de lo que Barak lucía, era delgado, musculoso y nuevamente piel pálida, su cabello era un embrollo recogido en picos, tenía cicatrices por doquier a excepción del rostro, por el cual se asomaban unos ojos lapislázuli, tan penetrantes que podías perderte en ellos. Cuando su mirada se encontró con la mía, este inmediatamente se sorprendió y le devolvió a Enzi una mirada incrédula y Enzi simplemente asintió.
– ¡Hmph! Creo que eso es todo ¿No, Enzi? – respondió altaneramente, nos recorrió a Barak y a mí con la mirada llena de desprecio y simplemente se marchó, tenía una personalidad muy engreída sin mencionar lo competitivo que era respecto a las peleas, estaba acostumbrado a ser siempre el mejor, supuse que se encontraba molesto por haber sido nombrado el tercero de los INFERNOS y no el primero. Por mucho tiempo solo estuvimos los tres, sin embargo Sirhan siempre se mantenía apartado. Y entonces conocimos a dos más.
– Ellos son… Vay, Quarto y Thabo, Sétimo. – Vay, era una chica finalmente otra chica más en esta prisión llena de hombres monstruosos, era de una belleza increíble. Su hermoso cabello pelirrojo acompañado de ondas la adornaba hasta el hombro y sus ojos verde esmeralda hacían juego perfectamente. Su mirada era seria e indiferente y Thabo, el séptimo… era el ser más grande que había visto, era de contextura gruesa y grande, sus músculos eran enormes a comparación de Barak, su piel era muy obscura algo que era casi imposible de ver en inconditus, carecía de cabello y en su lugar tenía un tatuaje, su mirada también era única… desde el rojo sangre de Barak, el penetrante lapislázuli de Sirhan y el espeluznante esmeralda de Vay, Thabo poseía unos ojos que competían con el oro, un ámbar impresionante. En el momento en que se presentaron, Barak y yo así lo hicimos en cambio Sirhan solo respondió…
– ¡Hmph! El cuarto y el séptimo… Enzi, deberías dejar de traer debiluchos y traerme de una vez al primero y segundo – respondió engreído y en cuestión de segundos ambos infernos lo tenían inmovilizado, Vay lo había atravesado con su mano la garganta, la cual se había vuelto de pronto un poderoso cuchillo. Thabo, le había roto la cadera con sus propias manos y éste solo gritó de dolor.
– No deberías menospreciarlos Sirhan… el número que les he asignado no es según su nacimiento, es según sus fortalezas… y el número uno no siempre es precisamente el más fuerte… – contraatacó Enzi, fue entonces que Sirhan tuvo que tragarse sus palabras. – Vay… Thabo, déjenlo ir… creo que aprendió la lección… – ordenó. Sirhan estaba furioso, sus heridas eran algo graves pero Enzi jamás le ayudó en absoluto. – Andando, que tengo que mostrarles los últimos acontecimientos – Sirhan estaba tirado en el piso inmóvil, no pude ignorarlo simplemente decidí ocuparme por esta única ocasión. Los demás siguieron a Enzi sin preocupación alguna, mientras ellos se adelantaron decidí hacerme cargo de Sirhan.
Pasó mucho tiempo más antes de que dos más se nos unieran.
– Finalmente… Zephir, o segundo[1] y Amiri, el sexto. No desesperen, sé que esperaban por el primero, pero éste… vendrá hasta que yo mismo lo ordene en su momento. – dictaminó. Cada vez que algún inferno con número más reducido aparecía, alteraba por mucho a los demás, también podía sentirlo, Zephir era definitivamente o segundo, podías sentir un poder sofocante que te podía impedir respirar y el instinto nos decía que no podíamos parpadear o si quiera darle la espalda, así de macabro era su poder. Amiri, era tan delgado como Zephir pero aún era algo bajo que éste último, su cabello castaño lucía con aquellos ojos verdosos tan gélidos que en ocasiones te podías preguntar si realmente tenía vida. La apariencia de Amiri, hacía referencia a un chico allegado a mi edad, Zephir en cambio lucía aún mayor pero no más de veintitantos. Éste cargaba con unos ojos lapislázuli y cabellera negra. – Por el momento… Les presento al resto de sus compañeros, INFERNOS.

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