La Llegada Del demonio
Noche
de tormenta, Tokio, Japón.
Casa de la Familia Armstrong (5:40am.)
Desperté desconcertada y confusa. Truenos y relámpagos me regresaron a la realidad sorpresivamente, parpadeé tratando de deshacerme de las lagañas y los ojos consumidos aún soñolientos. ¿Qué paso? − me pregunté. Intenté divisar entre la oscura noche que cubría mi alrededor y la hermosa luna creciente que iluminaba desde la ventana de mi habitación y logré divisar a mi padre recostado a un costado de mi cama, completamente dormido y aún con su traje que siempre usaba para ir al trabajo. Me encontraba perturbada, me dolía la cabeza y me sentía horrible; la cabeza me punzaba, mi cuerpo entero temblaba de frío y de cierto escalofrío desconocido. Acaricié el cabello negro, fino y ondulado de mi padre quien yacía dormido a mi lado velando por mí. Mi padre Charles, siempre había cuidado de mí con gran cariño; aún después del abandono de mi madre, mi padre siempre se mantuvo firme y siempre vio para delante y con la cabeza en alto, realmente me impresionaba su gran determinación y le admiraba por ser un padre tan responsable y cariñoso, desde que mi hermana gemela menor Emma, había fallecido debido a una agresiva y mortal leucemia a la corta edad de seis años en nuestra antigua casa en París, mi madre tuvo un colapso nervioso después de su muerte y con ello una enorme depresión debido a su pérdida, durante aquellos tiempos tan duros en los que Emma luchaba por su vida y yo como su hermana mayor a mi corta edad de seis años entendía que podría perder a mi preciada hermana por lo que rezaba todos los días antes de dormir a los dioses pero fue entonces cuando mi hermana estaba al borde de la misma muerte que decidí salir de mi casa sin permiso de nadie y resé toda la noche en una iglesia cercana a los dioses con la mayor de las esperanzas pero sin darme cuenta causé un problema mayor
Al despertar escuché mucho revuelo a mí
alrededor y cuando pude divisar me percaté que me cargaba una persona
desconocida, estaba aún algo soñolienta y entonces aquel señor avisó “¡La
encontramos!” cuando observé venir a mi padre hacia mí el cual me abrazó
cariñosamente y me decía lo preocupado que se había puesto al no descubrirme en
mi cama y entonces supe que me había quedado dormida en aquella iglesia sin
recordar que debía volver a casa. Cuando entonces observé acercarse a paso
veloz mi madre con cara llena de angustia y justo cuando creí que me consolaría
por haberme quedado dormida accidentalmente en aquella iglesia lo único que
hizo fue acercarse lo suficiente a mí.
− ¡¿Qué demonios es lo que pasa contigo
Angelina?! − dio un gritó ahogado. − ¡¿Cómo demonios se te ocurre irte a pasear
por ahí en medio de la madrugada cuando tu hermana se está muriendo?! − gruñó.
− ¡¿Porqué sólo piensas en ti?! ¡Eres una
desconsiderada! ¡Lo único que haces es darnos más problemas! − gritó y me dio
una gran bofetada en mi mejilla, lo suficiente como para hacerme llorar lo cual
jamás había hecho mi madre ponerme una mano encima.
− ¡Clare! ¡¿Qué demonios pasa contigo?! ¡LO
IMPORTANTE ES QUE ELLA ESTA BIEN! − contraatacó mi padre consolándome
tiernamente entre sus brazos mientras lloraba como nunca antes lo había hecho.
− ¡ESTA NIÑA SOLO NOS DA PROBLEMAS! ¡HASTA
CUANDO ENTENDERÁ QUE SU HERMANA NOS NECESITA AHORA! ¡NO QUIERO SABER DE ELLA! −
gruño sin piedad y se fue llorando desconsolada.
− ¡FUE UN ACCIDENTE! − me defendió, regresó
su mirada a mí y me preguntó − Angelina, hija dime, ¿Porqué viniste aquí en
medio de la noche y sola? No debiste hacerlo mi pequeña Angelina es peligroso
andar en las calles tu solita tan tarde en la noche.
− Es-Es que, escuché cuando papá di-jo que
teniendo fe y rezándole a los dioses co- con fervor podría hacer que Em-Emma se
curara y volvi- viera con nosotros y así mamá y papá volverían a ser fe-felices
− tartamudee y con las mejillas hechas un mar de lágrimas.
Mi padre me miró estupefacto, me miró
nuevamente con dulzura y sólo me abrazó tiernamente entre sus brazos diciendo −
OH, mi pequeña Angelina; viniste hasta esta iglesia en la madrugada para pedir
a los dioses por tu hermanita toda la noche tú sola. OH, mi pequeñita sabes que
no debes hacer que mamá y papá nos preocupemos por ti, de ahora en adelante
debes pedirnos permiso ¿bien? − asentí con lágrimas aún en mis mejillas y éste
me llevó abrazada hasta casa.
Desde
ese entonces, no me volví a salir sola de casa y continué rezando a los dioses
cada noche, pero desde aquella vez de la iglesia mi madre no volvió a ser la
misma conmigo. Y fue peor cuando Emma no resistió el tratamiento y una noche
colapsó. Recuerdo que aquella noche mi padre llamó a Celeste, mi nana
informándole lo ocurrido sin percatarse de mi presencia y al escuchar como los
ojos de mi nana comenzaron a llenarse de lágrimas me preocupé y cuando ella
colgó me acerqué a ella por detrás.
− Nana ¿qué pasa? ¿Por qué lloras? ¿Sabes?
Si lloras yo también me pongo triste. Si Emma te ve así cuando regrese también
se pondrá triste. ¿Sabes? La última vez que hablé con ella me prometió que
jugaríamos a la fiesta de té y que se encontraría mucho mejor − dije sonriendo.
Celeste tomó mi pequeño y frágil cuerpo de
seis años y se desbordo en lágrimas sin decirme lo ocurrido hasta que se
tranquilizó y me contó lo sucedido. Cuando lo escuché no quise creerlo, ella
era mi todo, ella era mi compañera, mi cómplice, mi confidente de aventuras y
travesuras; nacimos y crecimos juntas, no podía creer que me hubiese dejado
completamente sola. Incluso yo, me deprimí más cada vez que intentábamos
retomar nuestra vida normal de nuevo siempre había algo que me recordaba a ella
y poco a poco comencé a ser yo la enferma debido a mi depresión y soledad sin
mencionar los constantes comentarios crueles de mi madre los cuales me hacían
sentir aún peor y un día colapsé. Cuando desperté me encontraba en el hospital
y con mi padre a un costado mío justo como en este momento pero incluso en
aquella ocasión solo estaba él y al preguntar por mi madre lo único que dijo
fue “se fue, ella ya no pudo más”. Al escuchar aquello me sentía cada vez más
sola y entonces… empeoré. Cuando el doctor presentó el diagnóstico indicó “depresión infantil”.
− ¡¿Qué?! ¡Pero si sólo es una niña! ¡Esto
no puede ser! − Y se rompió en llanto − acabo de perder a mi otra hija y a mi
esposa y… ahora ella ¡doctor ella estará bien! ¡¿Verdad?! − exigió con voz
ahogada.
− Me temo que es incierto, al parecer como
me ha contado el hecho de haber perdido a su hermana gemela a quien era
sumamente apegada y al constante rechazo de su madre la ha hecho caer en
depresión y por lo visto usted trabaja casi todo el día. Me temo que si ella se
sigue negando a seguir con una vida normal y resignarse a la muerte de su
hermana y la partida de su madre ella pueda morir de depresión, créame que no
es el primer caso de depresión infantil que veo y no muchos logran vivir. Le
recomiendo que se mude para que deje de tener crueles recuerdos en aquella casa
y comience a olvidar lo sucedido anteriormente e inicie una nueva vida, además
de tener más tiempo para su única hija porque ahora lo necesita más que nunca −
recetó el doctor.
Así, fue como terminé llegando a Tokio,
Japón. Donde volvería a tener una vida normal, pacífica y sobretodo una nueva
vida. Después de un año me recuperé de aquella depresión y decidí vivir por Emma
una vida feliz que ella ya no podría disfrutar. Al paso del tiempo cuando me
volví lo suficientemente madura mi padre me contó que si mi madre decidió irse
y divorciarse e incluso alejarse de mí no era porque no me amara, sino porque
tenía miedo de seguirme haciendo más daño con su propio sufrimiento, ella no se
podía recuperar de la perdida de Emma y como aquella noche en que desaparecí a
la siguiente fue la muerte de Emma, ella sentía que yo la había alejado de Emma
cuando ella más los necesitaba comenzó a atacarme y rechazarme como hija. Que
por eso, ella ya no quería hacerle daño a la única hija que le quedaba y así mi
padre y ella decidieron separarse, quedándome con mi padre y alejándome de mi
ciudad natal París, Francia. Pero aún cuando me rechazaba, me ignoraba o
incluso sentía su odio, jamás la juzgué pero sobretodo me sentí mejor cuando mi
padre me contó aquella parte que sintió mi madre cuando colapsé, porque
entonces ya no me sentía la hija rechazada sino mejor dicho que al menos una
parte de mi madre pensaba en mí bien y comprendí su partida. Desde aquella
ocasión decidí vivir por Emma y por mi madre donde quiera que se encontrara
pero desde entonces… no volví a creer
ni a rezar en los dioses.
Mi
padre se ha preocupado mucho por mí desde aquel entonces que incluso yo, estuve
a punto de morir y he llegado a ser muy enfermiza siempre mi querido padre ha
estado ahí para mí por eso siempre al enfermarme pienso en el y me juro a mi
misma esforzarme por recuperarme lo más pronto posible. Recodando todo lo que
vivimos juntos entiendo lo mucho que se ha de haber preocupado, así que le
coloqué una almohada y lo cubrí con una sábana, al momento en el que yo sentí
el instinto de observar la luna algo oculta por la tormenta, tal vez era
extraño pero desde que aprendí a gatear jamás podía dormir una noche sin ver al
cielo y encontrarme con la hermosa luna y me quedaba horas observando tal
belleza.
Al otro lado del mundo
Washington, usa (450 años atrás)
Mis agudos oídos
escuchaban cada gota resonando en una ventana cercana a mí y mi cuerpo se estremecía
al resonar de cada relámpago rompiendo el silencio, hasta ese momento inconsciente,
sin duda se trataba de una fuerte tormenta, lentamente me forcé a levantar mis párpados
caídos e inertes que me impedían intentar volver a la consciencia.
− Padre ¿se encuentra bien? − pregunto una
voz extrañamente familiar. Logré abrir
lentamente mis párpados y miré con calma a mí alrededor.
− ¿Dónde estoy? − me pregunté − ¿Qué me
ocurrió? − me volví a preguntar.
− Lo siento padre pero eso ni siquiera yo
lo entiendo, también yo cuando desperté me di cuenta que no estabas y cuando
pregunte, simplemente me dijo que me llevaría contigo y cuando desperté te
encontré en esta enorme mansión sobre esta cama pero además de eso no tengo
idea de lo que ocurrió. − Se lamentó mi hijo Fenrir.
Me enderecé en la cama y enseguida noté
algo extraño en mi cuerpo, me preocupo enseguida y corrí al primer espejo que
tuve por delante.
− ¡¿Pero qué es esto?! ¡¿Qué demonios me
ocurrió?! ¡¿Por qué tengo esta forma?! − grité sorprendido.
− Eso tampoco lo sé, al principio creí que
estaba en el lugar equivocado y la persona equivocada pero cuando te olí me
percate que sin duda eras tú padre. − afirmó Fenrir.
Me miré directo al espejo y observé cuanto
había cambiado mi cuerpo. Mi cabello… y mis ojos ¿Qué demonios? Y no solo eso…
¡¿Qué es esto?!
− ¡¿Cómo fue que esto ocurrió?! Debo volver
y averiguar que fue lo que ocurrió y ver que puedo hacer.
De inmediato hice lo necesario para
averiguar como volver a donde pertenecía y sobretodo averiguar que era lo que
había ocurrido y porque no tengo recuerdo alguno desde ya hace demasiado tiempo
cuando logré el contacto deseado.
− Tengo entendido que tu le dijiste a
Fenrir donde encontrarme ¿cómo es que terminé aquí? Y ¿Cómo es que termine de
esta forma? Debo volver tengo asuntos pendientes ¿puedes decirme como volver? −
pregunté desesperado.
− ¡¿Volver?! No hay forma de que vuelvas
porque en Asgard no hay lugar para ti. − impuso con voz estricta e imponente.
− ¡¿De qué estas hablando? ¡No recuerdo como
fue que llegué aquí! ¡¿Es que acaso esto fue obra tuya?! − pregunté con
desesperación.
− Así es. Yo fui quien te ha desterrado y
ahí te quedarás por lo que resta de tu vida inmortal − declaró.
− ¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! ¿Es que hice algo que
te molestara? ¡DÍMELO! ¡¿Qué fue lo que hice tan malo como para condenarme a
esta vida?!
− Así es. Y este es el castigo que te he
impuesto fin de la discusión − y así desapareció sin explicación alguna a mi
situación.
Después de una enorme pausa de silencio en
aquella enorme mansión me dispuse a hablar después de la grande discusión.
− Si eso es lo que quieres… no lo lograrás
por que yo… regresaré, definitivamente regresaré, aunque deba permanecer aquí al
menos un tiempo. Creo que debo divertirme aunque sea un poco… − dije
sigilosamente y con algo en mente.
Fenrir me miró extrañado al tiempo de que
su hermano Sebastian.
Actualmente
Una semana después…
6:30a.m. Angelina
Me encontraba en
patines yendo directo en camino para ir a la escuela mientras pasaba una a una
las calles de camino algo me mantenía pensativa “la noche pasada fue extraña” y
me seguía preguntando y pensando en que era lo que me había ocurrido la noche
anterior pero decidí olvidarlo y seguir con mi vida matutina, cuando a lo lejos
divisé a alguien, se trataba de Chris el chico que había conocido varios meses
atrás. Chris Hamilton era un chico dulce, amable y sincero pero sobre todo
siempre era líder, era el tipo de chico que defendía a los que más lo
necesitaban, era el capitán de futbol de su escuela y un chico bastante popular
entre las personas debido a su gran personalidad. Desde hace ya un mes después
de que me lo habían presentado y más aún meses antes ya había estado
observándolo, observando aquellos ojos llenos de gentileza, aquella sonrisa
llena de vida y aquel hermoso rostro lleno de un aura amistosa y una mente
abierta. Era el chico que realmente destacaba entre todos, el chico que aún
cuando su peor enemigo se encontrara en problemas éste acudía sin rencores y sin
dar nada a cambio.
Chris se había
portado muy amable desde el momento en que nos conocimos, pero eso no era nada
inusual así era él, ese era el Chris del que me había enamorado, el primer
chico del que me sentí realmente enamorada; mi primer amor. Lentamente
me acerqué patinando hacia aquella esquina en la que yacía inmóvil como si
esperase a alguien, sentía como al ir avanzando el tiempo se volvía cada vez
más lento al ir acercándome, aunque no tenía idea de lo que pensara de mí si me
vería como una amiga como a cualquier otra, si simplemente me miraba como a una
simple conocida o compañera pero lo cierto era que nada de eso me importaba
para mí el seguía siendo la persona más preciada para mí aún cuando éste no me
viera igual deseaba cuidarle y protegerle, sin mencionar la mirada ilusa y
tonta enamorada con que lo miraba.
Al pasar por detrás de donde éste se encontraba a
una velocidad algo apresurada pase simulando no conocerlo, aunque nos habían
presentado hace ya algunos meses por amigos comunes parecía ser que no tenía la
intención de hablarme, después de todo yo no era la única a la que le encantaba
estar cerca de él, tenía a mucha gente que le conocía, que le admiraba, que
adoraba hablar y estar con él. Jamás lo juzgué, sabía que no debía ser egoísta,
sabía que sólo sería una conocida para él, no por que no tuviera suficiente
confianza sino porque realmente no me importaba si hablaba conmigo o no,
simplemente quería cuidarle aún cuando no supiese de mí y sin meterme en su
vida. Así que en cuanto me acercaba a él trataba simplemente de cuidarlo en
silencio, así fue como pasé patinando lo mejor y más tranquila que pude para
fingir no saber de quien se trataba y fue así como seguí mí camino sin voltear
atrás.
Momentos antes…
Chris Hamilton
Últimamente desde que supe que aquella persona
siempre pasaba a unas cuantas cuadras cercanas a mi casa en su trayecto al
colegio se me había hecho el hábito de pararme frente a la calle por donde
solía pasar en el trayecto a su colegio, extrañamente no me había topado con
ella después de esperar sigilosamente que pasara frente a la calle por donde
había escuchado que siempre pasaba aún después de esperar ahí por una semana
entera cuando sorpresivamente sentí una gran ráfaga de viento pasando detrás de
mí y sentí claramente como mi corazón se estremeció de inmediato, como en
aquellas ocasiones anteriores. Y fue como entonces se me cumplió volver a
verla, aunque sólo logré verla de espaldas iba bastante apresurada pero para mí
era como verla en cámara lenta y después verla alejarse y perderse entre los
edificios no pude evitar sonreír como un enamorado completamente atontado,
siempre tenía tiempo de ir directo a mi colegio algo lejano al de ella pero
aquel día ella me alegro por completo mi día.
Desde hace ya varios meses había estado observando
a aquella chica quien realmente frente a mí y varios chicos ella lograba
destacar entre tantas chicas, su actitud siempre positiva, alegre y llena de
vida era lo que veía en ella pero sin darme cuenta comencé a observarla en silencio
sin poder quitarle la vista de encima, le conocí por primera vez cuando dieron
comienzo las clases un día casual llegando tarde a la ceremonia de apertura de
su colegio aunque sólo paso frente a mí de alguna forma llamó mi atención aunque
al principio siempre la observé como una chica cualquiera pero cuando conocí su
actitud positiva a pesar de todo, siendo tan buena con sus amigas en especial
en los peores momentos sin duda era una chica que sabía ganarse el cariño de
los demás aún así sólo la admiraba pero cuando los chicos de mi escuela
comenzaron a hablar de lo agradable y linda que era debo admitir me sentí algo
incómodo. Con el tiempo su popularidad fue cada vez mayor e incluso mis amigos
más cercanos la conocían aunque fuese sólo de vista debo admitir que comenzaron
a despertar en mí cierta curiosidad e interés en ella. Después de tanto tiempo
de observación casualmente sus amigas y mis amigos nos topamos en la misma
cafetería y fue ahí cuando pude verla frente a frente por fin.
Aunque el gusto me duró muy poco pues justo cuando
estaban por presentarnos unas viejas amigas entraron a la misma cafetería e
interrumpieron, bloqueándola por completo fue fácil percibir que lo habían
hecho a propósito aunque creí que tal vez cuando nos viéramos en la calle me
reconocería y para entonces podríamos hablar libremente, pero al parecer no paso
como lo esperaba aún cuando me encontraba esperando por ella juntando el valor
para hablarle, ella parecía no recordarme, sin mencionar lo anonadado que me
había quedado. De alguna manera, siento la necesidad de acercarme cada vez más
a ella, de protegerla, conocerla, y del hecho de que todos se enteraran de que
estaba completamente atontado por el encanto de Angelina Windsor.

CONTINUARÁ....





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